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Telecomunicaciones y medio ambiente

Cuando aprieta la corbata

El sector informático toma protagonismo en el “ecocidio”, bien como víctima, bien como victimario.  

Por: Toni Pradas
14 Octubre, 2011

El sector informático toma protagonismo en el “ecocidio”De las películas peliculeras de horror, siempre me espantó –más que la sangre, más que los filosos cuchillos– esa víctima con ojos desbordados de sus cuencas, que recababa el auxilio de la policía a través de un teléfono con el hilo cortado. ¡Please, help me!, balbuceaba. Y yo, comiéndome las uñas por la maldita comunicación interrumpida Otras veces no era tan horripilante el caso, pero sí igual de dramático: el buenazo astronauta perdía contacto con la Tierra, o el explorador del abismo no escuchaba la orden de retorno a su nave submarina a punto de agotársele el oxígeno.

Una sensación igual, algo así como un apriete de corbata, experimenté al leer un informe presentado en mayo pasado por el gobierno del Reino Unido, en el que la secretaria de Estado de Medio Ambiente de ese país, Caroline Spelman, aseguraba que las altas temperaturas pueden afectar las comunicaciones inalámbricas al reducir el alcance de estas; los temporales de lluvia impactar en la fiabilidad de la señal; y los cambios de temperatura en verano e invierno, dañar los mástiles y los cables subterráneos.

De manera que el cambio climático puede espeluznar también a Mundobit y no solo a los seres citológicos, dicen que salvados alguna vez por el Arca protectora en cierto cataclismo ambiental. ¿Podríamos vivir hoy, y en lo adelante, sin Internet y las telecomunicaciones?

“Si el cambio climático amenaza la calidad de la señal, o no puede lograrse esta debido a las fluctuaciones extremas de temperatura, estaremos en desventaja”, latigueó Spelman.

Tal como reconoce el informe, denominado “Infraestructura resistente al clima”, el impacto del cambio en las telecomunicaciones no está aún bien evaluado. Se conoce ahora que, por ejemplo, la variación de la vegetación podría afectar las ondas de radio o la caída de árboles sobre los tendidos eléctricos.

Semejante situación es uno de los pocos casos en que el mundo desarrollado tiene clara desventaja con respecto al rezagado, tecnológicamente, pues en materia medioambiental, se sabe, las taquicardias más crueles las sufren los países tercermundistas.

Como a mí, a la ministra Spelman debe asustarle que el teléfono no funcione justo cuando se proyecta la sombra agigantada de un cuchillo sobre la pared: “Imagine que a la altura de una emergencia el sistema de comunicaciones se cae o es adversamente afectado”, graficó tan bien como los filmes Apolo 13 o Abismo.

El capítulo dedicado a las telecomunicaciones en el informe británico, fruto de dos años de investigaciones, también analiza el impacto del cambio climático en otras infraestructuras, como las energéticas o el transporte. Como parte de la estrategia de adaptación a altas temperaturas, propone invertir en nuevas instalaciones que prevean la dilatación por el calor (digamos, de cables y rieles de ferrocarril) o la resistencia a fuertes lluvias y vientos.

Bamboleos

La “serpiente marina” Pelamis
La “serpiente marina” Pelamis es una prometedora tecnología de energía renovable para servidores

No es la primera vez que las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones tienen que vérselas con el ambiente. De hecho, muchos ya habían acusado el colosal gasto energético de servidores y hardwares durante sus faenas, si bien los diseños actuales han ganado en amabilidad con el medio.

Incluso Google, la más grande hucha de datos que se ha conocido desde el Big Bang, manosea un proyecto que le permitiría reducir la factura de la luz y, de paso, pagar menos impuestos.

Dicho de una sentada, Google quiere instalar sus servidores en pleno mar y abastecerlos gracias a la energía de las olas.

En 2007, la innovadora empresa patentó un sistema propio para colocar sus cerebros
de silicio sobre uno o más buques amarrados a un cuerpo sumergido, a partir del cual la energía del movimiento natural del agua puede recuperarse y transformarse en electricidad, y desde el cual el agua puede bombearse para evacuar el calor. Dichas barcazas pernoctarían a once kilómetros de las costas.

Google se anota un tanto como ambientalista

Conocida como undimotriz u olamotriz, aunque menos extendida que otras formas de energía marina como la mareomotriz, cada vez se aplica más.

En particular, la patente “googleana” incluye una tecnología en uso desde hace algún tiempo, conocida como sistema Pelamis, de la empresa escocesa de igual nombre. Su aparato flotante posee partes articuladas para obtener la energía con el bamboleo,lo que le ha valido el mote de “serpiente marina” Pelamis.

Semisumergida, la culebra es capaz de generar electricidad para unos 500 hogares. Aun así, a Google le tienta también poder conseguir mayor refrigeración para sus centros de datos.

El consumo eléctrico de los servidores de Internet –medio centenar de millones en total– constituye el 0,5 por ciento del gasto energético mundial, lo cual eleva su nivel de emisiones al de países como Argentina u Holanda. Casi nada…

Nubes negras

Apple, que ha pasado a ser la firma más importante del mundo
Apple, que ha pasado a ser la firma más importante del mundo tras desplazar a Google, es también la que posee sus datos ambientalistas más sucios.

Greenpeace está bravita, muy bravita. Luego de husmear en varias empresas, la ONG ha notado que la flamante cloud computing o computación en nube es perjudicial para el medio ambiente.

Según revela su reciente informe llamado “Make IT Green”, la organización ecologista considera que la nueva tendencia de Internet demandará alrededor de mil 963 millones de kilovatios por hora de electricidad para poder abastecer las necesidades de los centros de datos de las más grandes firmas para el año 2020.

El análisis de las inversiones realizadas en diez de las empresas favoritas delata a todas con números rojos y lo peor, desinteresadas en las energías renovables. Resultaron ser las más villanas, Apple, con un triste índice (6,7 %) de energía limpia; Facebook (13,8) y Microsoft (25). Y las más pulcras, Google (34.6) y Yahoo con un 55,9 %, pero todavía insuficientes.

¡Help me, please!, se escucha desde el medio ambiente. ¿Estará cortada la línea?
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