Debate sobre Medicina Natural Tradicional y Alternativa
 

Debate sobre Medicina Natural Tradicional y Alternativa

Punto y seguido

18 abril, 2012

Punto y seguido
Tabla de contenido
Algunas enseñanzas
Ética y calidad
Prestar máxima atención

A raíz de la publicación del texto “Medicina sin apellidos”, Juventud Técnica ha abierto durante dos meses un espacio para el análisis de diversos puntos de vista asociados al desarrollo de la medicina natural en Cuba. Múltiples han sido las opiniones publicadas y muchas quedarían, pero creemos que se han acumulado suficientes como para que cada cual valore las certezas y dudas expresadas en el artículo original.

Les ofrecemos los últimos textos, que intentan esbozar un resumen del intercambio ocurrido y establecer algunas pautas para futuros diálogos sobre temas de ciencia. Posteriormente podrá consultar todos los materiales publicados en la sección Dossier o en nuestra página en la red social Facebook.

No estamos poniendo punto final; JT volverá sobre algunos de los asuntos tratados en aras de profundizar en aspectos del desarrollo científico nacional cuando lo amerite. Por tanto, invitamos a todos nuestros lectores a continuar escribiéndonos a debatecienciajt@gmail.com con el propósito de sugerirnos otros temas que contribuyan a mejorar y ampliar nuestra obra, en aras de la sedimentación de una cultura científica y ambiental en los ciudadanos.

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Algunas enseñanzas del presente debate

Una disciplina es seudocientífica cuando cumple con aquellos rasgos que la definen como tal, no cuando algunos de sus cultores se conducen de manera seudocientífica

Por Luis Carlos Silva, Dr. en C Investigador y Académico Titular
19 Abril, 2012

Una vez más, toca saludar a Juventud Técnica por haber abierto este espacio para la discusión científica, algo que pese a las enormes posibilidades que ofrece la virtualidad, no hemos aprendido aún a explotar de manera óptima.

Hace unos años publiqué un trabajo intentando esclarecer las reglas del debate científico (1). Mencioné e ilustré entonces aquellas pautas que estimé medulares para que las polémicas científicas pudieran ser fructuosas y no es del caso repetirlas ahora. Sin embargo, avanzado como está el intercambio en este punto, cabe hacer algunas reflexiones generales acerca del modo en que se ha desarrollado. Lejos estoy de considerarme árbitro definitivo para evaluar aquello que es correcto y lo que no lo es. Pero resulta a mi juicio pertinente hacer algunas consideraciones sobre sus luces y sus sombras, simplemente desde los presupuestos más universalmente admitidos acerca de cómo ha de discutirse en el marco de la ciencia.

En primer lugar destaco que, salvo alguna desdichada mancha coyuntural, no se han producido ataques personales, pese a la vehemencia que, lógicamente, han puesto los participantes en sus intervenciones. Tampoco he observado posiciones que no me hayan parecido honradas, incluyendo, desde luego, aquellas con las que discrepo claramente.

Ahora bien, algo que llama la atención es el clamoroso silencio que algunos participantes han hecho ante preguntas y propuestas concretas. Hay un concepto que es necesario esclarecer para examinar adecuadamente este punto y los siguientes.

Una disciplina es seudocientífica cuando cumple con aquellos rasgos que la definen como tal, no cuando algunos de sus cultores se conducen de manera seudocientífica. Esos rasgos, entre otros, son: exhiben escaso o nulo afán por identificar las fisuras o errores de sus representaciones, reposan en bases irracionales o contrarias al conocimiento científicamente constituido, se aferran a postulados inamovibles, padecen de un claro despego al método científico para su desarrollo y ocultan como norma sus fracasos. A mi juicio, tal es el caso de la terapia floral, la piramidoterapia y el empleo de péndulos para el diagnóstico.

Pero una disciplina puede no merecer en bloque tal calificativo, aunque algunos o muchos de sus defensores se conduzcan de manera seudocientífica. Si un individuo afirmara que el “corazón” es un órgano cuya función es la de regir los sentimientos de las personas y lo fundamenta en versículos de la Biblia, si no define lo que entiende por “sentimiento” y además afirma que no se pueden hacer experimentos al respecto, eso no hace de la cardiología una seudociencia. Es ese individuo quien se conduce de manera seudocientífica.  Yo creo que eso ocurre cuando algunos se empantanan en la mística china de los meridianos, los flujos de energía vital, el equilibrio entre el ying y el yang, los riñones del cielo, y conceptos afines.

