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Los pies en la tierra

Integrada por investigadores y técnicos de diferentes centros científicos habaneros, la brigada Todo por la Revolución, tuvo entre sus prioridades capacitar a los productores para el uso de tecnologías existentes en el país, además de vincular a los jóvenes al trabajo agrícola.

Por Andrea Desnoe
Foto: Luis Pérez Borrero
2 Abril, 2010



la tierra roja del campoCuando escuché hablar de aquella brigada conformada por jóvenes de diferentes centros de investigación, no pude menos que sonreír; me parecía tan surrealista que un grupo de muchachos dejara la “limpieza” de los laboratorios por la tierra roja del campo.

Después, al oír hablar a sus protagonistas, noté que darlo Todo por la Revolución, nombre que ostenta esa hueste de científicos y técnicos, es mucho más que una simple frase; apunta a la mayor prioridad que tiene hoy el país: producir alimentos.

“Nuestro objetivo es que trabajadores del sector de la ciencia en la rama agropecuaria contribuyan a extender proyectos de investigación creados para potenciar la actividad agroalimentaria en el país y, a la vez, atraerlos hacia las labores productivas, que suelen ser tan poco atractivas”, explicó el  licenciado Adrián Álvarez, secretario general de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en el Instituto de Ciencia Animal (ICA) e integrante de Todo por la Revolución.

A partir de esta idea, el Ministerio de la Agricultura y las BTJ convocaron a brigadistas del Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria, el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas, la Universidad Agraria, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología y el propio ICA, entre otros, enclavados en la provincia de La Habana y en la capital. En manos de estos “cadetes” de la ciencia se puso la maquinaria creada para dar respuesta a la petición del presidente Raúl Castro, de incrementar la producción agroalimentaria. Cruzarse de brazos no era una opción.

¡Vamos a andar!

con los porcinos
El trabajo con los porcinos ha reportado muy buenos resultados, sobre todo en la crianza y manejo de los residuales. Un ejemplo es la granja La Rosita.

La avanzada, formada por 50 jóvenes, nació en el 2008, aunque engrasó sus motores al año siguiente. Su primera tarea fue explorar cómo sería su propio funcionamiento, pues de ello dependía que tal práctica se extendiera a otras regiones del país.

Numerosas conferencias impartidas por especialistas del MINAG proporcionaron las herramientas necesarias a quienes iban a realizar una labor que rompía con el cliché de que los científicos son “ratones” de laboratorios.

“Fue una experiencia increíble”, refiere Adrián Álvarez. “De pronto estábamos allí, hablando con los productores sobre las diferentes tecnologías que existían y que podían utilizar para mejorar su trabajo. La conexión fue muy buena y miles las preguntas”.

La brigada había recibido una petición especial: hacer el levantamiento de toda la actividad porcina en la capital y en la provincia de La Habana, en tanto este era uno de los renglones priorizados dentro de la economía cubana en el 2009.

En estrecha conjunción con el Grupo Porcino (GRUPOR), de la Agricultura, se establecieron tres líneas de trabajo fundamentales: la atención al medio ambiente, debido a lo agresivos que pueden resultar los residuales porcinos; la salud animal y la reproducción y genética de las especies, con el propósito de alcanzar mayores rendimientos.

la casa de cultivos protegidos

Una de las tecnologías aplicadas en la producción agrícola es la casa de cultivos protegidos, que distintos centros científicos ponen en práctica como parte de sus investigaciones.

A fin de conseguirlo, los integrantes de la brigada revisaron, por cada municipio, los convenios porcinos existentes, tanto estatales como particulares. Los datos recogidos se colegiaron con encuestas hechas previamente, que abordaban temas de bioseguridad y producción de alimentos.

Las visitas realizadas a los productores hicieron constar que el tratamiento de los residuales constituía un problema delicado, pues los particulares no cumplían todas las normas de higiene ni conocían las tecnologías adecuadas para obtener un buen resultado. 

Decidir cómo se trabajaría con los convenios porcinos, después de la información obtenida, también recayó sobre los hombros de los miembros de la brigada, aunque estos contaron con el apoyo de GRUPOR y de las delegaciones municipales del Ministerio.

