Humo, multas y “somatón”
Por Iramis Alonso Porro
1 julio, 2011
Pacheco, el chofer de la moto de Juventud Técnica, protesta. La arcaica Júpiter que maneja le ha jugado una mala pasada. A causa de un fallo en los pistones aumentó la expulsión de gases al exterior y al cruzar el Túnel de la Bahía le han puesto una multa por “contaminar el medio ambiente”.
Es injusto, replica, cuando intento convencerlo de lo contrario y apelo a nociones de seguridad vial y salud: porque el humo que circunstancialmente emanaba de su moto, dice, resulta insignificante si se compara con la bocanada de hollín y pestilencia que brota de la gran mayoría de los autos de los años 50 que circulan por la capital cubana prestando servicio de alquiler y, sin embargo, él –que anda en la calle más de ocho horas diarias– nunca ha visto que les impongan multa alguna.
No le falta razón. Cada día, el transeúnte aspira la insalubre cuota de monóxido y dióxido de carbono, óxido de nitrógeno, partículas suspendidas de azufre y otros oxidantes fotoquímicos, además de plomo, que regalan los “almendrones”, vehículos pesados, e, incluso, otros autos más modernos.
Nadie desconoce que el congestionamiento vehicular es causa principal en la contaminación del aire urbano. Ya en 1987 varios estudios avisaban que en zonas de La Habana, como el Cerro o el propio Túnel de la Bahía, se medían valores de concentraciones de gases superiores a los máximos admisibles (entre 20,2 mg/m3 de CO y 40,6 mg/m3, respectivamente).
La tendencia se quebró con la llegada del periodo especial, pero al mejorar las condiciones económicas y aumentar la circulación automotor, el humo volvió a niveles excesivos, asociado a la baja calidad de los combustibles fósiles que se emplean y al envejecimiento técnico del transporte, tanto estatal como individual. Investigaciones diversas plantean que existen tres modos de reducir estas emisiones. Con una adecuada gestión de tránsito se pueden disminuir entre cinco y diez veces; con la modificación de las características del combustible se lograría una rebaja de hasta el 30 por ciento. La tercera posibilidad implica mejorar la tecnología: el diseño del motor, las condiciones de combustión; y regular las pérdidas evaporativas.
Un análisis realizado hace algunos años por la máster Martha Amarales, del Centro de Investigación y Desarrollo del Transporte, expone que la situación financiera nacional imposibilita sistematizar la evaluación in situ de las emanaciones, por falta de equipamiento para el monitoreo de la calidad del aire.
Según la especialista, ello impide la elaboración de regulaciones y/o normas de emisión con carácter general, que además de considerar las categorías del vehículo atendiendo al peso y potencia, tengan en cuenta sus particularidades tecnológicas y desgastes, pues autos más modernos han comenzado a poblar las avenidas cubanas.
No obstante, existen mecanismos para subsanar las deficiencias en el mantenimiento correctivo y preventivo, ya que, al parecer, es impensable mejorar la calidad de la gasolina, lo cual dispararía su precio, ya elevado para las condiciones cubanas.
La Resolución 172-01 del MITRANS establece una propuesta de apreciación de las emisiones de forma diferenciada en vehículos con motor de gasolina y diésel, y según el año de fabricación.
Son las Plantas de Revisión Técnica Automotor, más conocidas como “somatones”, las instalaciones creadas para verificar ese parámetro, además de la suspensión, freno, alineación de las ruedas y luces, con el objetivo de lograr una mayor seguridad en la circulación vehicular, propiciar el ahorro de combustible y regular la contaminación.
La pregunta, entonces, sería si cumplen con la responsabilidad que el Estado ha puesto en sus manos para proteger a la ciudadanía. Cómo es posible que aquellos “dragones” hayan podido obtener el visto bueno para circular, como atestigua el sello que exhiben sus parabrisas. Incluso autos más modernos emulan con los antiguos en opacidad y volumen de humo. Lectores de la revista han escrito para quejarse y aseguran que los choferes quitan a tales carros los aditamentos que impiden la salida del tizne, en busca de más velocidad. No tenemos pruebas para suscribir la afirmación, pero cuando el río suena…
El uso de vehículos automotores es inherente al desarrollo, vinculado a todos los sectores de la economía y sujeto a alta demanda debido al crecimiento demográfico. Pero ese derecho a la movilidad que una noción de progreso ha traído a la especie humana, demanda también responsabilidad.
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