Cable submarino
Los nervios del planeta
Las telecomunicaciones prefieren los tuétanos de fibra óptica
Por Toni Pradas
13 diciembre 2007
Ruidoso planeta, atropellas tus voces repletas de bytes. Gritos celulares; imágenes parlantes desde la pantalla. Un susurro melódico musicaliza una PC, mientras los satélites agonizan por tanta transferencia. Datos, datos, datos… Mundobit goza su ajetreo.
En cambio, sobre el silencioso lecho oceánico, ceros y unos desfilan obedientes hacia sus destinos, como reos al patíbulo, a través de sus túneles particulares. Son los cables submarinos. Vista al somatón, la Tierra revela bajo su epidermis un sistema nervioso propio, formado por más de un millón de kilómetros de cables, suficientes para rodear el globo 30 veces como pita al trompo; una red de enlaces de fibra óptica o cobre por donde trafican datos entre todos los continentes –excepto la Antártida– para luego brotar ruidosamente en teléfonos, computadoras, televisores…
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Todos los continentes, excepto la Antártida, están suficientemente cableados para mantener intercomunicación |
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Cuentan que Samuel Morse ya había apostado por este en 1840, así que, cuqueado, un par de años después sumergió en el puerto de Nueva York un alambre aislado con cáñamo alquitranado y caucho de la India, y telegrafió a través de él.
Al servicio telegráfico se destinaron los primeros cables marítimos, formados por hilos de cobre recubiertos de un material aislante, tal como los caviló el alemán Werner von Siemens en 1847. De tal suerte, en 1852 franceses e ingleses tuvieron enlace umbilical con un cable tendido sobre el Canal de la Mancha.
Con la sonrisa del éxito en la boca aún, tres años más tarde se aprobó el proyecto del primer cable trasatlántico, entre Irlanda y Terranova, pero los ingenieros tuvieron que esperar a regañadientes hasta 1866: la señal no mantenía la calidad necesaria por problemas eléctricos y de aislamiento. Tiempo después, la aparición de aislantes plásticos posibilitó la construcción de cables para telefonía, dotados de amplificadores sumergidos, con suministro de energía a través de los propios conductores por los que se transmitía la conversación. Poco a poco se alambraron los mares.
Ya en la década de 1960, un sinnúmero de canales telefónicos analógicos conectaban los hemisferios, gracias a la instalación de cables formados por pares coaxiales. Hasta que la aparición de la fibra óptica en los ‘80 permitió la transmisión de señales digitales portadoras de voz, datos, televisión, etc., con velocidades de transmisión de hasta 2,5 gigabits por segundo (Gbps), o lo que es lo mismo, más de 30 mil canales telefónicos de 64 Kbps que replican señales con amplificadores ópticos cada cien kilómetros.
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El cable submarino es una sucesión de capas que buscan protección y aislamiento y así transportar una señal segura |
¿Un satélite bajo el mar?
Unos 19 países de Sudamérica y Centroamérica quedaron sin servicios de Internet el pasado 21 de junio, luego de que se cortara el cable submarino Arcos por dos lugares: Venezuela, y entre Honduras y Nicaragua. Bien lejos, en diciembre, un fuerte terremoto en el suroeste de Taiwán produjo graves daños en ocho cables de fibra óptica que enlazan a China con el exterior, dejando prácticamente incomunicado al país.
Aunque se fabrican con fuerte blindaje, estos cables son bastante vulnerables, hasta por dentelladas de tiburones. Cuando la rotura es cercana a la superficie, basta un sumergible para repararla. Pero cuando los cables están profundos, un barco especializado eleva la porción dañada de cada extremo con una especie de garfio y empalma una nueva sección.
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Barcos especializados se encargan del tendido de los cables sobre el manto oceánico
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Quienes saben, dicen que instalarlo es tan difícil como poner un satélite en órbita. Primero se hace un levantamiento topográfico del fondo marino para elegir la ruta del cable. También se otea en qué lugar es imprescindible enterrarlo o fijarlo. Calculan la presión, la hidrogenación (que le resta transparencia), las tensiones a que se expondrá, las corrientes y deslizamientos de tierra.
Previendo estos azares, el cable se fabrica con un ánima de múltiples pares de fibras, recubierta de una fuerte protección: acero, dos capas de cable trenzado de acero inoxidable, una de cobre, un centímetro de polietileno, una capa de aluminio y otra de polietileno de alta densidad. Luego se armará con múltiples capas de hilo de acero inoxidable trenzado de hasta casi un centímetro de diámetro, para protegerlo contra los factores antes descritos.
La luz que en tus cables arde
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El tendido del cable se realiza uniendo dos tramos procedentes de ambas riberas, en un punto intermedio del mar |
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Sin tartamudear, los peritos aseguran que un país sin cables submarinos no tiene suficiente capacidad para las comunicaciones internacionales. Son la estructura básica de transporte de datos y permiten una conectividad a Internet más rápida, de mayor calidad y entre un 15 y un 25 por ciento más barata que la realizada a través del satélite.
Cuba, país que busca informatizar su sociedad a ritmo de redoblante, ha visto limitado el desarrollo de sus telecomunicaciones por no permitírsele enchufar a los cables que bordean la isla (como el Arcos-1, un anillo con capacidad final de 960 Gbps, que une a 15 países con costas caribeñas), amén del bloqueo económico norteamericano. Así, todo el tráfico digital depende de la costosa comunicación satelital.
Un cable entre La Habana y Cayo Hueso, Florida, hoy bosteza sobre el lecho marino del Estrecho. Este fue tendido después de la Primera Guerra Mundial, como parte de un sistema de líneas telefónicas a larga distancia y soporte de trasmisiones radiales entre ambos países. A finales del siglo pasado fue modernizado, pero la incautación, por parte del gobierno de Estados Unidos, de los fondos correspondientes a la empresa telefónica cubana por el servicio, hace que esta conexión permanezca inactiva.
Según un convenio firmado con Venezuela, la dependencia satelital puede cambiar cuando circule el primer bit –se espera que sea en 2009– a través de un cable submarino de fibra óptica que conectará a la Guaira, en el norte venezolano, con Siboney, en la oriental provincia de Santiago de Cuba. El enlace de mil 552 kilómetros, prevé dos bifurcaciones, cada una cerca de ambos extremos, para posibilitar la interconexión de otros países de América Latina y el Caribe.
Entonces Cuba podrá desarrollar no solo las telecomunicaciones, sino la integración que siempre se ha propuesto en el área.
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