Hay muchos estudiosos y practicantes de la acupuntura - especialmente en Europa y Estados Unidos- que se desentienden en toda esa palabrería mística, que puede tener gran valor cultural pero que es científicamente estéril. Sostienen que, tras la aplicación de agujas, se producen modificaciones fisiológicas en el cuerpo humano, tales como la liberación de neuromoduladores (endorfina, encefalina o lipotropina); es decir, hormonas que actúan sobre el sistema nervioso central. Pero, sobre todo, y esto es lo más importante: son personas que no se irritan ni apelan a criterios de autoridad o explicaciones poético-filosóficas cuando sus hipótesis se ponen en duda, sino que intentan buscar explicaciones fisiológicas para ellas y procuran ponerlas a prueba a través de ensayos clínicos controlados o por medio de técnicas de imagen, (resonancia magnética funcional o tomografía por emisión de positrones, por poner dos ejemplos).

Personalmente, he tenido oportunidad de trabajar con profesionales que exhiben esa vocación verdaderamente científica. En un esfuerzo investigativo en el que participé, bajo la dirección de uno de los profesionales más destacados en la materia en España, aparecido luego en una revista de renombre dentro del campo de las llamadas medicinas alternativas del que fui coautor (2), tuve la satisfacción de interactuar con, y aprender de, un profesional de este último tipo. No es un investigador aislado, una rara avis; baste decir que entre 2003 y 2010, solo en la revista a la que he aludido, se han publicado 938 artículos sobre acupuntura. Desde entonces comprendí que la conducta esquiva hacia los experimentos por parte de algunos cultores de la acupuntura, quienes repiten de manera casi obsesiva frases ininteligibles para los demás (profesionales con los que también he chocado en nuestro país) no hace de esta disciplina una seudociencia sino que solo revela la existencia de personas que la manejan como tal. La mayoría de ellos, lamentablemente, jamás han publicado nada en una revista arbitrada de prestigio.

Nuestro debate permite apreciar tales conductas. Ante el reclamo de una parte de los participantes de que se valore la posibilidad de hacer experimentos o de que se expliquen conceptos que en principio parecen inextricables, no se ha producido la menor reacción.

Por otra parte, cuando escribí el artículo al que antes aludí (1), no se me ocurrió incluir una regla que dijera: “Un participante del debate no debe dictaminar que otro, debido a que no tiene algún rasgo específico, está inhabilitado para opinar”. No la incluí porque nunca en mi vida vi algo parecido en las muchas discusiones científicas de las que he tenido conocimiento. El Dr. Sc. Roberto Mulet comunicó en su trabajo “No puede ser que el rey esté desnudo” sus opiniones y sus razonamientos sobre una disciplina sin agredir a nadie personalmente.  Sus serias dudas sobre la cientificidad de buena parte de la MNT pueden ser tan válidas o inválidas como las de alguien que opine que “la estadística solo sirve para mentir” (algunos lo dicen; creo que están en un error, pero no me siento personalmente agredido por ello, aunque sea mi especialidad).

En lo personal no aprecié ningún sarcasmo en su estilo, aunque eso es subjetivo. Sus opiniones y su manera de expresarlas pueden o no agradar, y pueden o no impugnarse, pero siguen un hilo racional. Lo que parece muy lamentable es que otro participante, el Dr Rigoberto Hermida (en su respuesta “El rey no está desnudo, está de traje”), decida que, como estima que los conocimientos del Dr. Mulet son limitados en materia de Morfofisiología y Biología Molecular, y como cree que sus argumentos carecen de elementos propios de la medicina, este colega debe abstenerse de dar opiniones. No de otro modo puede entenderse que se intente coartar la pluralidad mediante la receta de “zapatero a sus zapatos”. Simplemente, es deplorable que allí, en el espacio concebido para intercambiar ideas, aparezcan elementos orientados a negar el derecho de un colega a expresarse.

Una  lectura cuidadosa del debate permite asimismo observar cómo algunas citas que se hacen a lo que otro colega expresó, son inciertas o inexactas. No voy a extenderme con pruebas de ello, pero si alguien quiere conocerlas, puedo hacerle llegar media docena. En este contexto me veo obligado a rechazar muy especialmente, que se hable de “reconocidos profesores que han manifestado en el debate su desacuerdo con el desarrollo de la Medicina natural y tradicional en el país...” y que se les aluda como “detractores de la MNT”. No pude identificar a ningún colega al que quepa ni lo uno ni lo otro. A una voz popular le oí decir una vez, palabras más o menos: “Nada como inventarse un interlocutor estúpido para quedar yo como victorioso”.

