Por Lidia Soca Medina
Ilustraciones: Hanna G. Chomenko
Mención c oncurso Ciencia Ficción´08
11 Diciembre, 2009
– ¿Y entonces?
– No lo sé.
Me levanté y fui hacia la ventana. Necesitaba huir de sus ojos, porque de lo contrario terminaría cediendo, exponiendo mi vida a cambio… Sí, el motivo de cada decisión tomada parecía estribar en qué beneficio se podría obtener a cambio, el valor del comodín para continuar armando el crucigrama de nuestra existencia. ¿Y si decidía romper con ese atávico karma de intereses? Aunque la filantropía y el altruismo habían sido filosofías cinceladas hace mucho, ¡claro que tenía también un interés!
Ambicionando desactivar la criogenia de su mirada, propulsar un roce de piel y dar un salto de años luz hacia su pensamiento, sobre todo sacar de su órbita aquella caricia ajena que ultrajaba su hombro, sentada vulgarmente en un regazo que era solo mío en mis fantasías de medianoche y mis fugas diurnas. Me volví hacia ellos.
– Antes tengo algunas preguntas que hacerte…
Él la besó en la espalda instándole a marcharse y con la irritante convicción de ser el baricentro de su universo, desapareció cerrando la puerta.
– Nos conocemos Iramis… Siempre he sido un fracaso como escritor y ahora puedo alcanzar la fama… Es mi única oportunidad, la última. Aunque sea solo una vez, sentiré que toda mi vida valió la pena.
Volvía a mirarme de aquel modo. Necesitaba mantener la cabeza fría, calibrar mis posibilidades, prever una salida que no distinguía entre tanta propaganda incomprensible, distorsionada por el amor.
– Me quieres decir que yo, mi mente, mi espíritu… por llamarlo de una manera, me insertaré en tu historia a través de ese… escáner humano para darle…
– ¡Vida! Mis historias están vacías, son palabras enlazadas de una forma más o menos vistosa, pero pésimas. Te invito a formar parte de mi mundo, ¡de mi verdadero mundo! ¿No es eso lo que has querido siempre?... Tú serás la artífice de aquellas fantasías que mi mente no pudo inventarse, original, impredecible en cada entrega.
– O sea, que resuelva a mi manera los conflictos a los que me expongas… planear circunstancias, soluciones, contraataques. Nada más parecido a una ficha de ajedrez.
– Todos lo somos de alguna forma, solo que desconocemos la mano capaz de planear estrategias tan perfectas. Unos se lo achacan a Dios, otros al destino y hay hasta quienes aún confían en el libre albedrío. Esa es precisamente la barrera perentoria entre ficción y realidad que estoy dispuesto a derribar. Nada resulta tan atractivo como la vida misma que todos se empeñan en clonar en remedos semánticos, pero yo ofreceré ese puente entre lo real y la ilusión… y será contigo que lo cruzaré.
– Mejor dicho, sobre mí… Está bien, digamos que esa es la parte hermosa, poética. Ahora quiero la parte oscura: la realidad. ¿Qué pasará conmigo, con mi cuerpo, mi tiempo, si decido enterrarme en “tu mundo”, abrirme el juego?
– Físicamente se te inducirá a un estado de coma no muy profundo, para que tu cerebro continúe funcionando una vez conectado a la máquina. Es posible que ni siquiera notes la transición de realidades, a no ser por el cambio de entorno… ¿Has visto The Matrix?
– Sí… y no me gustó, sobre todo porque la gente podía morir ahí dentro.
- ¡Pero esto es completamente diferente y seguro! ¿Crees que iba arriesgarte así, Iramis?, -se apresuró a decir y luego procedió con su rol impersonal de hombre de ciencia-. También tuvimos en cuenta las ventajas de que tu familia…
– ¡Por supuesto, tuvimos, tú y esa encontraron al conejillo de indias perfecto que si se revienta, nadie va a echarlo en falta! ¿No?... ¡Total, una huérfana más o menos!... ¿Qué pasará si efectivamente ese importante jurado queda extasiado y te cubres de gloria? Lo normal sería que quisieran publicarme, ¿y si me llevan a una imprenta, me voy a dividir, se fragmentará mi conciencia? Porque hasta donde sé una vez que la máquina digitalice mi personalidad, mi intelecto o como se llame, podré estar viva en una simple hoja de papel que puede perderse, estrujarse o terminar Dios sabe dónde… Aunque me parece que esa posibilidad ni tú mismo la has contemplado.
