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LA ENTREVISTA

Roberto Pérez Rivero

Natural

Extrovertido e incansable, este apasionado defensor del medio ambiente impulsa en Cuba los conceptos de la agricultura sostenible, y contribuye a potenciar un modo de vida sobre la naturaleza y su conservación.   

Por Arowh Mahmoud, estudiante de Periodismo
Fotos: Cortesía del entrevistado

17 Diciembre, 2008

Roberto Pérez“Que veinte años no es nada, que febril la mirada...” Lo podría cantar sin vergüenza alguna Roberto Pérez, director del Programa de Educación Ambiental y Conservación de la Biodiversidad de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre. En dos décadas apenas ha cambiado este apasionado ecologista; parece todavía que recién estrena el entusiasmo de cuando apenas daba sus primeros pasos como biólogo y era, entre tantos recién graduados, un joven más de andar presuroso y cabellera revuelta.

Ahora Roberto exhibe unas cuantas libras de más. Pero detrás de sus espejuelos de grueso cristal la mirada sigue siendo límpida y su sagacidad continúa alumbrando los esfuerzos cubanos por armonizar el ambiente con las personas, y la sociedad con su entorno.

En 1995 Roberto fundó el proyecto de permacultura (agricultura permanente), de la entonces Fundación de la Naturaleza y el Hombre, una propuesta de interacción humana con el medio natural, basada en la responsabilidad. Desde entonces, decenas de personas de comunidades costeras, pueblos de montañas y barrios marginales le han visto pasar y han compartido con él vivencias, preocupaciones, anhelos.

-¿Cuándo despertó su inclinación por la Biología y la protección del medio ambiente?

Roberto Pérez
En paz con la naturaleza. Así se siente Roberto Pérez, en cada recorrido por los paisajes y comunidades de Cuba. La estampa es en el Macizo de Guamuhaya, en la Sierra del Escambray

-A finales de la década del setenta cuando tenía menos de diez años. Mi motivación surgió a partir de la conocida serie televisiva El hombre y la tierra, dirigida por el naturalista español ya fallecido Félix Rodríguez de la Fuente. Entonces me dije: quiero hacer lo mismo que ese hombre. Y la mayoría de las labores que he realizado como profesional han tenido el matiz educativo que dejaron en mí aquellos maravillosos documentales.

“Cuando me gradué, no obstante, el perfil de las carreras era muy amplio. Como biólogo general estaba listo para trabajar en cualquier cosa,  pero mi trabajo requiere de una especificidad mayor.

“En los entrenamientos recibidos, algunos ellos fuera de Cuba, encontré herramientas que en ese momento no teníamos en el país: determinados estudios de impactos ambientales y manejo de recursos naturales, por ejemplo. Ellos me aportaron otra visión del mundo, diferente a la de un científico encerrado en un laboratorio; más fundada en la práctica, para abordar las problemáticas del medio ambiente desde el punto de vista de las necesidades y la vida de las personas”.

- ¿Cómo valoras la protección del medio ambiente en el contexto cubano?

Roberto Pérez
El gusto por el magisterio se ha colado en su vida. “Trabajo la educación por las vías no formales, con técnicas de la denominada educación popular. Este método parte de la idea de que los alumnos no son recipientes vacíos de conocimientos, sino que el saber es compartido y transita en ambas direcciones”

- Trabajo en temas ambientales desde principios de los años noventa. Ese fue un momento muy duro, donde muchas personas para obtener el combustible con que cocinar, por ejemplo, tuvieron que cortar los árboles, lo cual afectó de manera notable la superficie boscosa en zonas rurales fundamentalmente. No obstante, Cuba firmó todos los acuerdos de la Cumbre de Río de Janeiro en 1992 y se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

“Como ambientalista no estoy satisfecho con lo alcanzado, pero en los últimos 14 ó 15 años se ha avanzado de forma ostensible en cuanto al conocimiento del medio ambiente. Cuando yo era estudiante de la Universidad de La Habana, solamente en las facultades de Geografía, Biología y Derecho se preocupaban por esos temas. Ahora están presentes, en mayor o menor medida, en toda la sociedad.

