La primera Academa de Ciencias de Cuba
 

Academia de Ciencias

La primera de Cuba


Por Prof. Luis Enrique Ramos Guadalupe
Ilustración: Yury Díaz Caballero
1 de mayo, 2011

Evolución

Durante el año 2011 la comunidad científica cubana celebrará con legítimo entusiasmo el sesquicentenario de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, primera de su tipo constituida en Cuba, singular acontecimiento al que Juventud Técnica dedica el presente número.

Los preámbulos de aquella institución hay que buscarlos en 1826, en la utopía de un joven médico cubano, Nicolás José Gutiérrez, quien redactó los fundamentos de su propuesta apoyándose en la experiencia de una figura ya consagrada por sus altos desempeños científicos: el doctor Tomás Romay; y en Francisco de Paula Alonso, otro galeno de autoridad reconocida. A pesar de todo, habrían de transcurrir treinta y cinco años hasta que la corona española decidiese –¡por fin!– autorizar su creación en la isla de Cuba.

Las ideas de la ilustración, que irrumpieron en Cuba a finales del siglo XVIII, fecundaron el pensamiento de la época. Así, mientras ocurría la transmutación de lo criollo en cubano y surgían las primeras representaciones de la Nación, se consolidó el terreno donde construir una academia de ciencias médicas. Pero la iniciativa no debe verse como resultado de un simple orgullo gremial, sino consecuencia del papel de los médicos como vanguardia del movimiento científico en la Isla y expresión de un colectivo profesional meritorio y capaz de organizarse en un cuerpo consultivo. Más adelante, las ciencias naturales y la Farmacia, coadyuvarían a diversificar y fortalecer el grupo fundacional de la Academia, mayoritariamente integrado por cubanos.

En su discurso inaugural del 19 de mayo de 1861, Nicolás José Gutiérrez, elegido por sus iguales para desempeñar el más alto cargo de la institución recién fundada, señaló lo siguiente: “llegue un día en el que la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana no sea la menor entre las otras que figuran con crédito y orgullo en ambos mundos”.

Aquella Academia primada declinó con la República, y junto al calificativo de “Real”, perdió la mayor parte de la valía social alcanzada en su primera etapa, y se sostuvo durante la primera mitad del siglo XX con el esfuerzo individual de sus miembros y prácticamente sin apoyo oficial alguno.

Las circunstancias políticas, económicas y sociales imperantes en Cuba hasta 1959 impidieron que la premonición enunciada por Nicolás José Gutiérrez se hiciera realidad. Solo se hizo cierta con la profunda transformación que en todos los órdenes trajo la Revolución.

El movimiento científico cubano ha multiplicado hoy en miles de veces lo que consiguieron la ilustración y la modernidad en el siglo y medio precedente, y ha enaltecido la importancia del conocimiento y la innovación tecnológica en función del desarrollo económico del país.

Apenas un comienzo serán las celebraciones del sesquicentenario de la primera Academia cubana, pues el cercano 2012 traerá consigo otro momento de recuento: el aniversario 50 de la actual Academia de Ciencias de Cuba –instituida por la Revolución– cuyos miembros, tan diversos y crecidos como la propia misión que hoy se les exige, se reconocen herederos de aquellos académicos fundadores de 1861

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Dossier dedicado al sesquicentenario de la fundación de la primera Academia de Ciencias de Cuba

Actualizado año 2012
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