Por una medicina natural y tradicional científica y revolucionaria
El lineamiento 158 aprobado por el VI Congreso del PCC nos ofrece una oportunidad excepcional, al trabajar en su implementación, de librarnos del modelo burgués de la “medicina alternativa” de origen mercantilista, carente por completo de sentido en nuestro país, y adoptar nuestro propio modelo de medicina natural y tradicional, científica y revolucionaria
Por Dr. Juan V. Lorenzo Ginori, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular Consultante e Investigador Titular en la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, Miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba
6 Febrero, 2012
He seguido atentamente durante los últimos días el debate de opinión que tiene lugar acerca de la proliferación de un variado conjunto de prácticas seudocientíficas en el sistema cubano de salud. Considero que debemos agradecer al Dr. Jorge A. Bergado, a cuyos planteamientos me adhiero, el haber sacado a la luz pública este agudo problema.
Por otra parte, no me parece necesario abundar en los aspectos estrictamente científicos de este debate, pues los elementos aportados por las contribuciones de los Doctores Osvaldo de Melo, Jorge V. Gavilondo, Roberto Mulet, Arnaldo González, Luis Carlos Silva y José A. Fernández, que me han precedido, se unen a los del Dr. Bergado para dar una justa respuesta, desde una óptica científica bien fundamentada, a cualquier planteamiento favorable a estas prácticas, seudocientíficas en unos casos y obviamente místicas en otros.
Valoro en especial los comentarios vertidos por el Profesor Fernández Sacasas, quien nos ofrece una perspectiva científica y además muy equilibrada y profunda sobre este tema, desde el punto de vista de la profesión médica.
De igual forma, aprecio la contribución al debate realizada por el Ms.C. Felipe Abreu, pues, aunque discrepo de sus puntos de vista, estos nos han ofrecido la oportunidad de tener un conocimiento más cercano de ellos.
En particular me ha parecido muy oportuno el ofrecimiento del Dr. Luis Carlos Silva al Ms.C. Felipe Abreu, en el sentido de colaborar para someter a experimentos científicos rigurosos, la demostración de algunas hipótesis formuladas por este último. Confío en que esta propuesta en algún momento tendrá una respuesta positiva y podamos conocer sus resultados.
No obstante, hay dos aristas del tema que a mi juicio merecen ser abordadas. La primera de ellas tiene su origen en mi experiencia como profesor universitario de la carrera de Ingeniería Biomédica, e investigador científico en este campo durante muchos años. Durante este tiempo, he sido testigo de variados intentos, con mayor o menor éxito, de implicar a especialistas de la Ingeniería Biomédica en diferentes trabajos orientados a desarrollar equipos y tecnologías para este tipo de “medicina alternativa”.
Así pude enterarme (téngase en cuenta que estos “desarrollos” nunca aparecen reflejados en la literatura científica seria que habitualmente consulta un investigador) de la existencia de equipos para magnetoterapia de campos magnéticos estáticos, software para el análisis de biorritmos, procesamiento digital de imágenes para la iridología computadorizada y otros.
Es conocido que nuevos “aportes” de la tecnología moderna se suman a los anteriores, como ocurre con las pulseras holográficas, tan populares en los últimos tiempos entre las personas pudientes en algunos países ricos. Si a esto sumamos la presencia de la homeopatía, la terapia floral y otras “técnicas” que han sido “desarrolladas” en países del llamado Primer Mundo, con toda la carga de recursos humanos y materiales en ellas invertidos, podemos extraer inmediatamente una primera conclusión: no es más que un mito el que esta mal llamada medicina alternativa sea una solución económicamente ventajosa para las carencias materiales que pudiera experimentar nuestro sistema de salud, aún si sus resultados fuesen realmente efectivos y no únicamente -cuando existen- una consecuencia del efecto placebo.
De la misma forma, a mi juicio –como ha sido expresado en otras opiniones publicadas en JT- esta tampoco debería ser considerada como parte de la medicina natural y tradicional. Esta es la razón por la que, en esta opinión, el término “medicina alternativa” aparece entrecomillado.
Es entonces que arribamos al segundo aspecto de la cuestión: ¿Por qué se sostienen y difunden estas prácticas en los países capitalistas desarrollados? ¿Existe algún interés en esas sociedades de aliviar, mediante aquellas, las carencias de las clases menos favorecidas en materia de salud? En el caso de la segunda pregunta, no ha de ser así, pues ya se ha podido evidenciar que en general esta “medicina alternativa” dista de ser barata para quienes son tratados con ella en esos países.
Entonces, en mi opinión, surge una clara respuesta para la primera: la razón de ser de la “medicina alternativa” en los países capitalistas desarrollados está dictada por las leyes del mercado y tiene su fundamento en la existencia de numerosos clientes potenciales, crédulos y solventes, algunos tal vez seguidores de ciertas “modas” impuestas por la profusa propaganda comercial, otros desesperados ante situaciones críticas de salud para las que no han encontrado solución. El objetivo es siempre obtener jugosas ganancias, con el ejercicio mercantilista de la medicina privada.
Considérese adicionalmente que ya son varios los gobiernos que, como respuesta a los resultados de numerosas investigaciones que han demostrado la inutilidad de estas prácticas, les han retirado totalmente el apoyo económico que alguna vez recibieran a través de programas de seguridad social. Sin embargo, ellas han quedado firmemente instaladas en el sector de la medicina privada, que se encarga con gran entusiasmo de su promoción, divulgación y práctica, con los fines antes mencionados. No es de extrañar entonces que a las prácticas seudocientíficas se hayan sumado, con iguales propósitos, diferentes procedimientos y creencias orientales, de origen místico.
