Breve reflexión acerca de las seudomedicinas
En Argentina el intrusismo de estas es cada vez más cotidiano. Pero su principal metodología es como una práctica semi oculta de tipo privado, que se traduce en un buen negocio a costa de la salud de sus clientes
Por Carlos A. Quintana, del Laboratorio de Arqueología de la Universidad Nacional de Mar del Plata*
quintanamdp@gmail.com
14 Febrero, 2012
Estuve siguiendo el interesante debate generado a partir del artículo “Medicina sin Apellidos” y me preguntaba si podía participar. Mi duda surgía por dos cuestiones: una, que las intervenciones acerca de la naturaleza ficticia de las llamadas medicinas alternativas son contundentes y mi contribución sería redundante; la otra es que no soy médico aunque he publicado varios artículos y un libro sobre el impacto en la sociedad de las disciplinas irracionalistas (incluso las seudomedicinas). Ambas vacilaciones las despejé con la convicción que siempre se debe contribuir a denunciar los peligros de las seudociencias, y que no ser médico no me invalida a opinar acerca de lo que no es medicina.
Este último aspecto me resulta crítico, pues en este tipo de debates suele surgir la descalificación vinculada a la titulación “usted no es médico ergo, no puede opinar”. Un médico no practica la medicina cuando poda el césped o cuando compone su auto averiado, sino la jardinería y la mecánica. Pues resulta que un médico cuando recurre a la homeopatía, a la acupuntura, al reiki, a la osteopatía, a la quiropraxia, a la iridiología u otras disciplinas por el estilo no practica la medicina, sino la magia.
Durante este debate las defensas de prácticas irracionales como alternativas de la medicina, o como si fueran medicina, han planteado clásicas falacias argumentativas: la antigüedad, la autoridad y la tradición. Ninguno de estos tres tópicos puede sostener a esas disciplinas como científicamente válidas. Y el motivo, que puede generar interesantes debates intelectuales acerca de la delimitación entre la ciencia y la seudociencia, se puede sintetizar en que las seudomedicinas no se basan sobre evidencias sino que son actos de fe sostenidos por dogmas.
Muchos de estos dogmas resultan reiterativos en sus formas, se copian unos a otros en un círculo vicioso que solo es posible de sostener con la ausencia de pensamiento crítico. Por ejemplo, muchos curanderos han copiado el modelo esotérico de la acupuntura que reproducen con diferencias menores en varias seudomedicinas. Ese modelo tiene tres componentes comunes:
1- La existencia de la energía vital que fluye por el cuerpo.
2- La afirmación que el cuerpo se enferma cuando el flujo energético es bloqueado.
3- La aplicación de algún ritual para volver a establecer el libre flujo de la energía vital.
A su vez las disciplinas seudomédicas suelen contar con un líder al que se le debe obediencia religiosa y que nunca debe ser cuestionado y, mucho menos, actualizado. Así, se sostienen inmutables Hanneman y la homeopatía, Bach y su té de flores mágicas o Von Pèckzely y la iridiología, entre muchos otros ejemplos. Dentro de este contexto de práctica irracionalista no faltan los rituales para que el curanderismo filo académico sea, todavía, más cercano a una práctica esotérica.
En el siguiente cuadro se pueden sintetizar estas ideas mostrando algunas seudomedicinas que siguen el modelo del balance-desbalance de la energía vital. Las marcadas con un asterisco indican que fueron inventadas a partir de una sola experiencia mística que actuó como iniciadora.
Pseudomedicina |
Nombre de la Energía Vital |
Ritual |
Gurú |
Acupuntura |
Chi |
Clavar agujas |
Aparentemente consejeros chinos milenarios |
Auriculoterapia |
Chi |
Oprimir la oreja con semillas |
Desconocido |
Ayurveda |
Doshas |
Meditación e ingesta de hierbas |
Maharishi Mahesh Yogui |
|
Chi |
Oprimir el cuerpo con los dedos |
Desconocido |
Feng Shui |
Energía o Chi |
Ordenar muebles y objetos |
Desconocido |
Flores de Bach |
Energía Vital |
Exponer el té de flores al sol |
Edward Bach |
Homeopatía |
Energía vital o Natura Medicatrix |
Agitación de las pócimas |
Samuel Hahnemann * |
Moxibustión |
Chi |
Clavar agujas calientes |
Desconocido |
Iridología |
Vibraciones |
Observar el iris |
Ignaz Von Pèckzely * |
Quiropraxia |
Inteligencia innata |
Mover las vértebras |
Daniel David Palmer * |
Reflexología |
Chi |
Masajear los pies |
William Fitzgerald |
Reiki |
Energía Vital Universal o Ki |
Movimientos de manos |
Mikao Usui * |
Terapia Cranio-sacra |
Energía Vital o ritmo cráneo sacro |
Movimientos de manos en “estaciones” |
William Sutherland |
Toque Terapéutico |
Energía curativa |
Imposición de manos |
Dolores Krieger |
Estas reflexiones, que son a modo de ejemplo ya que insisto en que las otras contribuciones fueron contundentes y no quiero ser reiterativo, me llevan a preguntarme quién puede sostener con sinceridad intelectual que este tipo de prácticas tienen rigor científico.
