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Zeolita

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Con buena mar, la industria del mineral en Cuba podría enrumbar hacia un nuevo horizonte de soluciones económicas, refutar los mitos de una ciencia básica pasiva, y enlazar, con “as de guía”, laboratorios y sistemas empresariales en la Isla.  

Por Daymaris Martínez Rubio
Fotomontaje: Zullay Expósito Quintana
Fotos: Luis Pérez y cortesía de los doctores Aramís Rivera y Gerardo Rodríguez
11 Julio, 2011

ZeolitasEllas oxigenan la ciudad, a veces con la prisa de unos ojos sin rímel. Incluso si las alas van a medio estirar cuando los pies se sienten en verdad prescindibles. Pero, ¿ceder, dimitir de esas ganas enormes de soñar? Para las cubanas Aramís Rivera, Tania Farías y Anabel Lam, hay pocas cosas así: genuinamente imposibles.

Cada mañana, camino al modesto laboratorio de Ingeniería de Zeolitas del Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales (IMRE), las despereza un mismo ritual: “hijos y un tin de cafeína”, bromean, mientras se rearman, tras el siempre severo “nocao” nocturnal.

Patricia no quiere dormir. Tampoco Lucía. Ni María del Carmen ni Germán. Entonces ríen, agotadas, pero felices, a los pies de unos dibujos muy naif “para mamá”.

Año Internacional de la QuímicaMaternidad. ¡Vaya acertijo difícil! ¿Mucho más que la ciencia? “Infinitamente más”, asegura Aramís, que es cubana total, y una de las doce féminas, en todo el planeta, merecedoras del Premio Internacional de la Organización de Mujeres Científicas del Tercer Mundo (TWOWS), en su primera edición del pasado 2010.

Nació en un hogar modesto, decía la hoja suelta que leyeron los jurados entre centenares de historias académicas. Mas, lo admirable, lo que apuró el pulso de aquellas manos expertas, fue la juventud de sus dos décadas consagradas a la ciencia y a la investigación en zeolitas naturales, con finísimos obsequios al mundo de las moléculas.

Rocas zeolíticas, ¿las tenaces albañiles del anfiteatro Flavio? “Una de ellas”, aclara Rivera, mientras confirma que el Coliseo romano, tal como se le conoce a ese portento del pasado clásico, es también un precioso relicario de ladrillos, travertino, puzolanas, piedras volcánicas, ¡zeolitas!, y mármol.

Entonces, ¿es o no un mineral fascinante?, sonríe la también doctora en ciencias farmacéuticas, deslumbrada con la cristalina estructura de esa dama poderosa y selectiva, cuyo “corazón” es un tamiz molecular excelente: no cualquiera “se cuela” en su vida.

Parajes remotos

La ciencia es una dama “bromista”
La ciencia es una dama “bromista”. En la foto –ambientada por el arte de Patricia, María, Germán y Lucía–, las científicas Aramís Rivera y Anabel Lam (izquierda), “reflexivamente” divertidas.

Tania Farías, doctora en ciencias químicas, ya no podría contar con las manos los años dedicados a burbujas, enseres de alquimistas, y esos remotos paisajes de sol y de páramo con que suele asociar a la zeolita.

Las piedras “controlan” su hipotálamo. O al menos, la parte mejor de sus instintos, en esos ratos de solaz que acompañan al trabajo, capaces de durar horas enteras.

No en balde, los resultados del reciente estudio “Materiales compuestos (zeolita-surfactante-fármaco) con uso potencial en la industria farmacéutica”, acaban de proclamar al dueto de Farías y Rivera ganador del prestigioso premio Sofía Kovalievskaia, que otorgan la Fundación de igual nombre y la academia cubana de ciencias.

La investigación, confirman los expertos, no solo revela un progreso respecto al empleo de las zeolitas como soportes de fármacos en la preparación de formulaciones de liberación sostenida; también trae al mundo murmurando, rascando de vez en cuando su cabeza, por esas ventajas de la clinoptilolita (un tipo de zeolita) para el futuro de las investigaciones biomédicas.

En pocos segundos, frente a la pantalla de un simulador de procesos, las manos de Anabel Lam ponen un poco de arte a sus bocetos. Le ayuda la ciencia, que es su gran talento. “De hecho, llegó a ser una de las más jóvenes doctoras del país en el campo de la química”, nos dice Aramís, mientras celebra la armoniosa estructura de la clinoptilolita “muy semejante a un panal de abejas.

