Medio ambiente
Papeles secundarios
Por Iramis Alonso Porro
Foto: Archivo
12 Febrero, 2010
Que los medios de comunicación son capitales para crear una cultura ambiental es una idea que nadie discute. Mas, del dicho al hecho, lamentablemente, hay un trecho. Y así, surgen incomprensibles dicotomías entre los procesos de construcción de los mensajes ambientales y la promoción del modelo de desarrollo sostenible que se proclama deseable.
Es posible constatar el aumento de la cantidad de materiales periodísticos que abordan la protección del patrimonio natural, con énfasis en temas relevantes en las agendas multilaterales de debate a nivel mundial, digamos el agujero en la capa de ozono.
Sin embargo, si comparamos la relevancia de los problemas ambientales y su impacto en la vida diaria con la cualidad de su abordaje en los medios, veremos que este es insuficiente, no sistemático e, incluso, en ocasiones, superficial. La información considerada ambiental aún camina muy por detrás de la deportiva, económica y/o política, entre otras razones porque se muestra desligada de aquellas…, y viceversa.
En la prensa escrita son cortas las publicaciones de temática exclusivamente ambiental. Con destinatarios muy específicos y exigua tirada puede citarse Ilé, de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre; existen folletos de proyectos comunitarios y periódicos locales, como los vinculados al Plan Turquino Manatí, que abordan algunas aristas. Ningún impreso nacional le dedica espacios fijos; el tópico suele aparecer en las secciones de ciencia y tecnología, donde compite con el bagaje de información científica que se genera dentro y fuera de la Isla.
La televisión cubana ha incluido nuevos espacios de corte naturalista y habría que agradecer a Mundo Latino y su “Naturaleza secreta de Cuba” Mas, predomina mucho material Discovery de excelente factura, casi todo sobre fauna y con fuertes matices conservacionistas, frente a programas de producción nacional, de temática variada y científicamente fundamentados, pero de capacidad de comunicación cuestionable. La presencia de los conflictos ambientales del país en espacios noticiosos es bien escasa.
También se presentan asuntos de carácter global, desligados de la cotidianidad. Es frecuente que se mencione el actual cambio climático, desconectado de la esfera de actuación del ciudadano pese a que Aquílatierrasus comportamientos cotidianos representan gran parte del problema.
Esto explicaría por qué, aunque el esquema cubano de desarrollo es conceptualmente diferente del modelo predador a ultranza de los recursos naturales, subsisten actitudes –bastante frecuentes– que suscriben modos de vida antropocéntricos, consumistas, que subvaloran el patrimonio ambiental o solo le dan valor de uso, asociado al turismo, por ejemplo.
Hacer una buena investigación ambiental requiere, además, de tiempo y recursos. Para el periodista se hace complejo llegar a un distante bosque para presenciar un hecho. Siempre podrá entrevistar al científico y usar sus fotografías, pero las historias serán menos vivaces y profundas.
La información ambiental debe ofrecerse con garantías de rigor científico, lo cual no está exento de dificultades por el gran volumen de datos que se genera, la multiplicidad de fuentes de procedencia, y su resistencia a ofrecer información que pudiera ser comprometedora, así como la complejidad de los procesos, susceptibles de interpretaciones distintas.
Problema asociado es la archicomentada especialización de los periodistas. ¿Existen redactores especializados en los temas medio ambientales o solo estamos acostumbrados?
Lo habitual es que la especialización se adquiera por acudir siempre a un tipo de acontecimiento informativo con contenido similar. ¿Será el periodista capaz así de comprender lo que le dicen las fuentes e interpretar el contexto en el que lo dicen? Esa puede ser causa de que, al menos en el entorno cubano, escaseen los textos de opinión (comentarios, artículos) sobre temática ambiental nacional.
Los medios de comunicación, obviamente, no son el bálsamo a todos los problemas de la información y cultura ambiental. Pero aún faltan coherencia, iniciativa y agresividad, en aras de abrir nuevos espacios de diálogo en el proceso de construcción de una ciudadanía ambientalmente responsable.
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