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La pupila insomne

El Centro Nacional de Seguridad Biológica arriba a sus 15 años. Aunque posee una labor relevante y sistemática en este campo, sus directivos piensan que la percepción de riesgo en el país aún es baja. El desarrollo de un programa educativo, entre otras medidas, permitiría elevar la cultura de las personas que laboran en esta esfera, haciendo más viable ese trabajo.

Por Yanel Blanco Miranda
Fotos: Cortesía del Centro Nacional de Seguridad Biológica

8 Julio, 2011

Centro Nacional de Seguridad BiológicaRubén es un joven técnico de laboratorio. Cada mañana, al llegar a su trabajo, desinfecta todos los instrumentos a utilizar. Asimismo, cumple otras normas que permiten que su labor sea más segura. Sin embargo, hay quien descuida estos sencillos procedimientos, poniendo en riesgo su salud y la de los demás.

 Medidas como estas y otras más complejas forman parte de los mecanismos creados para evitar el contagio biológico. En Cuba, el Centro Nacional de Seguridad Biológica (CSB) es el que dirige, a todos los niveles, esta actividad.

Perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y con una notable trayectoria en ese campo, esta institución arriba a sus 15 años de creada.

En una conversación sostenida con Juan Carlos Menéndez, director de la entidad y algunos de sus colegas, JT conoció sobre la historia, objetivos y principales funciones del centro.

Fundado el 15 de julio de 1996 a partir de la resolución 67, emitida por la doctora Rosa Elena Simeón, en aquel entonces ministra del CITMA, tiene como objetivo regular el riesgo biológico en todo el territorio cubano. Además, organiza, ejecuta, supervisa y controla el Sistema Nacional de Seguridad Biológica, y da cumplimiento a las obligaciones contraídas por la República de Cuba, en el marco de los instrumentos jurídicos internacionales relacionados con esta materia.

Según Juan Carlos Menéndez, “en el país existen un conjunto de actividades que implican riesgos. Entre ellas se encuentran la producción de medicamentos, el trabajo con agentes biológicos y con plantas o animales exóticos, o modificados genéticamente. De ahí que la bioseguridad, como disciplina, constituya un conjunto de medidas científico-organizativas destinadas a proteger al trabajador de la instalación, a la comunidad y al entorno, de los peligros que entraña la manipulación de estos microorganismos o la liberación de entes vivos al medio ambiente, así como disminuir los efectos que se puedan presentar, y eliminar rápidamente sus posibles consecuencias en caso de contaminación, escapes o pérdidas”.

Guardián de sueños
CSBMuchos son los logros obtenidos por esta institución a lo largo de los años, aun cuando, al decir de Lenia Arce, jefa del Departamento de Salvaguardia del CSB, “la percepción que existe en el país sobre el riesgo biológico, es muy baja todavía”.

“En la actualidad nos encontramos con trabajadores de la salud o la esfera científica que no adoptan las medidas necesarias a la hora de manipular sustancias químicas o agentes biológicos. Cuando uno se lo señala, argumentan que no les va a pasar nada, pues siempre lo han hecho así y no se han enfermado.

“Nos damos cuenta, entonces, que ya es un problema de mentalidad. Pero no solo de ese técnico de laboratorio sino de su jefe inmediato, de los tomadores de decisiones que no ven la bioseguridad como una prioridad”.

Según la especialista, esta disciplina descansa en tres principios: el diseño de la instalación que tiene que cumplir unos requerimientos determinados; el equipamiento, que va desde un vestuario especializado, guantes, batas hasta equipos sofisticados como los gabinetes de seguridad biológica, además de otros elementos que no dependen de recursos materiales, como son las prácticas de laboratorio.

“Es llegar todos los días y desinfectar antes y después de terminado el trabajo y no guardar alimentos en los refrigeradores donde están las cepas, los microorganismos. Y eso es algo que no hemos logrado completamente”, señala Lenia Arce. “Sin embargo, es nuestra función indicar los errores y evitar que ocurran accidentes”.

El desarrollo científico-técnico que ha alcanzado Cuba en estos años, propio del primer mundo, requiere de una estricta regulación. Contar con un marco normativo, legislativo, de obligatorio cumplimiento en el país, ha logrado que se eleve significativamente el nivel de la bioseguridad.

“Tener una base legal, encabezada por el Decreto-Ley 190/99 en el que se establecen los principios básicos de la seguridad biológica, y que reúne las tres fuentes de riesgo fundamentales: organismos genéticamente modificados, especies exóticas y agentes biológicos, es de destacar en estos momentos en que la bioseguridad se ha parcializado un poco a nivel mundial”, indica Lenia Arce, jefa del Departamento de Salvaguardia del CSB.

Para Juan Carlos, director del centro, la capacitación de los trabajadores es otro de los aspectos a resaltar. “Muchas son las personas que se preparan en el tema de la seguridad biológica todos los años”.

“No obstante esto no es suficiente”, señala. “El reto sería poder desarrollar un programa de concienciación, educación y participación de las personas relacionadas con esta temática, a todas las instancias. Esto posibilitaría tener un mejor conocimiento sobre qué es bioseguridad y la importancia de realizar las inspecciones y demás procedimientos regulatorios.

La manipulación de agentes biológicos implica riesgos. Es importante conocerlos y enfrentarlos de manera correcta. La negligencia e incumplimiento de los reglamentos podría poner en peligro al ser humano y a su entorno

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