Especies Exóticas
Cuando un extraño llama
Considerada la segunda mayor amenaza a la biodiversidad insular, su introducción en Cuba suscita un encendido debate, en el que ambientalistas, economistas y decisores aún no se ponen de acuerdo.
Por Daymaris Martínez y Yanel Blanco
Fotos: Alexander Isla y Archivo
28 noviembre, 2007
Todo comenzó con el encuentro de los mundos. La conquista de América mordió el corazón de la paz amerindia, apuró el cauce del río de la historia, y reescribió, a precio insospechado, el ritual de unas tierras muy cálidas, sin mangos ni corceles, pero las más hermosas hasta entonces vistas.
Sin embargo, la singular estampa de los árboles, las muchas aguas y frutas del nuevo mundo, parecen haber cotizado solo en asombro a los ojos del Almirante, porque su gente desnuda, según puede leerse en Diario de a Bordo, le pareció “muy pobre de todo”.
Su Majestad, el viejo continente, se deshizo en emisarios de la fe y la natura. Y consta en los residuarios antiguos que semillas, gramíneas, ganado, gatos, venados, cerdos, aves, y hasta ratas (sin pasaje), acompañaron las sucesivas expediciones en el cruce de la Mar océana.
Quinientos años después, el debate mundial en torno a la Diversidad Biológica señala a la introducción de flora y fauna exóticas como la segunda causa de la extinción de especies nativas, sobre todo en las islas.
Cuba, separada por decenas de millones de años de las masas continentales, es un archipiélago de notables valores naturales y alto grado de endemismo en sus recursos bióticos. Mas, la gran diversidad de ecosistemas y paisajes contrasta con la vulnerabilidad de una biota casi inerme ante oponentes fogueados en la arena continental, a los cuales no les faltan en ese medio depredadores naturales que en la Isla no encuentran.
Decididos a tomar partido, los ecologistas fruncen el ceño ante una práctica bastante común en todo el mundo, aunque admiten la complejidad de un tema apenas divulgado, cuya solución depende de voluntad y profundo conocimiento.
Definir, salvar