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Nomadismo digital

La conectividad inalámbrica expande la informática hasta la mismísima línea del horizonte

Por Toni Pradas
Ilustración: Archivo
14 Noviembre, 2008

Nomadismo digital¿Cómo rayos se ha conectado a Internet esa laptop en medio de un parque? Por asombroso que parezca a algunos, los datos también pueden transmitirse sin cables, y no estamos hablando de un papel arrugado que vuela subrepticiamente de una punta a la otra del aula con la respuesta del examen. No.

Comprimidos, sí, pero con artimañas binarias, los datos pueden valerse de las ondas electromagnéticas para viajar de un servidor a una computadora; de un equipo a otro, dentro de una misma área de cobertura, ya sea en el interior o el exterior de un inmueble, cuando forman parte de una red o conexión inalámbrica.

Mas el hecho de que desdeñen el uso de cables (coaxial, fibra óptica, etc.) no hacen a esta red diferente a una tradicional –al menos conceptualmente, si bien gana en flexibilidad y comodidad. Su desventaja, en tanto, es la vulnerabilidad (existen programas capaces de cazar paquetes de información “al vuelo”, tal cual la maestra captura el “chivo”), sin contar que puede perder velocidad en comparación a una conexión cableada, debido a interferencias y pérdidas de señal que el ambiente puede provocar.

Cuentan que la idea empezó a hormiguear por Hawai, cuando los sesudos buscaban transmitir y recibir datos entre las numerosas islas y así se apostaron por un método parecido a la radio. Pronto salieron del cajón diversos y reñidos estándares sin cables.

Esquema de red digital
Esquema de la red Wi-Fi

Hasta que se hizo impostergable resolver semejante descoordinación. En 1999, tras arduas conversaciones, los líderes en soluciones inalámbricas (3Com, Airones, Intersil, Lucent Technologies, Nokia y Symbol Technologies) crearon una asociación conocida por WECA (Wireless Ethernet Compatibility Alliance, o Alianza de Compatibilidad Ethernet Inalámbrica), que en 2003 pasó a llamarse Wi-Fi Alliance.

Bajo la férula del sello Wi-Fi, la WECA, hoy con unos 150 miembros, certifica desde abril de 2000 la interoperatividad de equipos que cumplen con la norma IEEE 802.11b, sea cual fuera su fabricante. Aunque Wi-Fi es el acrónimo de Wireless Fidelity (Fidelidad Inalámbrica), en realidad no significa nada (como no sea, claro está, dicha norma IEEE) y es tan solo una útil y pomposa marca comercial solicitada a una empresa de publicidad, para que fuera fácil identificar y recordar la total compatibilidad.

Por flamante que parezca, Wi-Fi no es una alternativa a las redes convencionales, sino una nueva tecnología que las complementa. Ambas, inalámbricas y de cables, ofrecen las mismas expectativas de comunicaciones: compartir periféricos, acceso a bases de datos o a ficheros compartidos, a servidores de correo, navegación a través de Internet, etc., con una fidelidad superior a la de ese fraudulento “chivo” lanzado en medio de un examen.

La oficina móvil

Routers en postes
La necesidad de expansión ha promovido la instalación de los routers en postes, con suministro energético solar por celdas fotovoltaicas

Durante años los usuarios se lamentaron por no poder llevar a cuestas su digitalizada oficina, pero hoy pueden afirmar que el entorno Wi-Fi es la solución idónea para unificar movilidad y conectividad en la transmisión de datos.

Para que el milagro sea posible, cada ordenador debe disponer de un adaptador de red inalámbrico, que no es más que una tarjeta receptora (PCI en máquinas de mesa y PCMCIA en portátiles). Con la integración de estas funciones dentro las máquinas, esas tarjetas han caído en desuso. El toque de gracia lo van dando las tarjetas USB (llamadas W-USB o WUSB) cuyo nuevo protocolo, aprobado en mayo de 2006, alcanza velocidades de enlace de hasta 135 megabits por segundo (Mbps).

Artículos Wi-Fi (computadoras, impresoras, cámaras webs, escáneres…) envían y reciben ondas de radio mediante un transceptor (transmisor-receptor) situado en cualquier lugar, interior o exterior, dentro del área de cobertura. De estos, los routers reciben la señal de la línea ofrecida por el operador de telefonía, mientras los puntos de acceso, ubicados donde el routers no tienen suficiente radio, capturan la señal débil y la amplifican.

Hoy las redes inalámbricas permiten la transmisión de datos a velocidades de 11 Mbps o incluso superiores (el estándar IEEE 802.11g alcanza los 54), suficiente para la mayoría de las aplicaciones. Ya a fuego lento se cuece la norma IEEE 802.11n que, gracias a técnicas de aceleramiento, alcanza los 108 Mbps.

Así, las redes inalámbricas han ido inundando espacios empresariales,  académicos… O turísticos, como es el caso de Cuba. Incluso ya proliferan “comunidades wireless" con acceso gratuito a la red, tras conectar con nodos públicos situados en diferentes puntos de una ciudad donde siempre un viandante se pregunta cómo rayos se ha conectado esa laptop en medio de un parque.

 

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