Musa traviesa
Risueña, comunicativa, incansable y apasionada de la naturaleza, está convencida de que del cuidado y preservación de los suelos depende la vida de la presente y futuras generaciones.
Por Yanel Blanco Miranda
29 Septiembre, 2011
Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Antonio Machado
Entre risas y algún que otro recuerdo regalado, me conduce por el Parque Metropolitano, que tantas nostalgias le provoca. El Bosque de La Habana es testigo de dichas, festejos y quizá, de alguna escena romántica.
Acompañadas por el trino de los pájaros, vamos en busca de un lugar donde sentarnos a conversar. Todavía poco convencida, me platica que no tiene Machadonada interesante que contar, y sonríe cuando en un intento por halagarla, hago referencia a sus años como sinónimo de sabiduría.
Joven ha de ser…, le digo tratando de corregirme y eso parece divertirla más. Y es que Nery Urquiza, además de su talento para “lidiar” con la naturaleza, tiene un fino sentido del humor.
También es una entusiasta bailadora, pasión que la acompaña desde pequeña y que desempolva constantemente.
Porque –dice– “hay que dejar tiempo para divertirse”. “Heredé de mi madre el amor por el mundo natural. Ella se come un mango y es incapaz de botar la semilla, la siembra. Quien siente esa necesidad perenne de cultivar es porque tiene un afecto especial por la naturaleza. Esa vivencia, esas imágenes, me fueron creando una sensibilidad en relación con el medio ambiente, su cuidado, su apreciación”.
Proteger el entorno en que vivimos no es tarea sencilla ni de un día, pero Nery ha hecho de ello su profesión. Actualmente coordina el Grupo Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Entre las funciones de su “equipo de amigos”, como lo llama, está tratar de concertar las acciones de lucha contra ese fenómeno que ya aqueja a Cuba.
“Representado por personas de 23 instituciones del país, nuestro mayor estímulo es encontrarnos y realizar una labor que contribuya a que los decisores tomen las medidas adecuadas para reducir los daños”.
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Sembrar árboles, más que obligación laboral, es un placer. (Foto: Cortesía de la entrevistada) |
Una pregunta necesaria aflora: ¿por qué el suelo? “Muchas personas ven el suelo como algo infinito y no lo es. Se puede acabar. Cuando se pierde un centímetro de la cobertura de esa superficie, del primer horizonte, para recuperarlo quizá se deban esperar entre 50 y cien años.
“Ahora estoy trabajando un concepto más amplio, el de tierra”. Es una visión integradora que contempla la vida que circunda a esa materia llamada suelo. Los humanos y nuestra relación con el entorno también formamos parte de este complejo. Luego está la atmósfera. Entonces tiene que haber un equilibrio entre todos estos componentes para que funcione el ecosistema”.
Refiere que los continentes más afectados por la degradación de las tierras, son el africano y el asiático. “La tala de los bosques es una de las principales causas de la erosión. Cuba también padece este problema. La llegada de Colón trajo consigo la destrucción de nuestra floresta, dejando el suelo expuesto a estos procesos.
“Cuando uno conoce la historia y se sensibiliza con ella, adopta una postura donde ve el suelo como lo más importante, como el soporte de cualquier proyecto de vida futuro”.
Se hace camino al andar
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“Ser recibida por alguien de la talla de Alejandro Robaina, fue un honor para mí”. (Foto: Cortesía de la entrevistada) |
El tiempo transcurre sin sentirlo cuando se conversa con esta mujer. Risueña, afable y determinada, recuerda con cariño los años que pasó en el colegio.
“Estudié en el Instituto Tecnológico Agropecuario, una finca que se encuentra en la carretera del Guatao -llamada Cuquines- en el municipio de La Lisa, La Habana. Era un sitio fabuloso, lleno de árboles de mango, aguacate, mamey; de frutas que yo nunca había visto, como el canistel y el caimito. Aquello era un parque, y nada más entrar al lugar me enamoré de la escuela.
“A pesar de aquel entorno tan agradable, fueron años muy difíciles, pues en 1965 los tecnológicos agropecuarios tenían una disciplina semi militar. Yo no estaba habituada a ese férreo sistema. Llegar allí y tener que levantarme a las seis de la mañana a marchar fue duro. Pero estuve en el Instituto cinco años y me gradué de Técnico medio en Laboratorios de agroquímica”.
Comenzó a trabajar entonces en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas. Ahí dio sus primeros pasos como investigadora, práctica que nunca ha abandonado, aunque otras responsabilidades la llevarían a laborar durante diez años en una comisión del Partido de la otrora provincia de La Habana.
