La tecnología digital se impuso ante los viejos modos de presentar, generar y guardar información; eliminó los discos de pasta, los casetes VHF, las películas fotográficas, el discado telefónico, las máquinas de escribir… Una larga lista de ejemplos serviría para tomar conciencia del “aligeramiento” de nuestras relaciones sociotecnológicas con el mundo.
La televisión también fue “tocada” con esta suerte de artilugio renovador, y cambió su rostro, como después de un lifting. Pero la “poción” digital hizo todavía más: urdió mecanismos para transmitir imágenes codificadas por medio de ondas de frecuencia terrestres fácilmente captables con antenas UHF convencionales, e hizo realidad la convergencia de servicios, privilegio de Internet hasta ese momento.
El “apagón analógico”*, como fábrica que se clausura después de años de continua producción, cierra el capítulo de la televisión que inauguraron nuestros padres, y abre paso a una nueva era, de colores y formas casi perfectas, mezcladas de manera ingeniosa con la interactividad.
La carta de presentación de la televisión digital terrestre (TDT) promete sustanciosas ventajas para los consumidores: una mayor calidad de imágenes y sonido, comparables con la de DVDs y CDs, respectivamente, y el suministro de una señal más robusta ante las interferencias medioambientales. La información codificada, generalmente en formato MPEG-2, es invariable en su trayecto, lo cual evita los retardos y ecos que hoy aparecen en nuestros televisores como “lloviznas” o “fantasmas” en la imagen.
Por otra parte, la moderna tecnología permite emitir hasta ocho programas simultáneos mediante un solo trasmisor, en dependencia de la calidad de la imagen y el sonido. La televisión digital requiere de un solo espacio radioeléctrico para incluir, por ejemplo, el contenido de todas las televisoras cubanas.
Adicionalmente, con la TDT es posible mezclar canales de video, audio y datos en una sola señal (multiplexación). Por solo citar un caso, ello permite poner en un mismo canal un flujo de video con tres de audio (tres idiomas diferentes), y otros tantos de datos para el subtitulaje o información complementaria, como las estadísticas en juegos deportivos.
La mala noticia es que para obrar el milagro de la televisión digital millones de televisores alrededor del mundo deberán cambiarse por modernos aparatos capaces de captar la nueva señal, o las familias tendrán que adquirir un decodificador que torne nuevamente en analógica la información codificada con el fin de que sus antiguos receptores sigan siendo útiles.
Doble vía
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Los grandes medios anunciaron con bombos y platillos la llegada de la televisión digital a los hogares. Pero la “revolución en el entretenimiento, la información y la comunicación” todavía excluye los bolsillos flacos |
La nueva tecnología promete algunas golosinas: canales de radio, teletexto digital, guía electrónica de programación, información de servicios públicos como tráfico, aeropuertos, meteorología, consulta de cuentas bancarias, voto en los concursos, navegación por Internet y compras telemáticas.
La interactividad es la ventaja mayor que ofrece la televisión digital, posibilidad que su antecesora no podía tener. Con un mejor aprovechamiento del espectro de radiofrecuencia, los espectadores pasan a asumir un rol más activo en el nuevo contorno digital.
Una plataforma de software, denominada MHP (Multimedia Home Platform) permite que los televisores o cajas decodificadoras tengan acceso a esas aplicaciones.
Un paso hacia la democratización de la información, opinan los expertos, dadas las opciones de conectividad que hasta ahora solo ofrecían Internet o la telefonía móvil. Inmensas posibilidades se abren para sectores clave como la salud, la educación y la participación ciudadana.
Pero la concreción de la nueva tecnología depende del peculio de las empresas que ponen a punto los servicios, y del bolsillo de los consumidores.
Para tener acceso a las nuevas aplicaciones, el usuario debe disponer de un canal de retorno, pues el camino del espectro electromagnético va solo en un sentido: el de la señal televisiva que capta el receptor.
Así, es necesario que la caja decodificadora o los televisores con la tecnología para la recepción de la señal digital, tengan la capacidad para conectarse a un punto de acceso de Internet, o contar con puertos USB para incluir un módem. Solo los más modernos equipos incluyen estas prestaciones, todavía con precios privativos para la mayoría de la población de los países en desarrollo.
Contar con el nuevo equipamiento tecnológico y asumir la modificación de los procesos de producción de contenidos son los principales obstáculos que deben sortear las naciones que aún están por implementar la televisión digital terrestre.
Vísteme despacio…
Como en cualquier asunto relativo a la masificación de nuevas tecnologías, los países industrializados llevan la delantera. Finlandia, Suiza, Bélgica, Alemania y Estados Unidos apagaron ya sus transmisores analógicos. Luxemburgo fue la primera nación en realizar todas sus emisiones en formato digital a partir del año 2006.
Una situación muy diferente es la de los países del Sur. Si bien los transmisores digitales ahorran significativamente el consumo de energía, las inversiones tecnológicas iniciales alcanzan montos elevados. A ello se suma que en ellos todavía gran parte de la infraestructura productiva es analógica, al igual que los instrumentos de visualización (televisores).
En nuestra área geográfica apenas comienza la implantación de la TDT. Los líderes, México y Brasil, ya han definido la norma a utilizar y comenzaron el despliegue tecnológico. El resto de los países apenas tantean sus posibilidades económicas y los estándares más convenientes.
Cuba ha dado los primeros pasos. Para el 2012 se espera poner en el aire las primeras transmisiones digitales, y en una década comenzarán a “apagarse” algunas zonas del país.
“Será un proceso gradual y cuidadoso”, afirma Manuel Barreras, director de la Oficina para la Digitalización de la Radio y la Televisión. “Queremos que el primer cubano que llegue a esta tecnología lo haga en cinco años, y el último en diez. Pero eso dependerá mayoritariamente de la incorporación a cada televisor analógico de una caja convertidora”.
Barreras comentó a Juventud Técnica que en estos momentos el país está estudiando la norma, que se debate entre la japonesa-brasileña y la china, y ha comenzado el despliegue de los transmisores digitales. Además, ha arrancado el diseño de las cajas y los televisores capaces de captar la señal digital, que deberán aparecer en el mercado el año próximo.
“Desde el primer día tendremos una imagen perfecta”, afirma el experto. “Después de alcanzar estándares de calidad de imagen elevados, comenzaremos a implementar otras posibilidades tecnológicas, entre ellas que las cajas decodificadoras puedan ser utilizadas como equipos de reproducción multimedia, con capacidad para leer memorias extraíbles”.
Conteo final
Algunos escépticos se cuestionan el éxito de la nueva tecnología, dadas las deficiencias que pudieran ocasionar los mecanismos de compresión de la información. Otros temores surgen ante el llamado “abismo digital”, que tiene lugar cuando la señal no es suficiente para los circuitos decodificadores y se pierde por completo la recepción. Zonas desfavorecidas por la geografía, por ejemplo, pudieran quedar totalmente excluidas del sistema de transmisión.
Los nostálgicos se niegan a cambiar sus telerreceptores o a adquirir los aparatos decodificadores, aludiendo que solo cambiará el rostro de la televisión, no su contenido.
Pero lo cierto es que, más temprano que tarde, el mundo asumirá las transmisiones digitales. Entonces, un nuevo golpe mortal habrá recibido el universo analógico, que agoniza hace décadas, luego de que el mundobit se resolviera a usar su nuevo traje binario.
*El apagón analógico es el nombre con el que se conoce al cese de las emisiones analógicas de los operadores de televisión