Brigadas Técnicas Jveniles
¿Círculo o espiral? (I Parte)
Optimistas, inconformes, o escépticos, jóvenes científicos y tecnólogos cubanos debaten sobre el paso de un atleta decisivo en la carrera por el desarrollo del país. En el 45 aniversario de las BTJ, aires de celebración y controversia toman por asalto las páginas de JT.
Por Daymaris Martínez y Yanel Blanco
Fotos: Alexander Isla y cortesía del ICID
3 diciembre, 2009
Muchas veces creyó que la memoria es la genuina noción de la esperanza. Y otras tantas fue un héroe borgiano hastiado en el vórtice de su propio recuerdo.
Pero nunca le ha temido a la nostalgia. Más bien disfruta el sepia de esos rostros de archivo que le devuelven sobrio, desternillado, bohemio, o estoicamente flaco, como en aquella foto, el año de la X Exposición Forjadores del Futuro.
Aquel era un tiempo feliz, dice Pável Chaveli. Porque del letargo de un aula de Microbiología en la Universidad de La Habana, había saltado a unas Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) en pleno apogeo, para descubrir, de vuelta a su Camagüey natal, que el ingenio florece mejor sin amarras.
Entonces no tenía 33 años ni esta visión circular de las cosas: “Tal vez pasó el esplendor de las Brigadas, sin embargo, me resisto a pensar que hayamos agotado su sentido”.
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Velar por el dinámico potencial de la motivación en los jóvenes, no es asunto exclusivo de las Brigadas. El aporte de organismos y entidades estatales parece decisivo en ocasiones como la X Conferencia en la provincia La Habana,
suspendida en su primera convocatoria ante la ausencia de ministerios como el MES, el CITMA o el MINAG. |
Aún recuerda el momento en que empezó a preocuparse. “Fue cuando aquí, en el Instituto de Suelos, se hizo un crecimiento especial de jóvenes para el Partido. Que de un lado fortaleció
a esa organización, es cierto, pero del otro debilitó al bastión juvenil.
Porque, no es secreto, las BTJ marchan unidas a la vanguardia de la juventud. Sin esa fuerza de empuje, aquí llevamos años comenzando de cero”.
Mientras le escucha, María Magdalena Rodríguez, la presidenta en ese centro, parece asentir a cada verbo.
“La historia de este lugar no podríaescribirse sin mencionar el meritorio trabajo de las diferentes brigadas”, añade. “De hecho, en el 2002 fuimos condecorados como Colectivo Forjadores del Futuro. Después sí decayó el entusiasmo. Además, cada vez éramos menos”.
Casi simultáneamente, Harold Curiel contesta al teléfono. Y aunque más de 500 kilómetros median entre Camagüey y el Centro de Química Farmacéutica, en Ciudad de La Habana, su voz emite frecuencias de total sintonía: ¿BTJ? Nada más que en papeles... Y el silencio que sigue, se vuelve un signo de interrogación.
Mucho ruido, “n” nueces
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El creciente tributo de los jóvenes al Sistema de Ciencia e Innovación Tecnológica en Cuba, contrasta con deficientes mecanismos de generalización de sus resultados, según revelara un sondeo realizado por el Centro de Estudios sobre la Juventud y las BTJ, hacia el año 2006. |
Hacia el año 2006, un análisis encauzado por el Centro de Estudios sobre la Juventud y la Presidencia Nacional de las BTJ, reveló profundos nexos entre las insatisfacciones de los brigadistas y la demanda de mayor atención por las instancias superiores.
Las principales inconformidades giraban en torno al funcionamiento interno, incluyendo la superación, divulgación, e introducción de resultados investigativos. En todos los casos, enfatizaba el estudio, los índices de descontento superaban la cuarta parte de casi un millar de encuestados.
Sin rimel ni antifaz, una realidad se hizo a la luz: la falta de sincronía entre las diferentes estructuras de trabajo desembocaba en reclamos de deberes básicos ya contenidos en el Reglamento, y una arruga poco estética asomaba a los 42 de la organización.
Para el verano del 2009, con tantos soles y calores jamás vistos, la fatiga parecía un derecho elemental de los cubanos. Pero al movimiento de las BTJ en la Isla le agobiaban otras inercias y cansancios, semejantes a la apatía, la inestabilidad de cuadros y el apego a fórmulas simplistas de dirección.
Opuesto a lidiar con datos en frío, Alexander Moreno, presidente de las Brigadas en la capital camagüeyana, insiste en la incidencia de un desempeño para el cual no siempre se está preparado. “Porque no todos nuestros dirigentes son cuadros profesionales, y es claro que para muchos implica un esfuerzo tremendo. Yo mismo, llevo casi dos años a tiempo completo y ahora que creí estar comenzando, fui convocado para otra misión”.
Presionado por esos caprichos de la prisa, Moreno solo espera dejar en orden los bártulos, o al menos un panorama distinto al de su arribo al cargo. Porque entonces, afirma, las cosas no andaban muy bien.
“Por un tiempo, el trabajo prácticamente estuvo limitado a la entrega de Sellos Forjadores del Futuro. Había, incluso, falta de claridad en los números. Y esa realidad golpeó con más fuerza cuando de un total de 500 y tantas ‘brigadas fantasmas’, por nombrarlas de algún modo, solo se comprobó la existencia de 314 en todo el municipio. Por supuesto, nuestra primera tarea no podía ser otra que la reorganización.