– Porque es imposible. Eso no va a pasar, después de ese premio tendré fama, dinero…
– ¿Y quién me garantiza que no querrás más, que saldré otra vez… que no te olvidarás de mí una vez en la cima?... Mi vida dependerá únicamente de tu integridad. Algo bastante relativo diría yo, a juzgar por tu insólita ternura.
– ¿Cómo se entiende que hayas pasado tanto tiempo intentando formar parte de la vida de un hombre en el que no confías, teniendo tan pésimo concepto de mis sentimientos?
– Me usas, siempre has usado mi amor a tu conveniencia.
– No Iramis, siempre he intentado mostrarte que existe algo superior a esa vulgar transacción de momentos, voluntades o placer; pero has estado tan ocupada en apoderarte de lo que no te doy, que te has perdido todo cuanto te he ofrecido… ¿También me rechazarás ahora?
Y me convenció. ¡Por supuesto que me convenció! Es tan obvio como tus ojos incrédulos que acarician ahora mis líneas. Sí, tú que sostienes esta hoja de papel o me contemplas entre píxeles de cristal. Juzgándome otra historia intrascendente, distraído tal vez por la premura de hacer que vuele el minutero para marcharte a casa. Sin sospecharme viva entre tus manos, vibrando aún en este fragmento copiado de contrabando o con auténtico copyright. Atrapada entre folios numerados, como esa mística C que garantiza dinero y fama: el enorme e insignificante precio por el que transferí mi vida.
Al comienzo no podía siquiera reconocerte a ti: cómplice de lo que entendía como mi auténtica realidad. El tiempo y el espacio se compactaron en una masa impredecible presta a dilatarse o comprimirse. Como esos sueños nocturnos donde simplemente caemos en medio de una historia contada de antemano por las recónditas divagaciones de nuestro propio cerebro, sin otra conciencia que jirones de lugares, rostros que nos parecen conocidos. Pero tampoco se comportó exactamente como un sueño… O una pesadilla aquella situación ignota, donde mis recuerdos eran inservibles, hasta que mi cerebro fue desechándolos poco a poco. El único contacto más allá del tablero bicolor donde se definía mi vida en una simple partida de ajedrez, era aquel golpear de teclas retumbando en mi cabeza cuando creí dormir, pero era cuando realmente debí estar más consciente y mi mente disparaba alarmas incomprensibles hasta ser arrojada a otro y otro micromundo, alineándose las piezas para definir mi rol en el nuevo juego.
Mucho tiempo después (si es que puede existir ese término aquí) empecé a recordar, retrocediendo centímetro a centímetro en mi memoria, hasta descubrirme entre electrodos conectados a mi frente y enjuagar al fin mis ojos en aquellos ya tan lejanos: “Tengo miedo” –fueron mis últimas palabras y el émbolo en mi antebrazo cayó cual telón mortal. “Estarás bien” –escuché ya en la oscuridad. Pero jamás volvería a estarlo, no volvería a estar de ningún modo. Si no, tú no estuvieras sentado en tu buró cuestionándote las cosas que tienen que leer los jurados o sencillamente cómo pudo levantar ese revuelo una historia tan patética.
Sería mejor no haber sabido, no enterarme jamás que mi súbita lucidez llegó cuando me abandonó a una imprenta. Ahora sí pareces motivado, al menos un poco interesado en mí. No finjas sorpresa, supiste desde el principio que esto pasaría, que llegaría un momento en que se le terminarían las jugadas de aficionado, se aburriera… o se acabara el partido, cuando invariablemente sería yo el rey derrocado. Se acortan las líneas y todavía no consigues reconocerme como un semejante, alguien que una vez estuvo entre los jugadores, menospreciando las piezas que también tuve a mi disposición. Pero no, no me sentiré intimidada por tu certeza inquebrantable de existir del modo correcto.
Al menos ya sé quién soy, o en qué me convertí… ¿Y tú, confías en tus propios movimientos o continúas a expensas de esa mano poderosa y desconocida que te guíe a través de las cuadrículas del calendario? Recuerda siempre que todo peón puede convertirse en reina si sobrevive hasta alcanzar el otro extremo del tablero. Estaré aquí si decides volver...
|