Colecciones bBiológicas
Testigos del tiempo
Depositarios de la biodiversidad de un territorio o país, los archivos de especies están considerados mundialmente como patrimonio natural. Aunque en Cuba también los científicos les confieren un valor excepcional, condiciones climáticas y factores económicos han propiciado el deterioro y hasta la pérdida de valiosos ejemplares.
Por Yanel Blanco Miranda
27 Septiembre, 2011
|
Ejemplar de carpintero real, único de su tipo en el mundo. Hembra en estado adulto con una deformación en la mandíbula superior. Colectada y preparada por el alemán Juan Cristóbal Gundlach. (Foto: Luis Pérez) |
Dijo José Martí en La Edad de Oro que las memorias de los hombres podían ser contadas por sus casas. De igual forma, las colecciones biológicas constituyen el testimonio asentado de la historia natural. En ellas se conservan conjuntos de especímenes, bibliotecas de ADN y registros fotográficos, adecuadamente catalogados y preservados.
Estos muestrarios vivos han desempeñado un valioso papel en el monitoreo de cambios ambientales y en el avance de las ciencias biológicas, incluyendo los estudios de la biodiversidad y de su pérdida. La riqueza de información que aportan posibilita que se usen como referencia en la identificación de otros nuevos individuos.
“Cuba posee valiosas colecciones naturales. Abandonadas por las instituciones y colegios religiosos que las custodiaban, fueron rescatadas al inicio de la Revolución por la naciente Academia de Ciencias, con Antonio Núñez Jiménez al frente”, comenta Reinaldo Rojas, director del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN).
Sin embargo, los efectos del clima tropical y de microorganismos propios de nuestro entorno han contribuido al deterioro y menoscabo de valiosos ejemplares. “Mantener valores estables de temperatura y humedad es fundamental, y en Cuba resulta muy difícil conseguirlo”, apunta la máster Nayla García, curadora principal de la colección zoológica del Instituto de Ecología y Sistemática (IES).
Para saber mañana
|
Los datos de una colección constituyen la guía base para todos los estudios que se hagan en el país. En la imagen, la Catesbaea phyllacantha gris, una planta vista por última vez en el 2002. (Foto: Alexander Isla) |
Una de las instituciones dedicadas a la preservación de las colecciones científicas es justamente el Museo Nacional de Historia Natural, una entidad que, al decir del Dr. Rojas, no es estática; hace ciencia y se apropia de ella, para transmitir luego al público el conocimiento generado.
Alrededor de 50 mil ejemplares, algunos con más de un siglo de existencia, forman parte de su repertorio biológico. El estudio de la geología, de la flora y fauna, visto como sistema, constituye una parte de los perfiles de la entidad.
“El eslabón primario de una investigación sobre la biodiversidad es la especie. Para poder entonces interpretar o tomar una decisión sobre determinada área geográfica, debemos conocer las que se encuentren allí”, señala Rojas.
“Toda actividad que se realice en un ecosistema conlleva una consecuencia, pero si sabemos poco o nada sobre él, mayor será el daño. Por eso es responsabilidad de los científicos de esta institución crear archivos naturales e identificarlos. Educar a las personas con respecto a la necesidad de conservar el patrimonio científico atesorado resulta esencial. Muchos creen que existe una cultura sobre la naturaleza, pero no es cierto”.
| |
|
|
El efecto de los ácaros sobre pieles de estudio por falta de climatización y de preservantes es fatal. En la imagen se aprecia una cotorra que perdió las plumas y piel del cuello debido a la acción de esos microorganismos. (Foto: Luis Pérez) |
Para el especialista, las dificultades en la conservación de las colecciones biológicas, comienzan desde el momento de la colecta en el campo, pues los científicos dependen de materiales que en muchos casos son difíciles de obtener, como los preservantes y envases.
“El montaje de las piezas y el método de conservación deben responder al uso que se les vaya a dar. De ahí que se necesiten microscopios, lupas, alfileres, soportes y cajas entomológicas. También hay que atender a las condiciones de almacenaje, la capacidad y hermeticidad del mueble donde se vayan a depositar, y establecer parámetros de temperatura y humedad óptimos, un reto grande en las condiciones climáticas cubanas”.
Ante la incapacidad de responder a tantas demandas, la consecuencia es que se extrae de forma muy limitada, lo cual implica que en la colección no estén representados todos los elementos de la biota cubana. Si a ello se añade que nuestro archipiélago se caracteriza por su alta variabilidad, hecho que restringe el conocimiento de la totalidad de sus espacios, se podría aseverar que hoy las colecciones cubanas no son representativas de la biodiversidad y de los diferentes ecosistemas del país.
Al sur del kilómetro cero
|
Debido a la falta de espacio y de estantes para montar debidamente las colecciones biológicas, el Museo Nacional de Historia Natural busca alternativas como esta, no siempre la más adecuada. La foto muestra parte de la colección de minerales y rocas. (Foto: Luis Pérez) |
|
Mariposa endémica capturada por Gundlach. Su nombre Phoebis avellaneda está dedicado a la escritora cubana, Gertrudis Gómez de Avellaneda. (Foto: Luis Pérez) |
Creado en 1986, debido a la fusión de los Institutos de Botánica, Zoología y Química y Biología Experimental, de la Academia de Ciencias de Cuba, el Instituto de Ecología y Sistemática atesora los muestrarios biológicos más grandes e importantes del país, distribuidos en tres divisiones: la de Botánica, donde se encuentra el Herbario Nacional, la de Micología (hongos), y la Zoológica.