¿Qué ha sucedido, en mi opinión, en nuestro país? Que ante el planteamiento justo y oportuno de la necesidad de desarrollar la medicina natural y tradicional como parte integrante de nuestro sistema de salud, ha sido importado de forma un tanto espontánea y desordenada el modelo de “medicina alternativa” utilizado por la medicina privada, mercantilista y burguesa, propia de los países capitalistas desarrollados, y divorciado tanto de la ética de nuestra medicina como de las necesidades de nuestro país. ¿No es acaso la puesta a la venta del producto homeopático Vidatox, al exorbitante precio de 205 CUC el frasco de 30 ml, con propaganda comercial incluida, una palpable evidencia de este fenómeno?
Muchos de los promotores de este proceso probablemente lo hayan hecho de buena fe, aunque cargando sobre sí el lastre de una formación científica a todas luces deficiente y con serias lagunas. Tal vez se hayan dejado llevar por cierta tendencia a introducir en nuestro medio, sin una concienzuda crítica, lo que se exhibe como exitoso en algunas sociedades del Primer Mundo. Tampoco faltarán quienes hayan visto en esta actividad una oportunidad de medrar, al dedicarse a prácticas que han estado proporcionando -no por infundados, menos proclamados- “éxitos” profesionales, con relativa facilidad. Conozco incluso casos de “oportunas” colaboraciones internacionales asociadas a las seudociencias.
No hay dudas de que en Cuba esta “medicina alternativa” está resultando efectivamente costosa para nuestro pueblo: con presupuesto del Estado se desarrollan programas universitarios de postgrado en diferentes carreras, incluyendo diplomados y maestrías con la dedicación de numerosos recursos humanos (profesores y alumnos, personal de apoyo que perciben salarios por participar en estas actividades), y materiales (locales, recursos audiovisuales, consumo de energía eléctrica, etc.). En ellos se adquiere la posibilidad de lograr incrementos salariales al obtener títulos de máster en estas “disciplinas”, o créditos para el ascenso de categoría, siempre involucrando personal que de otra forma podría prestar servicios de salud serios y confiables. Se han creado, además, redes de farmacias homeopáticas y se han destinado en ocasiones recursos a desarrollar “tecnologías” para la implementación de algunas modalidades de la “medicina alternativa”.
¿Y qué decir de la descapitalización intelectual de los profesionales que se dedican a estas prácticas, en lugar de asumir los retos inherentes a los estudios científicos profundos, que siempre han caracterizado a las especialidades médicas y otras afines?
¿No podrían estos recursos destinarse a realizar mejoras en nuestro sistema de salud, que tuvieran un éxito asegurado a partir de su probado fundamento científico?
Considero muy acertado que la dirección de nuestro Gobierno y de nuestro Partido haya llamado a los profesionales de la salud a introducir la medicina natural y tradicional, con el propósito de dar respuestas efectivas y económicas a algunas de nuestras carencias y como útil complemento de nuestro sistema de salud. Cuando esto ocurrió, pensé en las enormes posibilidades que brindaría a nuestros médicos el dominio de los fundamentos científicos –por ejemplo- asociados a la aplicación de numerosas plantas medicinales, el conocimiento de sus principios activos y de las mejores formulaciones para su empleo en la curación o alivio de los pacientes en diversas enfermedades, con recursos al alcance de todos, e incluso que tendría sentido promover el cultivo organizado de -al menos- las plantas medicinales más importantes.
La participación de la ciencia cubana en la medicina natural y tradicional también podría facilitar, a través de los miles de profesionales que prestan servicios en países amigos del Tercer Mundo, el estudio de los productos naturales que estos pueblos utilizan, valorar su posible utilización en Cuba, e inclusive contribuir a encontrar vías para proteger ese patrimonio de los pueblos contra la voracidad de las empresas transnacionales, siempre a la caza de productos patentables, tema que fue tocado por el Dr. Gavilondo en su opinión.
El caso es que al abrirse la puerta de la medicina natural y tradicional, por ella entraron también, sin ser invitadas, muchas prácticas, unas seudocientíficas y otras místicas, nunca probadas científicamente y en muchos casos refutadas de forma explícita e inobjetable, como ya se ha expuesto en opiniones anteriores publicadas por JT.
Confío en que la ciencia cubana logre finalmente imponerse, que paulatinamente las nuevas generaciones de profesionales de la salud vayan desestimando el camino fácil de las seudociencias, que estas caigan en desuso y que la medicina natural y tradicional adquiera su verdadero contenido y dimensión, así como que los ingenieros biomédicos y físicos médicos que se gradúen en nuestras universidades posean la formación científica necesaria, para no dejarse arrastrar por invitaciones a dedicar su tiempo, esfuerzos y conocimientos a trabajar en supuestos “desarrollos tecnológicos” asociados a estas prácticas.
El lineamiento 158 aprobado por el VI Congreso del PCC expresa: “Prestar la máxima atención al desarrollo de la medicina natural y tradicional.” El mismo nos ofrece una oportunidad excepcional, al trabajar en su implementación, de librarnos del modelo burgués de la “medicina alternativa” de origen mercantilista que se ha estado introduciendo en Cuba, carente por completo de sentido en nuestro país, y adoptar nuestro propio modelo de medicina natural y tradicional, científica y revolucionaria.
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