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El mapamundi de Facebook conecta ciudades ya relacionadas a través de la red social, que cuenta con 500 millones de usuarios. (Fuente: Paul Butler, Facebook). |
Como autos en una supercarretera, los bits se aprestan a viajar holgados. La oportunidad llegó con la tecnología de banda ancha, suerte de corredor por el que se envían simultáneamente varias piezas de información, con el objeto de incrementar la velocidad de transmisión efectiva..
En un mundo que avanza hacia la digitalización, la banda ancha, al estilo de un bateador a ambas manos, promete bienestar para empresas y particulares. Su fortaleza principal es que permite el acceso a contenidos vía Internet, usando una de las varias tecnologías de transmisión de alta velocidad, que aceleran el movimiento de la “carga” frente a las conexiones tradicionales de teléfono o inalámbricas.
Esta ruta, que se configura con más precisión en países desarrollados, está revolucionando la vida cotidiana, tal como lo hicieran, hace apenas unos siglos, las redes de transporte, agua y electricidad.
La colocación de servicios “en línea” cambiará en un futuro no muy lejano las interacciones entre los individuos, y de ellos con los gobiernos, las instituciones de salud y educativas y con esferas como el transporte, la energía y el cuidado del medio ambiente.
De igual manera, se perfilan nuevos modelos económicos, productivos y de consumo
para actividades que tradicionalmente ocupaban un nicho independiente en el entramado social
Imagine poder consultar los indicadores de gasto de electricidad en su hogar en tiempo real; tener acceso a una consulta especializada desde una comunidad intrincada, o disfrutar desde la cama de una teleconferencia.
La inundación de la realidad por dispositivos que permiten esa conexión perenn –como teléfonos inteligentes, tablets, e-books, televisión digital y consolas para juegos– ha provocado una virtualización sin precedentes e impulsado la convergencia de industrias hasta hoy autónomas.
Fibra en el cielo
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Para los doce integrantes de la Junta del Futuro, la conexión será una realidad omnipresente. (Foto: www.taringa.net) |
“Esta será la década de la banda ancha”, vaticinó en febrero pasado Hamadoun Touré, sentado en el Palacio de Convenciones de La Habana, mientras aventuraba que esta tecnología puede ser la solución de los “males diana” de los Objetivos del Milenio.
El presidente de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) recorre tribunas y ciudades desde hace algunos años prometiendo trabajar duro “para que cada ciudadano del planeta tenga acceso a una conexión de este tipo”.
Nuestra misión, afirma, es asegurar que todos los países posean un “plan digital” en función de la banda ancha, un ambiente propicio para su desarrollo y la formación de profesionales que impulsen su implementaciónefectiva.
Pareciera cosa de locos en un mundo disperso y poco dialogante, entretenido en otros apurillos cotidianos. Pero –sugiere el sesudo– es un asunto de prioridades.
“La inversión en cualquier tipo de tecnología de la información y las comunicaciones tiene un efecto positivo directo sobre el crecimiento del PIB”, dijo Touré. Un aumento del diez por ciento de la densidad telefónica de línea fija da un impulso del 0,5 por ciento, en tanto la teledensidad móvil produce un alza en 0,7 puntos porcentuales. A su vez, un incremento del diez por ciento en la penetración de banda ancha puede aupar el PIB en un promedio de 1,3.
Sin embargo, advierte, no se trata solo de accesibilidad, sino de asequibilidad. En este sentido, todavía deben eliminarse las abismales diferencias entre los países desarrollados, donde las suscripciones al servicio rondan, a lo sumo, el tres por ciento de un salario mensual, y las naciones menos adelantadas, en las que el valor del pago por el servicio mensual supera los ingresos promedio.
Mas, anuncia el propio funcionario, “hay buenas noticias”: en la mayoría de los países que han sido objeto de estudio por la organización durante el 2010, los precios de la banda ancha tienden a descender.
Las cuentas, según estimaciones de la UIT, son simples: el despliegue millonario de las redes de banda ancha puede financiarse por el costo de innovación y el ahorro en sectores vitales para la economía. A los ojos del directivo es razón suficiente para impulsar políticas desde los gobiernos a favor de esta tecnología.
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El proyecto O3b (Other 3 billion) ofrecerá cobertura de banda ancha a tres mil millones de personas en 150 países poco desarrollados. Los satélites se comunicarán con estaciones terrestres que extenderán la señal mediante tecnología inalámbrica. (Foto: www.enlopositivo.com) |
Pero –diría la gente de a pie–, ¿cómo llegar a países que no cuentan con la más elemental infraestructura para la comunicación?
Grandes empresas del mundo sueñan una solución. El proyecto O3b, Other 3 billion (otros tres billones, o miles de millones), espera poder enlazar a la mitad del globo que hoy carece de conexión, con el lanzamiento de una constelación de satélites de alto rendimiento, que formarán una “fibra en el cielo”.
La idea, aseguran sus gestores, permitirá apoyar las conexiones de banda ancha en África y otros mercados emergentes. El conjunto de satélites se pondrá a unos ocho mil kilómetros sobre la línea del Ecuador, por debajo de la órbita geoestacionaria utilizada para las telecomunicaciones, dando cobertura en todo el mundo.
Con un presupuesto de mil 200 millones de dólares, está previsto el lanzamiento de los ocho primeros satélites durante el 2013. Se estima que pueden llegar a sumar 20.
Nacidos para navegar
¿Será este el fin de la brecha digital? ¿Quedarán en ridículo las diferencias que hacen que en Corea del Sur exista una velocidad de conexión de 17 megas por segundo, mientras en las Islas
Doce estudiantes universitarios, de la generación que ha nacido con Internet como parte natural de sus vidas, estiman que sí. Durante un encuentro organizado por Microsoft, los representantes de Brasil, China, Hungría, India, Israel, Rusia, Arabia, España, Suecia y los Estados Unidos cocinaron predicciones para el porvenir.
La Junta del Futuro, como se hicieron llamar, adelantó cinco augurios para los próximos diez años. La conectividad será omnipresente, y las personas podrán trabajar virtualmente en cualquier lugar y momento, desdibujando la línea entre la vida laboral y personal. La evolución será apoyada por las empresas. Habrá interfaces más naturales, inteligentes y adaptativas. Los hogares contarán con tecnología integrada, y el impacto será tanto en las finanzas personales, como en la ropa que usamos.
El aprendizaje será manejado por el individuo, y la generalización de herramientas más eficientes para obtener información modelará una “inteligencia colectiva” que apoyará el proceso de tomas de decisiones.
No se habló allí –y sigue siendo un tema pendiente, dada la celeridad en el desarrollo
tecnológico– de los dilemas éticos de la sociedad del conocimiento que espera construirse, como el acceso, uso adecuado y calidad de la información, la libertad de expresión, la seguridad informática, y la protección de niños y adolescentes.
Quizás, a la vuelta de unos años, el mapamundi de las conexiones emule con el de Facebook, y complete continentes ahora oscurecidos, ponga luz en costas imaginadas solo después de recordar aquellas cartografías de la secundaria.