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LA ENTREVISTA

Dra. Lilliam Álvarez

“Hay que buscar alianzas en el empeño de divulgar la ciencia”       

La Secretaria Ejecutiva de la Academia de Ciencias, Dra. Lilliam Álvarez,  intercambió con Juventud Técnica algunas reflexiones, a propósito de la creación de la filial oriental de la institución..   

Por Dania Ramos Martín
Foto: Alexander Isla Sáenz de Calahorra

31 octubre, 2011

Secretaria Ejecutiva de la Academia de Ciencias, Dra. Lilliam Álvarez- ¿Qué resultados exhiben en los últimos años las provincias orientales, que ahora les merece la creación de la primera filial de la Academia de Ciencias?
- En estas cinco provincias se han venido acumulando resultados científicos importantes y de gran impacto no sólo en el campo de las ciencias, sino también en lo económico, lo ambiental y lo social. La Academia de Ciencias de Cuba (ACC) ha otorgado varios premios a instituciones radicadas en estos territorios. En el 2009, por ejemplo, fue reconocido con el galardón un matemático de Granma, que estudió las tierras secas y aplicó un modelo basado en fractales. Eso es alta matemática y alta tecnología para estudiar uno de los problemas ambientales más serios que tiene nuestro país: la degradación de los suelos.

“Otro de los resultados más importantes son los que ha obtenido por muchos años el Centro de Biofísica Médica, que pertenece a la Universidad de Oriente, donde se construyó por primera vez un equipo de alta tecnología para la salud, el de resonancia magnética nuclear.

“La Universidad de Oriente, que cumple 50 años en febrero, es el gran centro, la meca formadora. Allí se han preparado los grandes profesionales que ahora están en centros científicos y en el sistema empresarial. Ahí están los grandes ingenieros de las ciencias técnicas, que también han obtenido premios Academia. Se ha iniciado ahora un movimiento en esas instituciones para nominar a esas personalidades que permanecen tan anónimas y desconocidas en estas instalaciones del oriente cubano y que han hecho un aporte significativo a las ciencias técnicas, sobre todo a los temas de la minería y la metalurgia.

“En la Universidad de Holguín se destacan las investigaciones en ciencias sociales. Holguín es una de las provincias donde los científicos sociales aplican las investigaciones de desarrollo comunitario, de intervención comunitaria, de cambio de comportamientos y hábitos. También tienen importantes estudios ambientales. En todo el norte del territorio se localizan polos turísticos. Allí se han realizado análisis sobre el impacto ambiental de todas las construcciones y los hoteles. Geólogos, geógrafos, entre otros especialistas, han aportado datos valiosos sobre la biodiversidad del norte holguinero, y sobre cómo explotar y hacer un manejo correcto de los ecosistemas. Por todo ello, su  Consejo Provincial de Ciencias Sociales ha recibido no pocos reconocimientos..

“Las ciencias pedagógicas también han obtenido premios del CITMA, concedidos a estudiantes e investigadores jóvenes ubicados en las universidades y centros científicos. En el pedagógico de Manzanillo, por ejemplo, impresiona ver un software interactivo destinado a que los niños jueguen con las matemáticas, con la ortografía. Personalmente he tenido la posibilidad de recorrer la Isla en los últimos nueve años y lo que he visto es maravilloso. En Guantánamo hay un Centro de Desarrollo de la Montaña que estudia la biodiversidad de los macizos montañosos y ecosistemas endémicos, como el cacao, el café o el coco. Sus científicos también han tenido premios de innovación del Ministerio y acaba de enviar su expediente para convertirse en institución auspiciadora de la ACC.

“Cuando uno todas esas caras, como sucedió el día de la fundación de la filial, cuando se miran los rostros de esos hombres y mujeres tan sencillos, no imaginaría que son portadores conocimientos fabulosos, de nivel mundial.

“La doctora Pura Avilés, por ejemplo, fue la médico intensivista llamada por Fidel cuando Rolando Pérez Quintosa recibió la metralla en su puesto de guardafrontera. También estaba con nosotros el director de la clínica de ataxia, una enfermedad traída a Cuba en el siglo XVIII por los españoles. Son tan importantes sus estudios y sus publicaciones que ya es una persona conocida no solo en Cuba, sino en el mundo. Visitar esta clínica es llegar a un centro de excelencia, y su director ha sido nominado para ser académico titular.

“Por eso decía que si miráramos a los otros, veríamos en cada uno el producto de lo que sembró la Revolución, de las oportunidades que nos abrió. Nos quejamos del salario, de las condiciones de los laboratorios, de la escasez de literatura científica, pero siempre nos las arreglamos con la creatividad que tenemos, con los amigos que nos auxilian con la bibliografía para seguir actualizándonos.”

- ¿Qué prioridades tendrá el trabajo que emprenderá la filial oriental de la ACC?
- Lo más importante ahora en las provincias orientales es contribuir a la formación de las nuevas generaciones. Estamos preocupados y ocupados para evitar que haya un retroceso en la ciencia cubana porque no exista el relevo necesario. Si fuimos formados por catedráticos que se quedaron en Cuba y nos formamos en el bachillerato y en las universidades, ahora la generación que tiene 40 o 50 años es la responsable de formar y sembrar la semilla de la ciencia.

