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Donde las piedras guardan historias

Por Sisi
Fotos: Luis Pérez Borrero
31 Mayo, 2011

Bosque Martiano del Ariguanabo

Si alguien duda que las piedras hablan, le invitamos a llegarse, sin falta, hasta el Bosque Martiano del Ariguanabo, primero de su tipo en el país, y que se halla en San Antonio de los Baños, actual provincia de Artemisa.

Creado el 19 de mayo de 1994, en ocasión del 99 aniversario de la caída en combate de nuestro Héroe Nacional José Martí. Ese día, los niños de la comunidad sembraron 14 ó 15 posturas de naranja, güira, almácigo, ateje, copey, majagua… y Rafael Rodríguez Ortiz, Felo, su promotor, dijo en sus palabras inaugurales, algo así: “¿Sienten el silencio?, ¿ven bien cómo está todo? Pues muy pronto el silencio va a ser roto por el trino de las aves y esto se va a llenar de flores, de frutos…”.

Hoy, el Bosque Martiano del Ariguanabo es un hermoso rincón donde encontramos 54 especies de la flora cubana: 37 árboles o arbustos que vio el Apóstol durante sus 39 días de manigua; 11 que no vio, pero que de alguna manera están presentes en el relato, y algunas otras.

Como los árboles tardan en crecer, Felo llenó el bosque de piedras que hablan, cuentan historias y están llenas de simbolismo. Sobre una están dibujadas una magnífica figura del Martí en la manigua, el famoso autorretrato, y también su caída en combate; con piedras se hizo una réplica de la cueva de Juan Ramírez, bautizada por Gómez como “el templo”, donde montaron campamento.

Sobre otra piedra puede leerse la frase martiana: “Dos  madres tienen los hombres: la naturaleza y las circunstancias”. Otras guardan versos del Indio Naborí, quien, ciego y con 82 años de edad, sembró un árbol en este hermoso bosque, y unas décimas del repentista ariguanabense Angelito Valiente, que comienzan así: “Yo nunca quisiera ver ni a un pájaro en jaula de oro…”. También sobre una piedra está trazada la ruta del Ariguanabo…

Una de las locaciones más significativas es la reproducción a escala del recorrido de 394 km que hicieron Martí, Gómez y sus compañeros, desde el desembarco en Playitas de Cajobabo hasta Dos Ríos, y la piedra que marca la caída en combate del Apóstol de la independencia cubana se halla entre un dagame y un fustete, pues entre esos dos árboles, según Loynaz del Castillo, quedó su cuerpo antes de ser capturado por los españoles.

La historia asoma por disímiles rincones del Bosque: allí pueden verse una réplica de la campana de la Demajagua y un cañón español, de los que abundan en el casco histórico de La Habana, donados ambos por Eusebio Leal; la  representación de Mangos de Baraguá; el contorno en la hierba de la figura del Granma, dentro del cual crecen las siete especies de árboles cuyas maderas fueron empleadas en la construcción de la histórica embarcación; un monumento a la mujer, junto a la palma que sembró Rosa Elena Simeón Negrín, quien fuera muchos años Ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba.

Hoy el Bosque Martiano del Ariguanabo es un bello sueño hecho realidad, que se extiende por toda Cuba.


bosque-martiano-2
Guardianes de la naturaleza
El escudo de la Patria

La arboleda
Defendio con sensibilidad la naturaleza
A través de una cueva


El palmar
La caída en Dos Ríos
La rueda de madera

El trabajo útil no es castigo
Sembrador
La campana



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