 “Llevar las tecnologías a quienes trabajan de manera particular es mucho más difícil. Solo se logra a través de talleres, encuestas y otros cursos de capacitación. El objetivo es que los productores no especializados se acerquen a los nuevos métodos (biodigestores, trampas de zeolita, camas profundas…), y los adecuen a sus necesidades y entorno”, asegura Adrián Álvarez.

To’ mezcla’o

El pimiento
El pimiento es uno de los vegetales que se obtiene bajo el sistema de casas de cultivos protegidos.

La granja de abastecimiento de la UJC La Rosita, también se vio beneficiada con Todo por la Revolución. Ubicada en el municipio de La Habana del Este, en la capital, esta se encuentra en manos de esa organización desde el año 1965.

En sus inicios se dedicaba a la crianza de animales y, posteriormente, también al cultivo. A raíz del diagnóstico realizado por la brigada, notaron que tenían vulnerabilidades en el modo de producir. Necesitaban una nueva estrategia de trabajo.

“Cambiar los modos de producción, la forma de manipular los animales y la manera de hacer un tratamiento residual fueron las principales sugerencias”, apunta Adrián.

 “Al momento del diagnóstico la granja solo contaba con aves, porcinos y dos o tres vacunos. Entonces, cada representante de los centros científicos nos pusimos de acuerdo acerca de cómo lograr una tecnología completa que beneficiara a La Rosita”.

Solo dos o tres reses poseía la finca de la UJC
Solo dos o tres reses poseía la finca de la UJC. En la actualidad el número ha aumentado, lo que redunda en un crecimiento de la producción de leche destinada al abastecimiento de ese organismo, de escuelas y otras instituciones de la localidad. En el 2009 se produjeron allí alrededor de 16 mil litros.

Debido a la intervención de estos jóvenes investigadores pronto la granja vio crecer su producción, antes menguada, y costosa debido a la adquisición de insumos, dañinos además para el medio ambiente.

“En la actualidad hacemos un mejor uso de los recursos que tenemos en la finca, lo que ha permitido disminuir gastos y obtener mejores frutos y rendimientos”, expresó Dagoberto López Pérez, jefe de producción de la granja.

“El trabajo de la brigada hizo posible aprovechar mejor las potencialidades de un colectivo de trabajadores jóvenes y de una finca que posee condiciones para diversificarse.  A la vez, servir de escuela para estudiantes de la Universidad Agraria de La Habana que ahora hacen prácticas docentes en este lugar”.

Modalidades productivas con tecnologías de punta, como las casas de cultivos protegidos y semiprotegidos, con las que ha sido beneficiada La Rosita, permiten obtener en cualquier época del año, vegetales esenciales: el tomate, el pimiento y el pepino.

El uso de alternativas totalmente orgánicas, sin costos para la finca, el país o el medio ambiente hacen que esta granja funcione de manera integral. Incluso, el sistema de tratamiento ahora aplicado posibilita que todos los residuales se conviertan en abonos utilizables en las siembras.

centro de enseñanza para jóvenes

La finca La Rosita se ha convertido en un centro de enseñanza para jóvenes y futuros profesionales agropecuarios.

“Integrar a los jóvenes de los institutos de investigaciones a la producción ha sido un logro”, confiesa Dagoberto. “El trabajo que ellos realizaron aquí no solo nos permitió ganar en organización y eficiencia, sino también en algunos aspectos tecnológicos que no se quedaron ‘engavetados’”.

Vincular a estudiantes de años terminales de carreras con perfiles agropecuarios a tareas productivas, una práctica que se había perdido, también fue un logro de esta brigada y debe convertirse en una premisa fundamental para tomar conciencia sobre la necesidad del trabajo agrícola.

Las experiencias acumuladas por Todo por la Revolución en su corto año de existencia son muy útiles. Como dijera Dagoberto López a JT: “Esta prueba demostró que los resultados científicos no son incompatibles con la agricultura tradicional”. Toca ahora que ese proceder sea  más que un ensayo
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