“La propia entrega del Sello..., se había convertido en un castigo para muchos de los jóvenes propuestos. Porque, ¿cómo resolver en tres días un proceso de meses? Con tantas fichas técnicas, dictámenes, y avales de generalización de por medio, llegaba el cierre de los expedientes y todo el mundo se ponía a correr. Al final qué conseguíamos, si no un joven desalentado, con toda razón”.
A juzgar por esos truenos, Eloísa Sánchez, presidenta de las BTJ en el Instituto Central de Investigaciones Digitales (ICID), en Ciudad de La Habana, no alberga la menor duda: el fin de una buena travesía se inicia con su timonel.
“De lo contrario, tendremos absurdos como lo ocurrido hace un tiempo aquí, cuando por ‘imprecisiones’ del consejo de las Brigadas en el municipio de Playa, un grupo de trabajadores nuestros quedó fuera de los convenios de superación”.
En medio de profundos debates sobre el futuro de los recursos humanos de la ciencia en Cuba, cabría preguntarse cuál es el precio de “tropiezos” semejantes. El ICID, ¿acaso se olvida?, representa no solo un baluarte de la mejor tecnología hecha en la Isla; sino también un hombro a la altura del mundo, gracias a ingenio y destreza muchas veces jóvenes.
Pero, para Meivis Amelia Vargas, trabajadora de la Compañía de Electricidad capitalina, la indolencia ya no cotiza en asombro. A mediados de año, un día antes del cierre del plazo para optar por pruebas de ingreso, vio cómo se esfumaban sus más cercanas esperanzas de continuar estudios en nivel superior.
“Todo porque no se nos avisó a tiempo”, reprocha. “Fue un golpe tremendo porque aquí hay muchos jóvenes que, como yo, tuvieron que posponer sus aspiraciones. Por falta de información; eso es todo”. Restan, sin embargo, algunas interrogantes.
¿Solo de un lado se inclina la balanza? ¿Cuánto de afán personal se precisa para estar informados? La batalla por el más primordial de los derechos, comienza con tener los brazos descruzados.
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Para el ingeniero Daniel Vega, “muchos desconocen, la esencia del Movimiento, y uno de los valores que poseen las BTJ es la oportunidad que le brinda a los jóvenes técnicos y obreros de participar en eventos y ser reconocidos por su labor”. |
De aquellos años al frente de las Brigadas en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (CUJAE), el ingeniero Daniel Vega Fernández conserva una clarísima vivencia: la incomunicación es un mal de raíz.
“Muchos desconocen, por ejemplo, la esencia del movimiento y lo reducen a la entrega de un expediente enorme, con una serie enorme de trámites que, la verdad, meten miedo. Otros brigadistas, incluso militantes, si acaso recuerdan que las BTJ tienen un objetivo en la superación de los jóvenes; es decir, ignoran el reglamento.
Además, tengo la impresión de que en muchos comités de base se subestima su valor y aporte ideológico, porque del tema simplemente no se habla”.
Eso también es estar incomunicados, remarca Daniel, todavía inconforme con una “conectividad” que no logra superar los retos de la sociedad de la información.
“La pregunta es por qué, se inquieta Alexander Moreno, si difundir nuestros resultados y sus protagonistas representa un deber. El error es nuestro. Lo comprobamos en medio del proceso hacia la X Conferencia, cuando los medios nos abrieron las puertas y descubrimos cómo llenar otro espacio vacío”.
“Año tras año discutimos el tema, y año tras año llegamos a las mismas conclusiones: el papel de los consejos municipales y provinciales es decisivo en el fomento de este empeño, que tampoco se agota en una revista o programa televisivo”, subraya Ana Judith Area, ex presidenta nacional.
Pero la inercia puede costar aún más cara, sospecha Anivys Pavón, de la Universidad Camilo Cienfuegos, en Matanzas, cuando se refiere a esos ciclos comunicativos incompletos, a causa de ruidos que entorpecen la difusión de valiosas investigaciones.
“Se dice que hacemos ciencia del primer mundo, pero al parecer muchas empresas no están preparadas para aplicarla o andan inmersas en una operatividad demasiado absorbente. Y este, en mi opinión, es uno de los factores que más debilitan la inserción de jóvenes al movimiento”.
De pronto, las miradas se vuelven a la efectividad de los convenios de trabajo con los Organismos de la Administración Central del Estado. Pero ¿qué esperar si su firma se convierte en un paso formal?, juzga Teresa Viera, vicepresidenta de la organización.
“Hoy el mayor obstáculo para no obtener resultados favorables es que no exigimos el cumplimiento de lo acordado.
“Sin embargo, hay regiones como Cienfuegos, con un determinado peso en el desarrollo de la Isla, donde nuestros procesos políticos y eventos científicos han tributado de manera efectiva a la socialización de resultados de impacto económico para el país.
“Por eso, a 45 años de la fundación de las Brigadas, llega a ser demoledor que haya quienes limiten nuestro trabajo al de ‘la gente de los temas científicos’; y otras, en el mejor de los casos, al de ‘los encargados del medio ambiente’ dentro del sistema de la Unión de Jóvenes Comunistas.
“Hay que levantarse cada día pensando en qué más puede hacerse”, convida Teresa, cuando el tema de las trampas subjetivas amenaza con ponerle viseras a la imaginación.
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