“Lo útil de esa ‘anatomía’ formada por túneles que se interconectan, es la posibilidad de transformar un material sin hacer las grandes modificaciones en su cuerpo. La ventaja puede ser tan económica que, basta una alianza con sales de zinc, para hacer de la zeolita un potente microbicida de probada eficacia en la potabilización de agua, por ejemplo.

“Claro, en el mundo se utilizan materiales sintéticos, mucho más eficientes en algunos casos. ¿Solo que cuál es su precio? Esta misma clinoptilolita, sin embargo, puede sustituir a una zeolita sintetizada a partir de compuestos de silicio y aluminio, con la intervención adicional de muy costosos reactivos.

“Entonces, si algún mérito tiene nuestro trabajo es que logramos acercarnos a los problemas de un país necesitado de soluciones económicas reales. Y no siempre serán grandes hazañas. De hecho, nuestras condiciones de investigación son bastante precarias. Aún así, notamos el interés y el respeto de la comunidad científica en el mundo cada vez que publicamos en revistas internacionales de impacto”.

Aramís y Tania “con flores”
Aramís y Tania “con flores”, durante la ceremonia de entrega de los premios Sofía Kovalievskaia, de Química, en marzo de este año. Meses antes, en 2010, las muchachas habían ganado el lauro al trabajo de mayor trascendencia y originalidad que otorga la Universidad de La Habana (a la cual pertenece el IMRE).

“Un dato suele pasar inadvertido: Cuba es el único país en el planeta productor de medicamentos a partir de zeolita natural. ¿Qué no estén en farmacias?, son otros cinco pesos”, subraya Gerardo Rodríguez, doctor Aramís (la primera a la derecha) junto a la cubana Aimé Peláiz, durante la ceremonia de entrega del Premio Internacional de la Organización de Mujeres Científicas del Tercer Mundo (TWOWS). El galardón fue concedido por primera vez en 2010 a una docena de féminas de todo el planeta. en ciencias físicas, y fundador del Laboratorio de Ingeniería en Zeolitas del IMRE.

“Lo del ‘mineral del siglo’ no es cierto”, aclara Rodríguez con mucho tiento. Le molesta la hipérbole, la deshumanización de las cosas, y el tono insensato de esos pregones de antaño, que habrían visto en la piedra porosa toda una novela a lo Julio Verne.

“Si alguna perspectiva poseen las zeolitas naturales es su capacidad de convertirse en productos terminados con alto valor agregado. Como el antiácido y antiadiarreico nuestros, elaborados hasta hace unos años por la industria farmacéutica (Imefa), a partir de una ciencia básica de excelencia en condiciones de ser aplicada.

“Luego, el error que cometen quienes tratan de comercializar este tipo de mineral en el mundo, es que han querido equipararlo en valor a materias primas como el cobre, el oro o el azúcar, de las más costosas. Pero, zeolita ‘natural’ no es lo mismo que ‘sintética’. Es más, llega a haber considerables diferencias. Por tanto, pensemos solo una cosa: nuestro mejor yacimiento es la inteligencia”.

¿Una piedra en el zapato?

ceremonia de entrega del Premio Internacional de la Organización de Mujeres Científicas del Tercer Mundo
Aramís (la primera a la derecha) junto a la cubana Aimé Peláiz, durante la ceremonia de entrega del Premio Internacional de la Organización de Mujeres Científicas del Tercer Mundo (TWOWS). El galardón fue concedido por primera vez en 2010 a una docena de féminas de todo el planeta.

No es que fuera un coleccionista piadoso, pero Juventud Técnica tenía sus devotos. “La gente las guardaba, y yo también”, confiesa Rodríguez, blandiendo el papel de un número de 1988.

“Recuerdo un artículo del periodista Ricardo Potts dedicado a la zeolita y al estado de un programa nacional para su desarrollo, con un llamado a la unificación de esfuerzos y a la distribución racional de estudios y aplicaciones en la Isla. Porque en los 80, las apuestas por el mineral fueron muy serias y llegaron a existir, en todo el país, más de una veintena de instituciones dedicadas a ese fin.

“Entonces, sobrevino el periodo especial. Se detuvo la marcha. Y ahora estamos en el punto favorable en que una empresa nacional, comienza a plantearnos las alianzas con que soñamos veinte años atrás”.

