Obtienen la cronología completa del yacimiento de Gran Dolina
Nuevos resultados permiten confirmar la antigüedad del nivel arqueológico donde fueron hallados por primera vez restos de Homo antecessor, en Atapuerca, 1994. El reciente conocimiento es fruto de un estudio sistemático de toda la secuencia estratigráfica de Gran Dolina, que abarca desde hace 1,2 millones de años hasta 200.000 antes del presente.
Por Cinta S. Bellmunt*
7 Febrero, 2012
Determinar la cronología de un yacimiento es siempre una tarea compleja. Para afinar y asegurarse de que los datos obtenidos son ciertos se llevan a cabo estudios desde diversas disciplinas y se contrastan los resultados, principalmente de los estratos más ricos desde el punto de vista arqueológico. Así, por ejemplo, hasta el momento sólo se disponían de dataciones puntuales de ciertos niveles de Gran Dolina, en Atapuerca (Burgos), como TD6, donde en 1994 se descubrió una nueva especie, Homo antecesor, con una antigüedad de 800 mil años.
Este conocimiento ha cambiado con los resultados de una tesis doctoral presentada recientemente en la Universidad Rovira i Virgili, de Tarragona, con la cual ha podido determinarse por primera vez, y de manera sistemática, la antigüedad de todos los niveles de Gran Dolina, en un período que abarca desde hace 1,2 millones de años hasta 200 mil antes del presente. Los resultados son coherentes con lo que se conocía sobre los estratos ya analizados anteriormente mediante otros métodos distintos al empleado ahora, como el paleomagnetismo, la bioestratigrafía y la luminiscencia (TL o IRSL) o ESR/U-Th).
La autora de la referida tesis doctoral sobre Atapuerca, Davinia Moreno, ha utilizado la técnica de la Resonancia de Spin Electrónico aplicada a cuarzo extraído de sedimentos kársticos blanqueados ópticamente (ESR-OB) por los rayos ultravioletas (UV) procedentes de la luz solar. Es decir, que el contacto de los granos de cuarzo con los rayos UV de la luz solar, durante el transporte del sedimento, facilita la liberación de los electrones que han quedado atrapados en la muestra. De esta manera, el “reloj geológico” se pone a cero y lo que data en el yacimiento arqueológico corresponde al momento de sedimentación del cuarzo y no al de la formación de dicho mineral.
Se trata de una tecnología novedosa, pues nunca antes se había usado este método de datación para contextos de este tipo, aunque sí, y con éxito, en entornos fluviales. “De ahí, también, la importancia de los resultados obtenidos con esta investigación sobre Gran Dolina: hemos demostrado que es una técnica válida en este tipo de sedimentos”, afirma Davinia Moreno.
Un entorno kárstico como el de Atapuerca se caracteriza por un complejo sistema de galerías en el que los sedimentos procedentes del exterior de la cueva han quedado atrapados permitiendo con ello la conservación de los restos fósiles y, por tanto, la formación de los yacimientos arqueológicos.
La datación por ESR evalúa los efectos de la radiaoactividad natural sobre la muestra que se quiere estudiar. Se mide la energía absorbida por ésta en función de la cantidad de radiación a la que ha sido sometida durante su historia. “Es decir, que la muestra –explica la investigadora- es considerada como un dosímetro capaz de registrar y restituir la dosis absorbida procedente de las diferentes radiaciones ionizantes a las que ha sido sometida. La radiación ionizante es una forma de energía capaz de desplazar electrones de los átomos o moléculas de la materia a la que afectan, en este caso nuestra muestra. La cantidad de radiación registrada nos permite calcular la antigüedad de los sedimentos”.
Para Davinia Moreno, su tesis “no es más que el comienzo de un trabajo mucho más amplio que debería continuar por parte del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA). Las secuencias estratigráficas de Galería y Sima del Elefante deberían datarse siguiendo el mismo protocolo realizado en Gran Dolina con el objetivo de afinar el cuadro cronoestratigráfico de cada yacimiento y poder hacer correlaciones entre los diferentes niveles de cada relleno kárstico”, aseguró.
*Responsable de Comunicación del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES).