Revista cubana Juventud Técnica

Ideas prácticas

ENLACES

PANORAMA

Ciclón Flora

Memorias del diluvio 

Con un saldo de más de un millar muertos y decenas de miles de damnificados, el meteoro, que asoló hace 45 años el Oriente de la Isla, constituye la segunda mayor catástrofe ocurrida en Cuba.

Por Yanel Blanco Miranda
Fotos: Cortesía de Bohemia
5 Noviembre, 2008


Ciclón FloraCon furia incontrolable los vientos desataron toda su ira sobre el Oriente de Cuba, allá por octubre de 1963. Ajeno a su bucólico y apacible nombre, el ciclón Flora atenazó el hocico del caimán para pasar a la historia como la segunda mayor catástrofe sufrida en la Isla. Con toda saña volcó sobre ella más de dos mil milímetros cúbicos de agua en solo cuatro días, dejando a su paso una estela de barro, dolor, y también no pocas grandezas de solidaridad y humanismo.

No tuvo Cuba un arca que evitara la muerte de las personas perecidas en el meteoro. Sin embargo, la voluntad de la joven Revolución de no dejar a nadie abandonado, en especial del entonces primer ministro, Fidel Castro, evitó que la riada terrosa provocada por las lluvias y los deslaves robara aún más vidas.

El ciclón Flora hizo de la región oriental su parque de juegos siniestros. Los daños que trajo consigo solo pueden ser comparados con los del huracán de Santa Cruz del Sur, en 1932 (afectó a Camagüey, Ciego de Ávila y Las Tunas), que ocasionó la muerte a más de tres mil personas.
 
Aunque los efectos del Flora comenzaron a sentirse desde el día tres de octubre no fue hasta el siguiente que el organismo pisó suelo cubano. Su singular trayectoria, en forma de lazo sobre las provincias de Las Tunas, Granma, Holguín y Camagüey, impidió que saliera de esa zona antes de descargar sobre ella, durante cuatro días, hasta el ocho de octubre, enormes volúmenes de precipitaciones.

Según el periódico holguinero Ahora, del día 20 de octubre de 1963, “los que salvaron sus vidas lo hicieron trepando a los techos de las casas, y cuando el agua superó el nivel de los mismos, algunos pudieron protegerse subiendo a los árboles”. Ser rescatados por helicópteros o anfibios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias era su única esperanza. Sin embargo, “muchos no pudieron resistir las corrientes y la falta de alimento y fueron arrastrados por las aguas”.

Ciclón Flora
Para Fidel, quien estuvo presente en las acciones de rescate, salvar la mayor cantidad de vidas humanas constituyó el principal objetivo.

Difícil fue también la situación para quienes arriesgaron sus vidas en el afán de rescatar a los cientos de personas que quedaron aisladas. Las intensas lluvias que desbordaron arroyos y ríos, y los deslaves provocados por estas, ponían en peligro toda maniobra de salvamento.

No obstante, se desarrolló una amplia labor de rescate, con Fidel al frente. Fueron utilizados embarcaciones anfibias y helicópteros, botes y caballos. Los pilotos trabajaron días y noches enteros en la búsqueda de personas que estuvieran refugiadas en los tejados de sus viviendas.

Horrendas fueron las escenas que quedaron recogidas para la historia. Cuerpos sin vida hallados en el fango después de haber sido arrastrados por el agua y familias enteras que lo perdieron todo.

“La gente vivió allí episodios que pertenecen a lo inimaginable”, señaló Fidel el 21 de octubre de 1963, al explicar por la radio y la televisión los daños ocasionados por el ciclón, un organismo de categoría tres en la escala Saffir-Simpson.

Trayectoria del ciclón Flora
Trayectoria del meteoro. Pasó por las hoy provincias de Las Tunas, Granma, Holguín y Camagüey.

Su poca velocidad de traslación, las vueltas que registró el ojo de la tormenta en su trayectoria sobre el territorio cubano y las descomunales precipitaciones, fueron las causas de tanto desastre.

¡Centinela, alerta!

Pero no solo brotaron infortunios de las aguas turbias. El suceso dio pie al perfeccionamiento de la Defensa Civil, órgano creado en julio de 1962 con el objetivo de proteger la vida humana y los recursos materiales en caso de catástrofes y agresión militar.

Mantener a la población bien informada, una de las limitantes que existía antes del Flora, está entre los frutos cosechados por la Defensa Civil, junto al Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología, que provee el basamento científico y de pronósticos.

Equipado con la tecnología necesaria, como máquinas, programas, redes y sistemas de fibra óptica, el Instituto de Meteorología, aún en complejas situaciones climáticas puede asegurar la recepción y transmisión de la información. 

Este centro cuenta además con 68 estaciones meteorológicas, ocho radares y una estación satelital de alta resolución, lo que permite tener al territorio cubano y a los mares adyacentes bien cubiertos. Con tal equipamiento es posible obtener los datos necesarios para conformar partes, estudios y pronósticos relacionados con el estado del tiempo.

Ciclón Flora
El ciclón Flora es considerada la segunda mayor catástrofe en daños humanos y materiales, después del huracán de 1932.

Los planes de acción de la Defensa Civil se sustentan en el conocimiento de las características puntuales del sistema meteorológico que afecte al país: depresión o tormenta tropical y huracán. Luego se ajustan las diferentes etapas (informativa, de alerta, de alarma y recuperativa) en dependencia de la intensidad de los vientos máximos y de las áreas de lluvia que acompañen al evento, de las características específicas del territorio amenazado (costa, llano, montañas o ríos) y del estado de las presas y el manto freático.

Entre las maniobras preventivas que se realizan están la evacuación de personas en zonas de riesgo y el resguardo de objetivos económicos, limpieza de cauces de ríos, tragantes y el alivio de las represas. Asimismo se protegen escuelas y hospitales.

Por sus características físico-geográficas, en Cuba los sistemas meteorológicos responsables de las mayores catástrofes son los ciclones y las tormentas locales severas.

Sin embargo, la Isla dispone de la metodología necesaria para evaluar riesgos de todo tipo. De ahí que desde 1963 el perfeccionamiento de la DC, sea uno de los eslabones fundamentales para evitar las pérdidas.

Tal fue el caso del huracán Wilma. Este organismo, categoría cinco en la escala Saffir-Simpson visitó suelo cubano en octubre del 2005. Y aunque causó inmensos daños materiales, no tuvo que lamentarse una sola muerte humana, como acaba de ocurrir también con Gustav.  

La reducción de desastres incluye un complejo de acciones de las cuales depende el resultado. Cuando todo el engranaje preventivo funciona no hay diluvio grande; el arca está lista para resguardar la vida. Frente a la fuerza de estos fenómenos la experiencia de más de 40 años ha permitido a los cubanos aprender a tomar providencias para impedir que desastres como el del Flora se repitan.

 

Subir


 

Cinco Héroes
 
JT 345
Portada impresa

Gazapos
Humor mutante
El tiempo hoy