Finalmente, me referiré a la tendencia a realizar afirmaciones sin capacidad para respaldarlas. Acaso la más notable ha sido la de acusar a Juventud Técnica de favorecer a una de las tendencias presentes en este debate. Bien podría haberse producido esa deficiencia, pero no fue el caso; de modo que es inaceptable que se haga tal acusación sin mencionar en lo más mínimo algún elemento que sirva para creerlo. Su equipo editorial ha sido tan respetuoso que ha admitido todas las contribuciones, incluyendo algunas que total o parcialmente se alejan de las pautas que han de regir el debate científico, a algunas de las cuales he destinado esta, mi última intervención en el debate. Ojalá otros espacios sigan ese ejemplo de apertura hacia la diversidad de ideas.

Bibliografía

(1) Silva LC (2008) Claves para el desarrollo del debate científico. Revista Cubana de Física 28 (1): 9-12.
(2) Vas J, Perea E, Méndez C, Silva LC  (2006) Efficacy and safety of acupuncture for the treatment of non-specific acute low back pain: a randomised controlled multicentre trial protocol. BMC Complementary and Alternative Medicine  6:14.

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La ética del científico tiene que ser de una calidad muy especial

La ciencia no es juego a "ganar", es un juego a saber

PorErnesto Estévez Rams
18 Abril, 2012

Decía el premio Nobel de Física Richard Feymann que la ética del científico tenía que ser de una calidad muy especial. No basta conque el científico no mienta; es su deber revelar a sus pares las limitaciones de sus propias hipótesis de trabajo, y es su deber trabajar con ahínco especial en poner a prueba las deficiencias y errores de sus propias investigaciones. Un científico que se precie de tal, no deja a los demás la prueba de sus errores.

Esa ética no es ajena a lo mejor de nuestra tradición cientifica. No sé cuantos sabrán que el artículo de Carlos J. Finlay donde expone sus razones para afirmar que el mosquito es el agente transmisor de la fiebre amarilla, comienza con un mea culpa. Finlay dice que, a pesar de haber sido un firme defensor de las causas atmosféricas de la fiebre amarilla por muchos años, las evidencias por él recogidas apuntaban a la falsedad de esa hipótesis. 

Lo más impactante es que el trabajo que le dio entrada a la Academia en aquel entonces versaba precisamente sobre esa hipótesis falsa; todo el prestigio de Finlay en la ciencia hasta ese momento estaba, en buena medida, basado en sus trabajos sobre el miasma y la fiebre amarilla. Finlay, como el científico que era, no dudó en darle la espalda a lo que se ya se evidenciaba falso, aun cuando probablemente, solo él estaba en capacidad de percatarse de esa falsedad y hacer pública la evidencia que apoyaba su cambio de parecer. Ese artículo de Finlay debería leerse a todo estudiante universitario cubano, no sólo por su mérito científico, sino por el ejemplo de ética intachable que nos dejó y que lamentablemente vemos pisoteado con tanta frecuencia.

Se echa lodo sobre ese legado cuando se citan artículos, como hemos visto aquí, y se escamotean aquellas partes de dichos artículos que no convienen a la posición que se defiende. Se echa lodo a ese legado cuando, de la misma manera, no se refieren los casos  en que el practicante de alguna terapia no tuvo resultados positivos. Se echa lodo a ese legado cuando a sabiendas, se miente, exagera, oculta y se defiende, cual religión, una creencia más allá de las evidencias. Se echa lodo a ese legado cuando se pretende que el resto de la comunidad ponga a un lado sus propios trabajos, y se dedique a demostrar falso lo que alguien afirma haciendo de si, y sus elucubraciones, el ombligo del mundo. Se echa lodo, cuando favoritismos prevalecen sobre rigor y pretendidas defensas al "honor institucional" refrendan irracionalidades irresponsables.

Decía Darwin que un científico debía tener un corazón de piedra y ser implacable consigo mismo. Y es que tenemos que insitirles a nuestros estudiantes que uno se enamora de la ciencia, no de sus investigaciones. Cuánto nos falta por lograr eso en nuestra  comunidad científica y cuán poco contribuye a ellos refugiarnos en artilugios, dar por válidos argumentos extracientificos para ganar debates de este tipo. Cuán poco contribuimos a lograrlo cuando enfuruñamos el lenguaje en jerga mística, desechamos el método científico, no por razones fundamentadas, sino porque no conviene a nuestro interés. Cuán poco contribuimos a ello cuando pretendemos erigir falsas colisiones culturales como si en la Pachamama o en la ciudad prohibida las piedras no cayeran con aceleración dada por las leyes de Newton o el cuerpo humano no fuera el mismo.

