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El auge de la Medicina Natural y Tradicional y la formación de los profesionales de la salud

La idea es convertirlos en profesionales capaces de razonar y de integrar todos los conocimientos adquiridos sobre las ciencias básicas en la toma de decisiones médicas.

Por Emilio Carpio Muñoz. Médico. Especialista de Primer Grado en Histología y de Segundo Grado en Inmunología. Doctor en Ciencias Médicas. Profesor Titular
21 Febrero, 2012

Mi participación en este foro es básicamente para apoyar los planteamientos del Dr. Bergado y los contundentes argumentos esgrimidos por quienes comparten sus ideas. Por tanto, no voy a repetir criterios que no sabré expresar de manera tan elegante. Aprovecharé el espacio para tratar otra arista del problema.

Me temo que uno de los aspectos negativos que trae la insistencia en propagar y estimular el desarrollo de la llamada MNT en nuestro país es que puede constituir una interferencia en el desarrollo del raciocinio de nuestros estudiantes de ciencias médicas y en la formación de profesionales con una concepción científica del mundo. Permítanme ilustrar esta idea con una anécdota personal.

Por más de 25 años he sido profesor de Histología e Inmunología en una Facultad de Medicina. Siempre he tratado de inculcar a mis estudiantes una concepción científica del mundo; que comprendan la relación existente entre las estructuras que componen nuestro cuerpo (las moléculas, las células, los tejidos y los órganos) y sus respectivas funciones. Suelo explicarles cómo los signos y síntomas de las enfermedades obedecen a alteraciones o cambios en estas células o moléculas y por tanto, por qué las intervenciones médicas serían más efectivas en la medida que se basen en estos conocimientos. También los estimulo a que tengan una actitud escéptica (la duda cartesiana) ante lo que le dicen o leen y a que traten de indagar en el porqué de las cosas. La idea es convertirlos en profesionales capaces de razonar y de integrar todos los conocimientos adquiridos sobre las ciencias básicas en la toma de decisiones médicas.

Un día entraron a mi Facultad, con fuerza de tsunami, el ying y el yang, las energías, los meridianos, los puntos de acupuntura y toda la parentela adjunta. Llegaron con tanto empuje que aquello se convirtió en una moda difícil de ignorar. Recuerdo cuando reunieron a los estudiantes de sexto año en el anfiteatro para “entrenarlos” en acupuntura y una profesora de Fisiología, quien se convirtió de la noche a la mañana en experta del ying y del yang, les explicaba (quiero decir, les decía) dónde estaban el punto riñón o el punto hígado. Yo, que pasaba cerca del anfiteatro me detuve a escuchar y me dije: Ahora uno de mis ex estudiantes va a levantar la mano y preguntar, ‘Profe, ¿cómo saben que ahí está el punto riñón y no un poco más abajo, digamos, cinco centímetros?”. Para mi sorpresa y decepción, la pregunta nunca se hizo, los estudiantes se limitaron a anotar en sus libretas dónde era que estaba cada punto, luego, en sus casas, les tocaría memorizar todo aquello y ya estarían en el camino de ser especialistas en MNT. Me dije: “Y qué hacen ahora con todos los conocimientos de biología celular y molecular, con los principios de la farmacología y con todo lo que intentamos enseñarles por años, pero principalmente ¿qué fue del espíritu escéptico e inquisitivo que tratamos de inculcarles?

