Todavía me quedan metas por alcanzar
Una vida consagrada la docencia y la investigación hacen del Doctor en Ciencias Veterinarias una de las personalidades de esta rama en Cuba.
Por Amanda Cartaya Quevedo
15 Abril, 2010
Roberto Brito Capallejas tiene una larga experiencia en las aulas cubanas. Doctor en Ciencias Veterinarias, imparte clases de reproducción animal en la Universidad Agraria de la Habana.
Entre los múltiples reconocimientos recibidos, ostenta el de Profesor de mérito y premio Juan Pedro Carbó Serviá del Consejo de Ciencias Veterinarias. Su aporte a la docencia, abarca la redacción de textos utilizados en la enseñanza de la Reproducción Animal en todo el país. Juventud Técnica dialogó con el también presidente de honor de la Sociedad de Reproducción Animal del Consejo Científico Veterinario que, con sus 82 años, habla a la juventud como el primer día.
¿Qué motivaciones tuvo para inclinarse por la carrera de Medicina Veterinaria?
Podemos decir que prácticamente fue accidental porque estudié maestro agrícola. Tuve la suerte de que fui primer expediente en la escuela de Camagüey, donde me dieron una beca en Santiago de las Vegas, y allí aprovechaba el tiempo para prepararme como alumno ayudante y para ingresar en la facultad de Agronomía de la Universidad de la Habana.
Me presenté ese mismo curso, sólo había tenido preparación de tres meses, aprobé dos grupos de exámenes, pero no pasé las últimas fases.
Entonces hubo un ingreso especial por primera vez en la facultad de Veterinaria para estudiantes agrícolas, me presenté allí y aprobé, con la idea de que el siguiente año pasaría para Agronomía, pero me gustó tanto la carrera que me quedé en ella.
¿Cuáles fueron sus primeras experiencias laborales?
Al principio fue muy difícil para mí porque no tenía relaciones políticas (eran indispensables en aquella época) ni familia veterinaria que me pudiese ayudar en el comienzo.
Los primeros meses me nombraron veterinario en el municipio de la Salud y cuando comencé a ir el alcalde me llamó y me dijo que asistía mucho y que con lo que pagaban no me iba a alcanzar si quiera para pagar los viajes.
Después de eso me nombraron veterinario de Guanajay y a los seis meses de graduado empecé a tener resultados y pude con mi trabajo tener mejores ingresos.
¿Cómo comenzó su inclinación por el magisterio?
Antes del triunfo de la Revolución un profesor que me impartió clases en la Universidad de La Habana me pidió que me preparara para ser maestro. No pude, pues tenía mucho trabajo, pero al triunfo, con el abandono de muchos profesionales del sector de la educación me pidieron que formara parte del claustro de profesores de la facultad de Veterinaria y aquí estoy desde el año 1963.
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Obtuvo la medalla 250 aniversario de la Universidad de la Habana, participa en los tribunales de categoría científica y Docente de la Universidad Agraria de la Habana, miembro Correspondiente de la Academia de Ciencias Veterinarias de España. |
A lo largo de su vida ha recibido innumerables reconocimientos: seis distinciones, dos condecoraciones en universidades del extranjero y méritos relevantes en nuestra educación superior, de todos ellos, ¿cuál ha sido el más importante? ¿Por qué?
Cualquiera de ellos me ha impresionado porque en general, pienso que no los merecía tanto, pero uno de los que más me impactó fue el “Escudo Pinareño”, porque me lo dieron en esa provincia, a pesar de no ser oriundo de ella.
Dos de los aportes más grandes que ha hecho a la Medicina Veterinaria son la sincronización de partos en la enseñanza de obstetricia veterinaria y las investigaciones en el campo del amamantamiento restringido y en la inducción del celo en las vacas, ¿qué representan para usted?
Para mí son el esfuerzo y el fruto de mi trabajo, lo pude lograr gracias a los estudios del doctor Bartolomé Preval que resolvió el problema de las retenciones placentarias. Yo solo me di cuenta que era posible sincronizar los partos de las vacas. La dificultad que existe es el gran número de las retenciones placentarias que se inducían, eso fue un gran resultado porque nos permitió, por primera vez, llevar a la aplicación la práctica de la obstetricia, y que los estudiantes vieran partos naturales. Así podían los estudiantes y profesores hacer partos en las vaquerías y tener un mejor acercamiento del tema.
A sus 82 años se mantiene activo en la Facultad como profesor ¿se siente con el mismo ímpetu del primer día?
La verdad es que cuando yo cumplí 60 años, por la cantidad de contenido de trabajo que tenía, le pedí al Rector que me remplazara como Jefe de departamento para poder trabajar 4 ó 5 años más y la realidad es que me ha costado mucho parar. No puedo dejar mi oficio.
¿Qué representa para usted participar de forma activa en la formación de tantas generaciones de médicos veterinarios?
Esa es una de las más grandes satisfacciones que tengo, ver la cantidad de alumnos - incluso a veces no los conozco. Adonde quiera que voy siempre hay uno y siento una alegría inmensa al ver el cariño con que me saludan.
Con tanto trabajo y tantas responsabilidades ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
El tiempo libre es muy poco, cuando me quedo un rato en la casa siempre estoy en la computadora para realizar tareas de trabajo.
Comentan que el amor suyo hacia su esposa fue un amor a primera vista, ¿cómo sucedió?
Es una cosa curiosa, yo vi a mi señora y me parecía que era muy joven. Cuando me dijeron que ella tenía 19 años dije: con esta muchachita me voy a casar. Ella no me conocía, no habíamos hablado y yo ya le decía a mis amigos que me iba a casar con ella y así fue.
¿Qué le recomienda a la nueva generación de profesores?
La mejor recomendación es que estudien y trabajen mucho. El secreto por lo que me mantengo vivo, es que siempre tengo algo que hacer. No he realizado todas mis metas y por fortuna me quedan muchas por hacer.