En el IES la conservación de los archivos biológicos es una de las prioridades. A pesar de eso, los investigadores del Centro coinciden en que debería prestársele mayor atención.
Según Lázara Sotolongo, subdirectora científica, “existen personas responsables del mantenimiento y preservación de las colecciones, y eso parte de un presupuesto que otorga el Estado”. Sin embargo, aunque están consideradas patrimonio natural y el país debe promover recursos para su cuidado, el importe que se destina es en moneda nacional y no cubre la totalidad de los gastos que lleva una buena conservación.
Cortes eléctricos o la ausencia de agua atentan contra un cuidado eficiente. En la división de Micología “la colección de cultivos vivos está prácticamente perdida”, refiere el doctor Julio Mena, su subdirector. “Requiere de un flujo de electricidad estable para que la cámara fría (lugar donde se conservan) no deje de funcionar”.
Rotura de los equipos, contaminación de las cepas con hongos ambientales y, en determinados casos, la pérdida total de las colecciones, son solo algunas de las consecuencias. La falta de climatización propicia que los soportes de las piezas, los contenedores o las cartulinas (en el herbario), sean agredidos por el comején u otros microorganismos.
“Una de las soluciones sería la compra de una planta eléctrica”, considera el doctor Mena. “Pero aun con recursos obtenidos de proyectos internacionales, esto se dificulta, pues lleva una serie de permisos difíciles de adquirir”.
Tesoros del mar
|
Al coral se le debe quitar la materia blanda y conservar el esqueleto. (Foto: Alexander Isla) |
El Departamento de colecciones marinas del Acuario Nacional de Cuba, posee alrededor de 50 mil ejemplares, cerca de 250 tipos u holotipos, y la muestra de corales escleractínios más numerosa y mejor conservada entre las del Atlántico.
Según la máster María Victoria Orozco, “se encuentran representados los principales grupos botánicos y zoológicos (36 en la actualidad) de nuestras aguas y fondos marinos”, lo que la convierte en una de las más grandes del país.
Creada en el Instituto de Oceanología en 1965, “documenta la información que existe de las diferentes zonas de la plataforma y su permanencia en el tiempo y el espacio después de cambios físicos y geológicos producidos por causas naturales o antrópicas”.
“En aquel Centro ya no teníamos los requisitos necesarios para mantener las colecciones y se estaban perdiendo. Por tal motivo el Acuario asumió la responsabilidad de crear un departamento que se dedicara a su preservación”, refiere la máster Elena Gutiérrez.
“Para ello, estableció un presupuesto con el que se compran las sustancias preservantes e instrumentos necesarios. Asimismo incorporó al departamento dentro de su plan energético, lo que posibilita contar con una buena climatización”.
Además de las medidas tomadas por el Acuario para lograr el buen funcionamiento de esta división, la ayuda recibida a través de proyectos nacionales e internacionales contribuye a asumir el costo energético de mantener un ambiente adecuado.
Otra barrera de protección ha sido depositar en tarjetas y en una base de datos digital la información sobre los ejemplares colectados, con el propósito de evitar que la manipulación constante los destruya, dada su fragilidad.
No por gusto hoy son muchos los científicos de toda la Isla que confían en el Acuario para la custodia de sus ejemplares tipo.
Lista de espera
|
Diente del Carcharodon megalodon, reportado en varias canteras cercanas a la ciudad de Cárdenas, en Matanzas, y considerado el antecesor del tiburón blanco. Esta pieza forma parte de la colección paleontológica del Museo Nacional de Historia Natural. (Foto: Luis Pérez) |
|
La división de Micología del Instituto de Ecología y Sistemática tiene una colección seca con alrededor de 23 mil ejemplares y una viva (frasco) de cerca de 900 cultivos. (Foto: Alexander Isla) |
Mantener bien conservadas las colecciones biológicas de un país es vital para el desarrollo de estudios sobre el estado de las poblaciones y de las variaciones en la tasa de reproducción o en las transformaciones causadas por el cambio climático o antrópico. Permite, además, investigar la aparición de enfermedades emergentes y la presencia o no de sustancias tóxicas en una región.
Es legítima entonces la preocupación de la comunidad científica cubana. Si no se salvan las colecciones, si se siguen destruyendo y no se proyectan planes financieros para su cuidado, se perderá irremediablemente la información que encierran y el sacrificio de quienes las descubrieron y colectaron, desde Gundlach y de La Torre hasta un Silva o un Alayón. Para hacer estudios taxonómicos, comparativos, sistemáticos, no bastan los libros; es necesario contar con la prueba científica de lo que se refleja en esa literatura.
“Si no, esta pierde su valor real, cae en la duda, y esa amenaza nos inquieta a todos”, asegura Reinaldo Rojas, quien juzga como debilidad adicional la dispersión actual de los reservorios biológicos. En su criterio, deberían agruparse en lugares con las condiciones necesarias y bajo la administración de una sola entidad.
Parece imprescindible también propiciar la difusión pública y masiva de los valores patrimoniales y prácticos de las colecciones y cimentar una mentalidad económica. “Para los investigadores, ellas solo son testigos de la ciencia o del avance del conocimiento y eso representa una desventaja al solicitar presupuestos destinados para la conservación. Lograr que se les dé un valor económico a los fondos conservados, sería el reto mayor, y favorecería su preservación“