Protección del medio ambiente
Más que palabras
A la búsqueda de una sensibilidad nueva con respecto al medio ambiente llama la Declaración de Principios de la Juventud Cubana en torno al cambio climático y el desarrollo sostenible.
Por Iramis Alonso Porro
Foto: Archivo
6 septiembre 2007
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Los jóvenes cubanos andan persiguiendo al gato de la irracionalidad para ponerle cascabel. En la protección del medio ambiente, el control de emisiones contaminantes, el ahorro energético, la siembra de árboles; en la creación de una cultura de armonía con la naturaleza, de un comportamiento racional.
Al menos eso proclama la Declaración de Principios de la Juventud Cubana en torno al cambio climático y el desarrollo sostenible, presentada recientemente por las Brigadas Técnicas Juveniles y su Red Ambiental.
Mas, peco de absoluta y demagógica. Debí comenzar esta reflexión diciendo: ALGUNOS jóvenes cubanos andan persiguiendo al gato de la irracionalidad.
Porque no debemos confundir deseos con realidad. Todavía el espíritu renovador y la osadía que acompañan a los años mozos no se manifiestan como debieran en los modos en que la más nueva generación de cubanos se relaciona con la naturaleza, ni en su actitud frente a los conflictos generados por el maltrato.
Es cierto que en todo el país muchachos imberbes y etéreas jovenzuelas miran a la tierra buscando remedios naturales a su fertilidad, se entierran hasta la rodilla en ríos pútridos y extraen muestras para futuros análisis o han entrado a comunidades marginales a compartir su dura vida, con propuestas dirigidas a la transformación de hábitos depredadores y a la búsqueda, también, de la sabiduría popular.
El atildado, pero combativo, Yordanis Puertas, en Sancti Spíritus; el jovial Carlos Martínez, en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana con su boletín Biotemas o la aguda Leslie Salgado, en el Canal Habana, son ejemplos de esa entrega.
Es cierto también que muchos reconocidos investigadores de la naturaleza, y hasta directores de centros dedicados al estudio y protección del medio ambiente en todo el país, gente que toma hoy decisiones vitales, comenzaron sus cruzadas contra el despilfarro en los EcoJoven de periodo especial, hace más de diez años, cuando aún eran espigados, no peinaban canas ni tenían hijos.
Misael Díaz, en el Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos; Roberto Pérez, en la Fundación Antonio Núñez Jiménez; Mayito Abbó, en el Centro de Información, Gestión y Ecuación Ambiental; Enrique Dalmau en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
Pero, lamentablemente, todavía muchos jóvenes cubanos tiran latas, papeles o cualquier otro desperdicio a donde se les antoja, aunque haya un cesto a dos pasos. O ponen música a un volumen atronador, arrancan la rama que se les cruza en el camino, friegan autos en los ríos. Y con un desdén que asusta.
Es justo esa actitud de superioridad, esa conducta de animal comprante y botarate, esa despreocupación por las consecuencias de sus actos, lo más aterrador. Y a la transformación de tales comportamientos, a la búsqueda de una sensibilidad nueva entre los propios jóvenes, debe apuntar también esa declaración de principios por el desarrollo sostenible.
Denunciar los modelos capitalistas de crecimiento insostenible implica denunciar a quienes dentro de nuestra Isla replican esos modelos. Como también profundizar en las causas de por qué los jóvenes –que han crecido visualizando un paradigma diferente, lo hacen; de por qué no se apuntan a modos alternativos de relación con el entorno, más satisfactorios.
No basta con perseguir al gato o decir que se persigue. Ponerle el cascabel nos exige más que palabras.
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