 “Hay avances importantes en cuanto a la recogida de basura, más respeto al mecanismo de las licencias ambientales y se han frenado proyectos muy destructivos para el medio: algunas hidroeléctricas y determinadas operaciones mineras, por ejemplo.

“No obstante, nos falta mucho por trabajar en la búsqueda de tecnologías apropiadas. Nuestra industria es mayoritariamente obsoleta y, por tanto, cuenta con pocos sistemas de tratamiento eficientes. A ello se suman los problemas de contaminación de las aguas y de los suelos.

“También es necesario que protejamos determinadas poblaciones, paisajes y armonicemos más el cuidado medioambiental con el desarrollo turístico. Sin sonrojarme digo que la Fundación Antonio Núñez Jiménez –y yo también de forma personal- ha aportado un granito de arena en estos empeños, a través de nuestra participación en numerosas discusiones y eventos donde se han debatido estos asuntos”.

-¿Cuánto puede contribuir la permacultura como forma de producción viable en pequeños espacios urbanos?

Roberto Pérez
No es extraño encontrar a Roberto sembrando árboles rodeado de niños. En la foto, durante un taller de educación ambiental en el año 2002.

-La permacultura aporta varios elementos claves a la vida humana. Propone visualizar tres principios éticos: cuidar la tierra, las personas y utilizar todos los excedentes: tiempo, dinero y energía para cumplir con los dos primeros principios. A partir de esos conceptos se genera una conciencia mediante la cual más de un millón de personas en el mundo han tratado de vivir y producir sus propios alimentos, diseñar sus casas, ahorrar energía, introducir diseños renovables y preservar el agua.

“En el caso de Cuba la permacultura surgió como una alternativa, que se aplicó inicialmente en la agricultura urbana y luego en las áreas rurales. Lo que diferencia ese proceder con la llamada agricultura orgánica o sustentable es su diseño. No se trata de usar solo humus de lombriz o bueyes por tractores para obtener un alimento sano, sino de poner la  naturaleza a trabajar a nuestro favor sin deteriorarla.

“Por ejemplo, en vez de utilizar el aire acondicionado para mejorar la temperatura de una vivienda se puede situar una planta de uvas en el techo del inmueble y obtener así sombra, además de vino y vinagre. Se trata de buscar soluciones a los problemas que se generan en el ambiente urbano”.

-¿Qué tienen en común usted y la permacultura?

Roberto Pérez
Extrovertido y amigo de sus amigos, su tiempo libre lo dedica a la espeleología, aunque también le gustan mucho los juegos de computación y las buenas películas

-Durante mucho tiempo, sobre todo cuando era estudiante, mis amigos me criticaban por no dedicarme a la investigación biológica, al estudio de los animales y a la recolección de “bichitos”. A mí eso nunca me gustó; siempre disfruté más estar en los espacios naturales. En la permacultura encontré la manera de compartir lo que había aprendido en la Universidad, de acercarme a la naturaleza, conocer sus principios y aplicarlos a la vida cotidiana.

“Nunca antes había visto una disciplina que relacionara la agricultura con la naturaleza y viceversa; siempre existió una separación entre las dos. La permacultura me trajo esa unión y me permitió conocer lugares nuevos, aprender y enseñar; estar en paz conmigo mismo y poder hacer lo que quería”. 

-Si tuviera que crear una tabla de defectos y virtudes, cuáles incluiría en ella
- Como defectos pondría que soy una persona muy ruidosa, un gritón. A veces hago las cosas muy rápido, sin pensarlas dos veces. Entre las virtudes incluiría que me gusta compartir los conocimientos, aprender todo el tiempo y trabajar con cualquier tipo de persona. Soy bastante extrovertido, por lo tanto, me apunto a la fabulosa idea de romper el hielo con los demás.

 

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