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El holandés errante

Por Erik Jorge Mota Pérez (Primer lugar concurso Ciencia Ficción´04)
Ilustración: Yury

HolandésAquel fue mi primer combate espacial, y el último. No guardo tan mal recuerdo de él, pues los infantes pasan todo el tiempo en las barcazas de desembarco, por si es preciso caer sobre el enemigo. Pero la verdad es que tampoco tengo un buen recuerdo: Cuando los cruceros de los mundos limítrofes perforaron el casco, nos vimos obligados a abandonar la nave. Cada infante se metió en su cápsula y salió disparado hacia el espacio. Una posibilidad entre mil de sobrevivir, flotando a la deriva en medio de un combate. Dentro del destructor no había ninguna.

Recuerdo que una vez visité la cabina de mando. Todas las luces estaban apagadas, los asientos del capitán y los pilotos permanecían vacíos. Salvo uno donde un piloto clase A luchaba contra el sueño. Yo estaba de guardia y por eso me quedé a contemplar las estrellas.

Una vez vi una nave fantasma –decía el piloto–, ¿no me lo crees ? Tampoco te creas todo lo que te dicen en la academia. Nunca la mencionan en los informes oficiales, pero es un hecho, siempre está ahí, flotando en cualquier parte. Aquella vez la vimos en el radar e intentamos acercarnos. Era vieja, de cuando la primera colonización, posiblemente una exploradora. Encendió sus motores y huyó. La perseguimos hasta una protonube, y entonces desapareció. Así de simple, maniobraba con una destreza digna de los pioneros del espacio. Nadie mueve una nave dentro de un lugar como ese. Demasiada materia naciendo, demasiados meteoroides. No puede ser un humano alguien que conduzca una nave por un lugar así.

Desperté dentro de mi cápsula después de un sueño raro, con sabor a muerte. El bombillo piloto indicó que se había acoplado a una nave, y mi cilindro se hallaba despresurizado. Según indica el protocolo, en estos casos debe procederse con extremo cuidado, pues podía estar en terreno enemigo. Salí de mi prisión de salvamento con el visor bajo y el fusil en ristre. Lo primero de lo que me percaté fue que estaba dentro de un lugar con serios problemas energéticos, pues no solo los pasillos estaban apagados, sino también las luces de seguridad.

El primer tripulante que vi no parecía ni un soldado ni un oficial, semejaba uno de los primeros colonizadores, con overol gris, melena prominente y barba cerrada. Al parecer no me vio pues continuó su camino, aunque tengo la impresión de que se percató de mi presencia, pero no le importó.

Evidentemente, esta es una nave con tecnología anterior al Salto. He visto cápsulas de hibernación. Unas llenas, otras vacías, todas funcionan. No me he atrevido a abrir ninguna.

Llevo tres días aquí y no he podido encontrar una nave de desembarco u otro dispositivo de salvamento. Estoy por creer que la tripulación sufrió un accidente y no puede salir de aquí o pedir ayuda. Mi radio no funciona... lo verificaré después.

No cabe duda, ninguno de los tripulantes tiene interés en mí, simplemente me ignoran. Pudiera llamarles la atención, e incluso usar mis armas, pero me he cuidado de no hacerlo. Sus ropas son viejas y están desgarradas, como si llevasen en el espacio tanto tiempo como los primeros indicadores que orbitan los planetas habitables.

La sala de máquina está completamente vacía. Algunos robots trabajan en silencio formando dos filas frente a los controladores de radiación. Al final del pasillo que conduce al reactor hay una puerta sellada. He escuchado ruidos del otro lado apenas me acerqué. No puede haber nadie allí dentro, no con esa radiación.

Hoy he estado en la cabina de mando, definitivamente me hallo en una exploradora de las primeras. Todo está lleno de polvo, pero la computadora aún tiene electricidad. La última fecha de la bitácora es de tres siglos; sin embargo, no comprendo cómo mi nombre llegó a la lista de los tripulantes. Al lado dice: Pasajero, y soy el último en la lista.

Mientras contemplo las estrellas a través del cristal de la cabina, me percato de que mi sistema de soporte vital ha dejado de funcionar hace más de tres semanas. Creo que jamás saldré de este lugar, tan viejo, tan oscuro... tan sombrío.

 

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Juventud Técnica 339
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