“Las estadísticas nos dicen que faltan una o dos generaciones de científicos. En este proceso de nominación se han propuesto muchos académicos que ya tienen más de 50, pero hay pocas propuestas de miembros asociados jóvenes. Los requisitos son tener menos de 35 años y un currículo de excelencia, tener hecho el doctorado o estar cursándolo. Estamos muy preocupados, porque la fuerza científica del país está compuesta por personas que se están formando o están al retirarse.

“Queremos insistir en el necesario reemplazo en las universidades y en los centros científicos, porque corremos el riesgo de que en los años venideros tengamos una ciencia débil en el país, lo cual es muy peligroso porque la ciencia también es soberanía. Es muy peligroso no tener buenos ingenieros electrónicos, o en telecomunicaciones, hidráulicos, civiles, entre tantos otros.

“Pero la enseñanza de la ciencia no es solo responsabilidad del Ministerio de Educación; es un problema de todos, del Ministerio de Educación Superior, del CITMA, de la Academia de Ciencias, de la familia, y todos tenemos que involucrarnos, si queremos mejorar. Desde hace unos años estamos haciendo un trabajo de conjunto con las Brigadas Técnicas Juveniles, con formas novedosas de promover y atraer a los jóvenes para fascinarlos con los temas de la ciencia.

“El asunto tiene muchas aristas. Un modo, es crearles el gusto para que estudien carreras de ciencias; otro es sembrando la curiosidad, aunque no estudien este tipo de especialidades.”

-¿Qué cambios experimenta la Academia de Ciencias en su 50 aniversario?
- A la altura de marzo del año 2009 el Ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, José Miyar Barruecos, emitió un grupo de directivas. Una de las primeras fue fortalecer el trabajo de la Academia, porque esta tiene un decreto ley que regula una serie de funciones, de ahí hubo unos reglamentos y unos estatutos. En medio de las transformaciones del CITMA, se decidió pasar lo que era la dirección de ciencias a la academia para fortalecer el trabajo. También un grupo de gerencia de programas priorizados y otro de lo que era el Centro de Convenciones Capitolio se sumaron a la institución.

“En los últimos dos años han ocurrido cambios importantes. Además de formar la unidad presupuestada de la Academia de Ciencias, cambiamos el reglamento en noviembre de 2009. Al reglamento le estaban faltando algunos mandatos, como esto que hacemos ahora, que es la fundación de filiales; o necesitaba cambios en el proceso eleccionario. Antes podíamos tener hasta un 20 por ciento de jóvenes asociados, y ahora tenemos 30. Además, se rectificó el tema de promoción y divulgación de la ciencia, y se le dieron más atribuciones al grupo de sociedades científicas.

“Hemos incluido también un grupo asesor, constituido por especialistas de alta preparación, y otro de patrimonio, que se encarga de salvaguardar y proteger las más de cuatro mil piezas que existen en el Museo de Historia de la Ciencia Carlos Juan Finlay. Retomamos la revista Anales de la Academia, que ya tuvo un número a propósito del 150 aniversario de la institución decimonónica, y que tendrá un segundo en diciembre. La publicación tiene artículos originales, compilatorios, contiene una sección sobre el acontecer científico nacional e internacional, un obituario y una sección de ciencia y arte.

“Queremos mantener esta última sección, porque estamos empeñados en una campaña para intentar reunir los que hacen cultura artístico-literaria con los que hacen ciencia, porque hay una tendencia en el país de aludir a los intelectuales y excluir a los científicos, como si no estuviéramos contribuyendo a la cultura de la población.

“No puede haber un hombre de la cultura artística que no tenga conocimientos de ciencia, como tampoco pueden existir científicos que no sepan apreciar un son de Matamoros, o la Cavallería rusticana. Hay un gran divorcio entre los dos segmentos de la intelectualidad cubana; nunca debaten ni intercambian criterios, conocimientos, ideas. Creo que son dos mundos donde debe haber más intercambio.”

-¿Si tuviera que resumir el espíritu de la Academia de Ciencias, qué diría?
- Los académicos, como seres pensantes que son, preocupados por la realidad, están hoy en Cuba porque están comprometidos con su Patria; son ante todo patriotas. Tienen un gran afán de contribución, como se manifestó con el proceso de discusión de los lineamientos, y en el actual proceso de implantación, donde los académicos están aportando mucho. En la promoción de la ciencia, también están contribuyendo. Aquí los tienes, a todos los que llamamos accedieron, impartieron conferencias, intercambiaron conocimientos con estudiantes y expertos de la región.

“Hemos ganado en poder de convocatoria; en animar, convencer a los académicos para que intervengan directamente en el tema de la enseñanza de la ciencia fuera de las aulas; porque intervenir las aulas no nos corresponde, pero sí podemos influir en todos los espacios, en los parques, en los jardines botánicos, en los acuarios, para ampliar los conocimientos sobre ciencia en nuestros niños y jóvenes.

“Hay que buscar formas nuevas. Aunque tengamos los círculos de interés, los concursos de materias, las olimpiadas, muchas vías no formales, hay otras muy novedosas en el mundo, como los festivales de ciencia y tecnología, que pueden experimentarse en Cuba. La propia Juventud Técnica hace un aporte importante a la labor de divulgación. Hay que buscar alianzas con todo el que quiera ir junto a nosotros en este tema de la enseñanza de la ciencia, y captar a los mejores para que estudien carreras de ciencia y tecnología.”

 

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