Alcanzar el fuego
La apertura y remodelación de espacios para el saber, algunos de altísimo simbolismo, como la Sala de Lectura que alberga los recién develados frescos del pintor Domingo Ravenet, matizaron las celebraciones por el Día Internacional de los Estudiantes en la legendaria Universidad de La Habana.
Por Daymaris Martínez Rubio
18 Noviembre, 2011
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(Tomada de La Jiribilla): “Prometeo encadenado” y “Prometeo raptando el fuego” (1945), las alegorías con que Domingo Ravenet habría representado al joven cubano y su azarosa lucha por el conocimiento. |
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Mañana de sol. Jueves calmo, aunque el alborozo de alguna voz juvenil rompía a ratos la inercia y recordaba que era día feliz, jornada de fiesta, en la más ilustre de las colinas habaneras. Una muchedumbre entusiasta se agolpaba en los bajos de la biblioteca Rubén Martínez Villena. Y en unas horas sería noticia en los diarios que es otra la suerte de millones de estudiantes en la Tierra.
María del Carmen Villardefrancos, directora de Información de la legendaria Universidad de La Habana, recordaba el privilegio de quienes pueden celebrar la fecha con la apertura y remodelación de espacios para el conocimiento, en los predios de una institución honrada con el estreno de dos aulas tecnológicas, y la reinauguración de una Sala de Lectura, en cuya bóveda habían sido develados dos valiosos frescos del reconocido pintor cubano, Domingo Ravenet.
El Día Internacional de los Estudiantes parecía el punto exacto para coronar un esfuerzo “enormemente compensado con la alegría de esta madre suprema de la educación superior cubana”, sugirió Villardefrancos, minutos antes dejar inaugurado el espacio que acoge dos aulas con capacidad para 30 personas, destinadas a cursos de plataforma de teleformación, herramientas de desarrollo, administración de redes, seguridad informática y otros similares, en la búsqueda de consonancias entre tecnología y calidad de la enseñanza.
A las novedades se sumaba una sala de servicios digitales con una ampliación a 50 estaciones de trabajo, y la posibilidad de acceso a redes de conocimiento –de Cuba y el mundo-, así como a publicaciones seriadas, repositorios y directorios de información, bases de datos y softwares educativos, disponibles de lunes a viernes durante 12 horas, y hasta las dos de la tarde, los sábados
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La mayor atención, sin embargo, parecía recaer en una obra de altísimo simbolismo: la Sala de Lectura, devuelta a su estado original gracias a la sensibilidad y empeño de trabajadores de la Oficina del Historiador de la Ciudad, presentes, esta mañana, en la figura del doctor Eusebio Leal, expuesto al flash prolongado de las cámaras y a la pupila curiosa de los muchachos.
“Aquí está, esta es obra de nuestro esfuerzo para ustedes”, resaltó Villardefrancos, en un discurso que tampoco quiso olvidar a los trabajadores de la institución universitaria y del Museo Nacional de Bellas Artes, imprescindibles en el éxito de una empresa “modesta” por su costo material, pero magnánima en esfuerzos, ilusiones, entrega y desvelos, según hizo notar la también profesora universitaria.
Los Prometeos de Ravenet –sugirió en sus vibrantes palabras- por fin se alistan a conquistar la llama que les fuera negada por aquella falsa república que, en 1945, año de creación de esas obras, condenaba al joven cubano a “las tinieblas de la ignorancia”, y al acecho “del águila imperial que se empeña en arrebatarle la vida.
“Estudiantes, –concluyó con voz emocionada- ya sin águila alguna que les impida el acceso al saber y al hacer como hombres de pensamiento emancipado y accionar libre y responsable, vístanse de Prometeos, alcancen el fuego, los espacios que hoy les entregamos son para ello”.
Un “jueves” Ravenet
De paso por la recién remozada la Sala de Lectura, JT tuvo el privilegio de conocer, así de cerca, qué emociones calaban los huesos de la doctora Mariana Ravenet, hija del reconocido artista cubano: “Estoy feliz…, y mucho. Sobre todo porque aún recuerdo el momento en que comenzaron las obras de tapiado. Ese día yo estaba en la biblioteca, porque era estudiante de la carrera de Psicología aquí en la Universidad de La Habana, a la cual dedicaría prácticamente mi vida…: acabo de jubilarme hace solo dos años.
“¿Cómo vivir con eso? Imagínate, fui dirigente sindical por dos décadas en esta misma universidad, y luché muchísimo por hacer algo, pero no logré demasiado. Mi consuelo es que de algo sirvió persistir. Ha sido fantástico volver a este lugar y contemplar los murales de mi padre. Dicen que estaban intactos y hay quien ve algo divino en eso. Yo prefiero pensar en el resultado, que es fruto del empeño de muchas personas, entre ellas, la directora María del Carmen Villardefrancos. Para ella mi especial agradecimiento”.
A la salida, entre parabienes y abrazos, se escucha un curioso comentario: con la vuelta de los Prometeos, la eternidad tendría a otro ilustre de descanso. Mariana sonríe, y repone en el acto: “Soy yo quien al fin duerme tranquila: mi padre murió antes de verlos tapiados”.
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