La ciencia no es juego a "ganar" es un juego a saber. El éxito en la ciencia, no es haber entablado y ganado con mejor suerte una discusión determinada, el éxito es haber entendido algo más a la naturaleza y haber puesto ese nuevo saber en función de todos. El éxito en la ciencia es colectivo, porque por más que un científico haya aportado al caudal del saber humano, su aporte no es más que un escalón en una interminable escalera que construyen miles de personas, anónimas y no anónimas, desde que andamos erguidos.

El éxito no es convencer a las autoridades, con artes de prestidigitador, de que apruebe oficial u oficiosamente, practicas no validadas suficientemente, pseudoterapias basadas en místicas, vacunas de agua pura; el éxito es sumirse en el laboratorio y lograr vacunas monoclonales luego de años de estudio y validación que realmente curen a niños y ancianos, fármacos que eviten de verdad que un diabético pierda una pierna, terapias que luego de pasar rigurosos ensayos clínicos hagan crónicas enfermedades hasta ayer mortales, vacunas reales que impidan que nuestros hijos corran el riesgo de contraer, por ejemplo, Haemofilus Influenzae. El éxito es también, luego de muchos esfuerzos, saber que una hipótesis es falsa y hacerlo saber, para que otros tengan en cuenta tales evidencias y no anden el camino que uno ya andado.

El éxito no es andar acusando a quienes combaten prácticas ajenas a la ciencia de enemigos de la sociedad, amenazar con sancionarlos laboralmente, agitar fantasmas de segundas intenciones, vilipendiarlos o callarlos con la arrogancia del silencio como si no existieran. El éxito es tener el valor de entablar abiertamente el debate, reconocer errores, asumir deficiencias y crecer. Crecer en el sentido martiano del que lleva en la frente la estrella que ilumina y mata. La misma estrella que llevaba Finlay cuando se irguió sobre su pasado y pasó a la historia de la ciencia universal. La estrella que en nuestro caso es el apego estricto a la verdad, al rigor, a la honestidad, a la ética; es la responsabilidad social y tener el valor de asumir que ser científico es un camino árido,  cuyo único fruto seguro es saber que al final, si hemos sido consecuente, seremos mejores seres humanos.

Este debate, primero que científico es ético, y las contribuciones que aquí se leen, para bien o para mal, siguen recordándonoslo.


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Prestar máxima atención al desarrollo de la medicina natural y tradicional

Es justificada la prioridad que se le da al tema del desarrollo de la Medicina Natural y Tradicional en los lineamientos del Partido Comunista de Cuba y encomiable la voluntad política de garantizar los recursos que sean necesarios para que este desarrollo tenga lugar. Resulta  importante corresponder a tanto esfuerzo de la mejor manera que seamos capaces

Por Dr. Félix J. Sansó Soberats. Especialista de I y II Grados en Medicina General Integral. Máster en Atención Primaria de Salud. Especialista en I Grado en Imagenología. Profesor Auxiliar
fsanso@infomed.sld.cu
26 Abril, 2012

Los Lineamientosde la Política Económica y Social del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en su artículo No. 158 expresan exactamente el postulado que da título a este ensayo. Tal lineamiento tiene como precedente legal la Directiva 8/93 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que instrumenta el desarrollo del programa de plantas medicinales en ese ministerio, derogada luego por la Directiva 26/95 que amplía la responsabilidad del desarrollo de la Medicina Natural y Tradicional (MNT) hacia el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), el Ministerio de la Agricultura y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

A estas le siguieron: la Resolución 9/1997 del MINSAP, que pone en vigor en el Sistema Nacional de Salud cubano el Programa Nacional para el desarrollo y generalización de la MNT; el acuerdo 4282/2002 del Comité Ejecutivo del Consejo de  Ministros de la República de Cuba que establece las disposiciones para la consolidación en el país de la estrategia para su desarrollo; y la Resolución 261/2009 del MINSAP que aprueba las modalidades de la MNT en los servicios de salud en todo el territorio nacional.

Todo ese esfuerzo se orienta a rescatar y fortalecer para la práctica médica los conocimientos sobre las propiedades curativas de prácticas diversas, tradicionalmente consideradas como medicinales y que, por su carácter natural, sean fácilmente diseminables, aplicables y accesibles para la población, y puedan ser utilizadas, incluso, en tiempos de guerra o desastre.  

Mi primera experiencia con este cuerpo de conocimientos y prácticas, tuvo lugar hace casi 20 años. Graduado de médico en agosto de 1992, fui ubicado en Calunga, una zona intrincada en la Sierra Cristal, municipio Mayarí Abajo, provincia Holguín. Comencé mi Servicio Social cuando llegaba el “Periodo Especial”, etapa de crisis económica en la que, bajo la dirección del Partido, la sociedad cubana emprendió estrategias dirigidas a sobrevivirla y a mantener las conquistas sociales.