“Fue una tarea que asumí con agrado. A mí me tocaba atender el Fórum de Ciencia y Técnica. Dedicaba parte de mi tiempo libre a dar seguimiento a la ciencia que se hacía en ese territorio, dentro y fuera de los centros de investigación. Esto amplía las expectativas, pues te relacionas con todo lo que te rodea. Yo tuve la dicha de nutrirme con esos conocimientos. Y así fui transitando por la ciencia sin ser verdaderamente una científica”.
Entre mamparas
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Para Nery la familia es muy importante. Junto a su esposo en una salida de domingo. (Foto: Cortesía de la entrevistada) |
De hablar suave y con un enorme carisma, Nery comparte su día entre la casa y el trabajo. “Me levanto y le llevo el café a mi mamá a la cama. Le pongo música para que se despierte, tal y como ella nos lo hacía, primero a mí y luego a mis hijos. Y no es para compensarla por ello, sino porque me resulta gratificante. ¡Y así empieza el día! Tratando de que todo el mundo se sienta lo mejor posible.
“Después voy para el trabajo; allí las ocho horas son intensas. En estos momentos estoy llevando varios proyectos internacionales y no hay un minuto en que no piense en cómo hacerlo mejor. Entonces la jornada laboral, que para muchos termina a las cinco, para mí acaba cuando me duermo.
Pero de todas maneras los fines de semana me queda tiempo para atender a mi familia. Para salir al cine, al teatro, ir a ver el mar. Y así son mis días: lavar, planchar, cocinar y salir a bailar”.
“En cuanto a mis hijos, ellos son mis grandes logros; ambos, graduados universitarios, uno en lengua inglesa y el otro en geografía. Son muy distintos. Al más chiquito le gustan los deportes extremos, como el puénting (consiste en saltar al vacío desde un puente, sostenido por cuerdas y se realiza un movimiento pendular).
“El mayor es más tranquilo, pero capaz de brindar ayuda a quien lo necesite. Yo estoy muy satisfecha de lo que logran, piensan, de sus planes de vida. Los dos son increíbles”.
De Alto Cedro voy para Marcané…
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En una visita de trabajo a Namibia. (Foto: Cortesía de la entrevistada |
Escucharla hablar sobre su trabajo, me recuerda la máxima martiana: “Honrar, honra”. Muchas son las satisfacciones que este le causa; sin embargo, para Nery la mayor recompensa ha sido lograr una estrecha comunicación con los campesinos.
“Hace varios años ocurrió algo que hizo me sintiera honrada. Fuimos a conversar con el ya fallecido tabaquero Alejandro Robaina a su casa. Él estaba esperando a una delegación inglesa para almorzar y nos dijo: ´los visitantes pueden esperar, pero ustedes no. Yo tengo que aprovechar que están aquí porque estamos hablando de la agricultura, de la tierra, y eso para mí es más importante´.
“Que un hombre de la talla de Robaina nos recibiera de esa manera fue valioso. Nuestro grupo se ha ido ganando ese espacio con los campesinos, pero también entre los técnicos, los profesionales y los decisores. Y así ocurre en todo el país.
“Mi labor como experta de la Convención de Lucha contra la Desertificación y Sequía de las Naciones Unidas es atractiva. La realizo desde el año 1995, atendiendo el desarrollo de la Convención desde el punto de vista técnico.
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Playitas de Cajobabo se ha convertido en un sitio de obligada visita para Nery. (Foto: Cortesía de la entrevistada) |
“En 1992, a propuesta de los países africanos, se toma la decisión de hacer un documento jurídicamente vinculante para desarrollar acciones de lucha contra la desertificación y la sequía. Los propósitos fundamentales eran detener los procesos de degradación de tierras en el mundo y revertirlos, y mitigar los efectos de la sequía”.
Cuando en 1994 se presenta el instrumento para que lo firmen los países, Cuba es uno de ellos. Refiere Nery que en las primeras reuniones todavía estaba en proceso la negociación del texto base de la Convención y es en el año 1998 cuando se hace la primera Conferencia de las partes.
“Hasta el momento he participado en todos los comités de revisión e implementación, en las conferencias de las partes y en las negociaciones que se hacen en América Latina para aplicar la Convención a nivel de nuestra área.
“Esto me ha brindado muchas satisfacciones, pues ofrece una perspectiva más amplia de lo que sucede en el mundo. Y es increíble ver el gran reconocimiento que tiene Cuba, debido a la obra que ha hecho en materia de ciencia y educación”.
- ¿Satisfecha?
-¡Cómo quedan cosas por hacer! En estos momentos estamos desarrollando un programa de asociación de países de lucha contra la desertificación y la sequía. El objetivo es introducir los principios de manejo sostenible de tierras. Para mí una satisfacción sería ver cómo se implementa ese proyecto.