Luego, en una reunión de mi departamento, me dijeron que en cada clase de Histología debía hablar de la MNT. Me explicaban cómo hacerlo: “Por ejemplo, si vas a explicar la estructura microscópica del riñón tienes que decirles donde está el punto riñón”. No lo hice. Pensé que cuando dijese eso, en realidad estaría diciendo otra cosa; el mensaje que les iba a transmitir era este: Queridos estudiantes, todo aquello que les contaba sobre la necesidad de conocer la estructura y la función del cuerpo humano, fundado en datos comprobables empíricamente, aquello que sería la base para ejercer una medicina basada en la ciencia, todo aquello era mentira, miren para acá, aquí está el punto riñón; no me pregunten cómo se sabe que está ahí, lo importante es que si ponen una aguja en este lugar, entonces ocurrirá que El hombre recibe el Qi que se mueve entre los riñones del Cielo como sus influencias vitales. Los riñones están asociados a la primera de las Doce Ramas Celestes; son el asiento del Agua; están asociados con el trigrama Kan, el símbolo de las regiones del Norte. Están vinculados con el número 1 del Cielo y se relacionan con el primero de los Cinco Movimientos, precediendo al fuego, la madera, el metal y la tierra. De ahí que son el origen de las influencias vitales; ellos constituyen la raíz y el fundamento de todos los vasos.

Dejo a la imaginación de los lectores la cara de perplejidad que hubiesen puesto mis queridos alumnos.

Para terminar, felicito a los que han hecho posible este tipo de debate, tan necesario para nuestra sociedad actual. Quiero aprovechar esta oportunidad para dar una opinión, que ya di en el momento y en el lugar apropiado (en la discusión de los Lineamientos de la Política Económica y Social del VI Congreso del PCC): Creo que el desmedido auge y apoyo que se le está dando al desarrollo de la llamada MNT en Cuba es un error. En general son prácticas seudocientíficas que cuando “funcionan” no aportan otra cosa que un efecto placebo (1). El artículo 158 de los lineamientos dice “Prestar la máxima atención al desarrollo de la medicina natural y tradicional”; yo propuse lo siguiente: Eliminar dicho artículo pues se contradice con el acápite 154 que dice ‘Elevar la calidad del servicio que se brinda, lograr la satisfacción de la población, así como el mejoramiento de las condiciones de trabajo y la atención al personal de la salud. Garantizar la utilización eficiente de los recursos, el ahorro y la eliminación de gastos innecesarios”. Las negritas son mías.

La cuantiosa inversión de recursos en la llamada MNT nunca va a traer como resultado una modificación favorable en los indicadores de salud más importantes tales como la mortalidad por cualquier causa; y existe el peligro, con componentes de índole ética, de que el paciente se sienta inducido a preferir algunos de esos tratamientos, a otros con eficacia y seguridad demostrada; aunque tampoco abogo por su prohibición, pues sería quitarle una opción a la población y debemos respetar la diversidad de criterios y preferencias del ser humano.

Como ha dicho el profesor Fernández Sacasas, la medicina es ciencia y arte (aunque cada vez más ciencia y menos arte, digo yo) y utilizar el efecto placebo en beneficio del paciente (sin timarlo) también puede ser ético. Por ejemplo, en trastornos como la sacrolumbalgia crónica, el empleo de la acupuntura puede ser más útil para algunos pacientes (aquellos más susceptibles a estos placebos) que muchas drogas como los analgésicos y los anti-inflamatorios (2), aunque las evidencias indican que da igual poner la aguja en uno u otro punto (3).

Resumiendo, yo propondría dejar estas prácticas de la MNT a un nivel mínimo y solo para trastornos muy específicos. Preferentemente aquellos donde se demuestre su seguridad y eficacia, según los métodos aceptados por la comunidad científica como un “ensayo clínico controlado” Ah, y  nada de Homeopatía, por ser el paradigma perfecto de la seudociencia.

Reitero mi agradecimiento por hacer posible este debate y por permitirme opinar.

Referencias

1. Bausell R.B. (2007). Snake Oil Science: The Truth about Complementary and Alternative Medicine. Oxford University Press.
2. Berman BM, Langevin HH, Witt CM, Dubner R. Acupuncture for chronic low back pain. N Engl J Med 2010;363:454-46.
3. Cherkin DC, Sherman KJ, Avins AL, Erro JH, Ichikawa L, Barlow WE, Delaney K, Hawkes R, Hamilton L, Pressman A, Khalsa PS, Deyo RA. A randomized trial comparing acupuncture, simulated acupuncture, and usual care for chronic low back pain. Arch Intern Med. 2009 May 11;169(9):858-66.

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