Digresión, aunque no tanto
Mi contribución cuestiona ideas que considero falaces y engañosas, y no a las personas que las sustentan que merecen el mayor de mis respetos. Pero no puedo dejar de manifestar mi desagradable sorpresa que ocurra una defensa de las seudomedicinas, y de las más variopintas, precisamente en Cuba. Muchos latinoamericanos consideramos a la sociedad y a la ciencia cubana con un enorme respeto y como un modelo a imitar en muchos aspectos. Sin embargo, encuentro como una fea mueca de la historia reciente esta proliferación del anti racionalismo, más cercano al posmodernismo feyerabendiano o al anarco primitivismo, que al pensamiento serio y responsable. Ya en muchos foros se aprovecha este desliz intelectual para atacar, injustamente, a la sociedad cubana en su conjunto. Estas prácticas seudomédicas, bien representadas en la “Cuarta Convención Nacional de la Sociedad Cubana de Medicina Bioenergética y Naturalista - 2012” parecen más afines a una ideología que plantea la concentración de la riqueza y la diferenciación (por ejemplo en medicina para ricos y curanderismo para pobres) que a una alternativa socialista.
Paradójicamente esa convención, plantea como lema “Todos unidos en un único propósito: una mejor calidad de vida en un sistema de salud cada vez más eficiente”. El sectarismo disciplinar e intelectual que se plantea en esa convención muestra la debilidad de la propuesta científica, tal como lo hacen los creacionistas “científicos”. Esas disciplinas jamás han pasado satisfactoriamente un control científico, sus pócimas no aceptan grupos de control ni toleran pruebas doble ciego o la mínima contrastación de sus principios dogmáticos.
¿Se animan a debatirlo públicamente en la convención?
¿Podrían diferenciar una muestra de agua de una pócima homeopática? ¿O mostrar los canales energéticos en la anatomía humana? ¿Medir la energía vital? ¿Un simple experimento doble ciego con las pócimas de Bach?
¿O sólo pueden participar los convencidos?
No se tome este comentario como una crítica a la querida sociedad cubana; reconozco que en muchos países de América Latina florecen las seudociencias, sin embargo el contexto parece, dolorosamente, diferente al de Cuba.
Por ejemplo, en Argentina el intrusismo de las seudomedicinas es cada vez más cotidiano. Pero su principal metodología es como una práctica semi oculta de tipo privado, que se traduce en un buen negocio a costa de la salud de sus clientes (digo “clientes” porque pacientes tienen los médicos). Raramente el curanderismo es financiado o alentado por el Estado, las seudomedicinas que más proliferan en las universidades son el psicoanálisis, la homeopatía y la acupuntura. De ellas, solo el psicoanálisis tiene una carrera de grado. El resto se difunde como cursos de postgrado, que no cumplen con las incumbencias curriculares de las carreras de medicina o veterinaria. Es decir, no son habilitantes de la práctica médica, tienen la misma validez que un curso de bonsái. Y su implementación no deja de ser una oveja negra, una vergüenza dentro del mundo académico. Como un escándalo fue tildado el reciente intento de postgrados en seudomedicinas de la Universidad Nacional de Córdoba. Aún con este panorama, la incidencia del pensamiento mágico en la enseñanza universitaria de la ciencia es un problema.
Para terminar, como expresó el Dr. Jorge Bergado la medicina no requiere apellidos, es medicina a secas. Lo demás es charlatanería.
*Carlos A. Quintana. Es miembro del Laboratorio de Arqueología de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina. Ha publicado numerosos artículos de crítica a las seudociencias y participado en congresos del tema. Ha publicado varios libros de divulgación científica (uno de ellos recientemente premiado por el Ministerio de Ciencia) y publicado un libro acerca del pensamiento irracional.
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