Con medida
Por Yanel Blanco Miranda
23 Septiembre, 2011
Empleadas desde la antigüedad, las mediciones han contribuido a ordenar y facilitar las transacciones comerciales; a agilizar el trato entre el proveedor y el consumidor, e influir en la calidad de vida de la población, así como proteger al cliente y usar racionalmente los recursos naturales.
Aplicable a numerosos fenómenos de la vida y la naturaleza en general, la Metrología es encargada de estudiar los procesos de medición, incluyendo los instrumentos empleados, e igualmente su calibración periódica.
En Cuba, las actividades metrológicas están reguladas por el Decreto-Ley 183/98. En él se reconoce la necesidad de proteger a los ciudadanos de los daños de las mediciones incorrectas y del uso de instrumentos no apropiados. Mas esto parece no ser suficiente.
Equipos mal calibrados, pesas no verificadas y hasta el empleo de unidades de medida diferentes en la red comercial, forman parte de nuestra cotidianidad, dejándonos a expensas de inciertas mediciones.
Con la aprobación en 1982 del Decreto-Ley 62, se hizo oficial el uso del Sistema Internacional de Unidades (SI) en Cuba –método global y coherente que elimina la multiplicidad de unidades de medida para expresar una misma magnitud física-, y la obligatoriedad de implementarlo. La idea era ejecutarlo progresivamente en todas las ramas y actividades de la economía nacional hasta lograr su completa aplicación.
A más de 20 años, la realidad es que aún se emplean unidades de medida que no pertenecen al SI; incluso algunas que no se usan ya en ningún lugar. Así vemos que en agromercados y otros comercios minoristas se venden los productos en libras, onzas, mazos, por solo citar algunas.
Solo en establecimientos como las tiendas en divisa se aprecia la diferencia. Allí se previó que los instrumentos, medios de trabajo y las tecnologías estuvieran dentro del SI.
Los esfuerzos del Ministerio de Comercio Interior en la implementación del Sistema Internacional de unidades son apreciables. Pero incluso con programas y estrategias bien definidos, el desorden marca el ritmo. Y no solo es perjudicado el consumidor común, sino la economía y su inserción en los mercados externos.
Cumplir las regulaciones establecidas no es solo un asunto de dinero, sino de orden social, que pasa por el conocimiento de los derechos y deberes.
Es el caso de las verificaciones de las básculas. Según la doctora Ysabel Reyes, subdirectora de Ciencia e Innovación Tecnológica del Instituto Nacional de Investigaciones en Metrología (INIMET), “si están aptas llevan un sello amarillo, si no el equipo debe tener uno rojo y no puede usarse. Eso es extensivo para todos los instrumentos de medición”.
Necesidad y posibilidad no siempre van aparejadas. La falta de recursos financieros ha impedido la adquisición de los equipos adecuados para el comercio. Sin embargo, la demanda de revitalizar el mercado interno y las exportaciones, hace ineludible no esperar más para cumplir con el Decreto-Ley 62.
Resulta imprescindible que los Organismos de la Administración Central del Estado acaben de establecer un sistema de medida único. Como dice un viejo axioma: “Si medir es costoso, no medir o hacerlo mal lo es mucho más”.
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