Ser científico y hacer ciencia
Para el científico, hacer ciencia es un deber y un derecho ineludible.
Por Alberto Juan Dorta Contreras*
Foto:Archivo
10 Mayo, 2010
Quien crea pueblo, ha de habituar a los hombres a crear.
José Martí
Hace más de 30 años, cuando era un estudiante universitario un artículo periodístico en una revista de divulgación popular me cambió la forma de ver la ciencia y el mundo científico.
Recuerdo que en este artículo se mencionaba una anécdota donde una maestra preguntaba a sus alumnos si alguno de sus padres era científico y uno de ellos dijo categóricamente: “Mi padre es médico, es científico”.
Y este artículo nos sacaba de un gran error que muchos aún cometemos, creemos y hasta lo divulgamos. Ser médico, al igual que otra profesión, no nos hace científicos.
El médico, dejando a un lado todo lo hermoso e importante de su labor en los términos más objetivos, no es más que un técnico de nivel superior que simplemente repite los mismos procedimientos que le enseñaron y, con la experiencia acumulada primero de estudiar por los textos, y luego a partir de sus propias vivencias, va perfeccionando su tecnología aplicando el método científico.
Según la enciclopedia libre Wikipedia "el científico es, generalmente, una persona que se dedica a producir resultados en la ciencia moderna, tanto como antigua, haciendo uso del método científico."
Ahora bien, aplicar el método científico no lo convierte en científico, del mismo modo que el que aplica sus conocimientos de piano no se convierte en pianista.
El científico es algo más. Incluso conozco a doctores en ciencia que no son científicos, sino que hicieron ciencia apenas por un tiempo (a veces muy corto) para hacerse doctores en ciencia por algún motivo que no pretendo agotar: por el prestigio que entraña, por presión social, por metas de su colectivo o por circunstancias que lo hicieron estar en un lugar en el momento apropiado, y que luego de obtener el título, con su correspondiente aumento salarial. Sin embargo, aún se creen y autoproclaman científicos.
Tiene el científico una alta responsabilidad con la ciencia que hace y con expandirla a todo su alrededor; con transmitirla día a día con extrema generosidad a todo el que lo rodea, sin esperar recompensas por ello y hacer en todo momento posible ciencia.
No conoce el retiro, a menos que existan condiciones físicas que lo limiten, pero ¡cuántos no siguen destellando ciencia desde su jubilación, con su ejemplo y obra, incluso hasta después de muertos! Ama y protege a la naturaleza y a su diversidad.
El hombre o la mujer científicos se hacen, y dependen mucho de los educadores que hayan encontrado a su paso. Detrás de cada científico hubo un maestro, familiar o un conocido al menos que le inculcó ciencia.
También pueden existir personas que sin tener una alta calificación me atrevería a catalogarlos de científicos. Por ejemplo en el movimiento de innovadores y racionalizadores que agrupa a la ANIR no son todos los que están, pero si hay diamantes a veces en bruto que en esencia hacen ciencia.
Conozco obreros, técnicos y profesionales que hacen ciencia cada día, aún sin saben que son esencialmente científicos. Pienso modestamente que ese es el futuro de hombres de ciencia del que hablaba y aspiraba Fidel en el año 1960 cuando se refería a un porvenir de pensamiento.
No se es científico para cumplir un requisito, sino que debe estar en la esencia de lo que hacemos.
En el científico debemos potenciar la modestia, el desinterés, la entrega, el espíritu de sacrificio, la laboriosidad, la constancia, la paciencia, el no sentirse jamás derrotado, la firmeza, la honradez en sus resultados, la ética, el valor de reconocer el error, la crítica a los colegas y la autocrítica. Esto se logra en los futuros científicos con el ejemplo de los verdaderos científicos.
Como educadores tenemos la responsabilidad de guiar a las nuevas generaciones en el camino de la ciencia, para que aquellos o aquellas que quieran y sientan esa necesidad vital, enrumben su vida.
Podemos como educadores dar algunos sanos consejos para los que pretenden hacerse científicos. Cada científico puede adicionar los que entienda a este modesto e incompleto comentario.
El trabajo del científico debe ser coherente. No es posible trabajar en muchos temas a la vez o dejar uno por otro de forma constante. Esto hace que se pierda mucho tiempo en divagar y no en profundizar.
La ciencia no es el trabajo de un día, ni de un semestre, no para una jornada o congreso: es un proceso continuo y ascendente, con tropiezos y marcha atrás y con muchas incomprensiones.
El científico tiene que ser patriota, sentir amor por la tierra que lo vio nacer y que lo formó. Debe contar con herramientas adecuadas, hacer uso de las ciencias básicas y matrices; dominar en estos momentos las tecnologías de la información y leer mucho: estar bien informado, es estar a la altura de su tiempo, porque como decía Martí "es criminal el divorcio entre la educación que se recibe en una época, y la época".
Debe conocer no solo su "pedacito" de ciencia, sino de todas las ciencias. El científico es necesariamente una persona culta -sin llegar a ser un Leonardo Da Vinci de nuestros tiempos, porque resulta imposible en una sola persona reunir todos los conocimientos actuales.
También tiene que conocer a otros colegas. El roce con otros científicos cubanos y de otras latitudes transmite enseñanzas y virtudes compartidas con la humanidad toda. Debe conocer lo que hacen en el mundo al menos Premios Nobel de la especialidad más cercana a la ciencia que hace. ¿Qué es eso de que conozcamos los Premios Oscar, los Grammy y no los Nobel, aún cuando no compartamos los sesgos primermundistas y por la brecha tecnológica que nos separan de ellos?
No pretendo en estas pocas letras agotar todo lo relativo al tema. Solamente invito a todos a que me ayuden con sus comentarios a completar una visión del científico que necesitamos y que tenemos el deber de formar.
Para el científico hacer ciencia es un deber y un derecho ineludible.
. *Doctor en Ciencias de la Salud. Investigador y ProfesorTitular. Laboratorio Central de Líquido Cefalorraquídeo (LABCEL). La Habana, Cuba