A Rodríguez los relojes no le abruman: “parece lógico que en épocas de crisis los Estados definan qué es prioridad”. Lo preocupante, asegura, lo que ha lastrado aquellas perspectivas, es la falta de una cultura de diálogo entre laboratorios y sistemas empresariales en la Isla.

¿Qué los bueyes no acompañan la carreta? “Es una de nuestras grandes insatisfacciones. Y probablemente una de las más decisivas causas de las ‘soluciones de gaveta’”, sospecha Rodríguez, persuadido de que “no queda más que aprender el lenguaje de la empresa, echarse las responsabilidades encima y salir a vender nuestra ciencia.

“De hecho, la idea con la cual trabajamos dentro del sistema de innovación tecnológica en el IMRE, es llegar a un producto terminado”. Como el Enterex, el antidiarreico que Imefa dejó de producir apenas entrada la pasada década; un bache seguido de largos silencios, demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.

Para Aramís Rivera, una de sus más cercanas colaboradoras para el desarrollo de antiácidos zeolíticos, “en la interfaz ciencia básica-industria farmacéutica, se interponen prioridades reales que dificultan la competencia. Sin embargo, habría que revisar cómo anda la infraestructura para hacer frente a las múltiples demandas.

“Encima, vivimos una situación de crisis económica a la cual no podemos darle la espalda. Pero el Enterex, por ejemplo, es algo simple. Se trata de la zeolita extraída del yacimiento, purificada con agua, y esterilizada. Es decir, a partir de cero modificaciones químicas, resulta un antidiarreico que hoy no existe en farmacias”.

Su origen natural no es lo único distintivo. También resalta su facultad (exclusiva en el mundo conocido)de atacar los síntomas que provocan las llamadas enfermedades diarreicas agudas (EDA), tan comunes en países de clima tropical.

“La zeolita, explica Rodríguez, es un gran adsorbente capaz de atraer y eliminar las toxinas que acompañan a los microorganismos. Ya en el caso de una ingesta por exceso de grasa, lo que adsorbe son los ácidos biliares conjugados que produce el hígado para digerirla. Es, por tanto, el único medicamento de su tipo capaz de surtir efecto ante cualquier variante de las EDA.

“Esa es la diferencia con el resto de los antidiarreicos conocidos, que detienen el movimiento intestinal y retienen las deposiciones artificialmente. Pero, no son como el Enterex: siguen siendo un paliativo”.

Como dato adicional, apunta el experto, bastan solo cuatro tabletas del producto para eliminar los síntomas de una EDA en humanos adultos. Si con solo una tonelada de clinoptilolita podrían producirse un millón de tabletas, calcule usted mismo el beneficio: 250 mil individuos.

Se trata, precisa, de un producto con altísimo valor añadido, cuyo precio de mercado multiplica centenares de veces al de la propia zeolita natural. “Soy optimista, lo confieso. Sobre todo, porque en la actualidad nos encontramos reelaborando los registros médicos de productos como el Enterex (antidiarreico), el Neutacid (antiácido), además del ZZ, un microbicida de espectro amplio que se utiliza, lo mismo como materia prima para la elaboración de medicamentos, como para purificar el agua potable. Claro, el resultado no será inmediato. Las normas para la obtención de registros médicos obligan a volver sobre un largo proceso, y es mejor ser cautelosos con las expectativas”.

Un modelo de purificador doméstico
Un modelo de purificador doméstico diseñado por el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI). Sus potencialidades andan tan fuera de serie que una sola bolsa de
cien gramos del producto zeolítico ZZ, situados dentro de una jarra, pueden purificar hasta 150 litros de agua.

¿Caen los mitos de una ciencia básica “pasiva” y distanciada de las soluciones económicas “concretas”? Son estereotipos discutibles por completo, sugiere Aramís, mientras adelanta: “Estamos inmersos en el reinicio del diálogo con otros protagonistas de un capítulo que no debe quedarse en el componente investigativo. La realidad es que dependemos de otras entidades, las cuales, por fortuna, hoy se muestran dispuestas a acompañar nuestros procesos de innovación tecnológica.

“Aquí, en el IMRE, se ha trabajado mucho, se ha hecho un gran esfuerzo. Por tanto, cuando el juego se pone difícil, me gusta pensar que nuestras soluciones son como bates emergentes. Que aquí estarán, si la plata aparece”. Lo importante es no detenerse, dice. Y ya intuyo el secreto que guardan esos ojos felices, cual si hubieran encontrado ¿su piedra filosofal?

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