Comentarios sobre el debate en torno a la Medicina Alternativa
Toda propuesta de intervención en la salud humana no debe ser aceptada ni rechazada acríticamente, sino ser sometida al beneficio de la duda, al escrutinio científico para su validación o desecho
Por Dr. José A. Fernández Sacasas, MsC, Profesor titular y consultante de Medicina Interna Universidad de Ciencias médicas de La Habana; Presidente de la Sociedad Cubana de Educadores en Ciencias de la Salud
30 Enero, 2012
— Entiendo es completamente pertinente asumir la necesidad del esclarecimiento científico de los procesos y fenómenos de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, promover el enfoque de atenerse al conocimiento del objeto mediante métodos apropiados que permitan el tránsito de su percepción fenoménica a su interpretación esencial.
— Por ello hallo correcta la política de “Juventud Técnica” al propiciar la divulgación del pensamiento científico reflejando posiciones polémicas que animan al estudio y reflexión.
— La interpretación de la realidad a partir de concepciones sobrenaturales y místicas de base irracional es respetable desde el punto de vista individual subjetivo, como creencia personal, no así pretender sea viable una cientificidad ajena a la materialidad del mundo real.
— La medicina no solo es una ciencia también es un arte. Defender la medicina científica no nos aleja de preservar el arte de la medicina, mucho menos dejarlo en manos de adeptos al esoterismo y lo sobrenatural, a prácticas acientíficas y seudocientíficas.
— Considero la Medicina Natural y Tradicional una práctica válida dentro del sistema de salud, como se admitió las Memorias del I Taller “Pensamiento Racional y Pseudociencia”, celebrado en la Universidad de La Habana en diciembre del 2007. En ella se reconoció que “los productos naturales –origen histórico de los fármacos modernos–, son más accesibles y, en general, de menor toxicidad que los productos de la llamada medicina occidental, aunque también requieren de los mismos controles aplicables a los productos sintéticos. Lo mismo reza para prácticas empíricas como la acupuntura y otras de la medicina asiática sin pretensiones mágico-religiosas.
— Para preservar a escala nacional e internacional el crédito y prestigio alcanzados por la medicina y la Salud Pública cubanas, considero que la medicina natural y tradicional debe tomar distancia de prácticas carentes de fundamentos científicos, consideradas seudocientíficas por la comunidad científica internacional como, entre otras, la “terapia piramidal”, la homeopatía, la “terapia floral” y otras de este corte, para no hablar de algunas de matiz llanamente esotérico.
— El hecho de abogar por el necesario sustento científico de toda propuesta terapéutica no significa invalidar automáticamente la práctica empírica o toda propuesta desprovista de tal sustento. Carlos Rafael Rodríguez en sus palabras a los 70 años, en el homenaje rendido por la Universidad de La Habana (Mayo 1983), acerca del sentido de la investigación científica invocaba el precepto favorito de Carlos Marx “De omnibusdubitandum”. Esto es, dudar de todo. Conceder el beneficio de la duda a cualquier propuesta, con la incitación a la constatación de las conjeturas aplicando el método científico.
— Es preocupante la forma acrítica en que algunos medios masivos de comunicación se hacen eco de propuestas terapéuticas carentes de sustento científico, sin observación de las etapas requeridas para autorizar expedir al público un medicamento en franca inobservancia de preceptos éticos elementales.
— Para explicar los fenómenos de la naturaleza y la sociedad, la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, el hombre en su transitar histórico ha recurrido a dos interpretaciones: la mágico-religiosa y la científica.
—Resulta llamativa en los últimos 50 años la advertible paradoja entre el extraordinario desarrollo científico-técnico alcanzado y el concomitante auge las supersticiones, las creencias sobrenaturales y las falsas ciencias, a nivel de la sociedad y la medicina.
— Este auge puede explicarse, además de una necesidad humana básica de buscar refugio en la fantasía, por el incesante estímulo del pensamiento mágico por el sistema cultural de comunicación a escala nacional e internacional: Cine, Radio, T.V., Seriales y Telenovelas con “toque mágico”, Tiras, prensa promotora de lo sensacional sin apego al enfoque científico. Solo como ejemplos: Superman, Harry Potter y los Expedientes X.
— Ello induce a aceptar que la solución a los agobiantes problemas de la existencia consiste en acudir a los poderes mágicos y sobrenaturales, o propuestas acientíficas y entonces el estudio y el trabajo resultan menos importantes.
— El pensamiento mágico está integrado al acerbo cultural de los pueblos como parte del inconsciente colectivo. Responde en efecto a una necesidad humana. Es un recurso para manejar situaciones que rebasan el nivel de asimilación cognoscitiva-afectiva del sujeto. Su erradicación no solo es imposible sino también no deseable. El ser humano es una combinación de racionalidad e irracionalidad. La racionalidad cede espacio a la irracionalidad cuando la realidad se vuelve inaceptable. Ello explica la inagotable capacidad humana para creer todo tipo de fantasías que se avengan a sus aspiraciones y anhelos. No se trata de renunciar a la fantasía y a las ilusiones, sino de equilibrarles con su percepción crítica mediante la racionalidad y el pensamiento científico.
— Cuando la ciencia médica no da respuesta cabal a las angustias y reclamos de solución del paciente y sus familiares en relación con sus padecimientos, toma auge el pensamiento mágico y se acude a prácticas carentes de fundamento científico pero que fomentan la esperanza de soluciones milagrosas.
— También es innegable que la medicina prevalente esta impregnada de un enfoque técnico biológico positivista que subvalora los aspectos humanos afectivos inherentes a la relación médico paciente. La relegación del método clínico, del enfoque psicoterapéutico, la fragmentación de la práctica médica, el abuso tecnológico y medicamentoso, los desaciertos diagnósticos y terapéuticos, la mercantilización de la medicina, han generado insatisfacción y desconfianza en la población.
— Este vacío creado por la medicina tecnológica es ocupado por prácticas “alternativas” que sí prestan atención a la psique del paciente, a sus necesidades afectivas e ilusiones.
— Toda propuesta de intervención en la salud humana no debe ser aceptada ni rechazada acríticamente, sino ser sometida al beneficio de la duda, al escrutinio científico para su validación o desecho.
— Por último deseo consignar que comparto en general los puntos de vista sustentados por el Dr. Jorge Bergado, aprecio válida la polémica de temas inherentes a la pertinencia del método científico y estimo obligado respetar las opiniones discrepantes, como las expresadas por el Dr. Felipe Abreu.
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