Entre las penurias vividas estuvo la reducción considerable en el suministro de medicamentos. Para suplir ese déficit, el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) organizó un curso de una semana para familiarizar a los médicos de las montañas con la MNT. Se nos entregó un folleto titulado Fitomed I que daba a conocer decenas de plantas a las que se les atribuyen propiedades medicinales y, para la práctica de la acupuntura, nos fueron proporcionadas agujas criollas desarrolladas por la industria local holguinera. También se nos suministró fango mineromedicinal de las costas de la provincia de Granma y se nos dotó de información sobre el tipo de afecciones que debíamos tratar con este recurso natural. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones recibidas, construí mis propios percoladores y produje mis primeras tinturas.

Apliqué con recelo las recetas de acupuntura a pacientes con lumbalgia, hipertensión, ansiedad, cefalea… Desarrollé un huerto de plantas medicinales existente en el patio del consultorio médico y prescribí tratamientos en los que incluí la fitoterapia. Apliqué la fangoterapia especialmente en artopatías y ciertas afecciones micóticas de la piel.

Esas prácticas nunca las aprendimos durante la carrera; más bien se nos enseñó a no aplicarlas. Cualquier tratamiento con plantas era considerado poco serio por mis profesores, ni soñar con lo demás. Aunque la necesidad me obligó a incorporarlas en mi desempeño, admito que en esa etapa, el tener acceso a ese conocimiento diversificó mi arsenal terapéutico y me representó un alivio indescriptible. Algunos pacientes mejoraron luego de aplicarles aquellos tratamientos, otros no tanto.

Lo que pudieran tener de interesante estas memorias quizás estribe en las interpretaciones que puede generar su lectura. Si usted es de los que aprecia que mi relato constituye suficiente evidencia para avalar las bondades de esas prácticas, se debe probablemente a que usted las admira; pero esa postura reflejaría limitaciones de su cultura científica. Si usted ve en él lo que realmente es, un testimonio sobre el desempeño de un médico de familia en una zona rural, pero siente inquietud por el nivel de evidencia de ese tipo de práctica, usted tiene desarrollado un pensamiento científico. Los diferentes prismas desde los cuales se observa hoy la MNT y la diversidad de actores participando de manera independiente, no promueven el diálogo ni el desarrollo de este tema por el único camino posible: el de la ciencia.

La Ciencia se construye sobre las bases del pasado, se renueva a partir del desarrollo alcanzado por la humanidad y está condicionada por las limitaciones de su tiempo. Su desarrollo requiere de pensamiento con enfoque autocrítico, tecnología, pero también de espacios para el debate amplio; este debe efectuarse alejado de afirmaciones categóricas e inapelables, donde las anécdotas no tengan cabida como prueba de nada, dado que no tienen relevancia probatoria ante los análisis y las evidencias que se derivan de la investigación científica. Su utilidad fundamental es la de permitir  la formulación de hipótesis, que exigirán su propio examen crítico y contrastado. (1) 

En las universidades cubanas se aprende sobre la Ciencia y su método y uno se percata de la diferencia enorme que existe entre practicar algo y hacer ciencia, y entre esta y la tecnología. También es apreciable el grado de incultura científica que nos rodea aún, a pesar de los notables progresos del país en materia de ciencia.

Es encomiable la iniciativa de la revista Juventud Técnica de publicar el en principio interesante artículo del DrCs. Jorge Bergado titulado “Medicina sin apellidos” -más allá de que pueda o no compartir unos u otros puntos- y de acoger en sus páginas el penetrante e ilustrativo debate que ha suscitado. En él, los defensores del método científico fundamentan ampliamente su posición y aunque tienen un alto nivel de concordancia, no dicen todos exactamente lo mismo. Animado con lo leído me aventuro a resumir y ocasionalmente a comentar algunas ideas que considero esenciales y que comparto:

1.- No hay contradicción entre los defensores del método científico participantes en el debate y la aspiración expresa en el lineamiento 158. Más bien se traduce la voluntad de robustecer el conocimiento sobre prácticas terapéuticas de origen natural o tradicional a partir del desarrollo de investigaciones rigurosamente diseñadas. (1-11)

2.- Se reclama que se defina explícitamente y de manera más precisa qué se considera en Cuba como “Medicina Natural y Tradicional” y sus fundamentos, dado que bajo esa sombrilla se cobijan también prácticas pseudocientíficas.

En la Resolución No. 261 de 2009 del  MINSAP se declara que la MNT incluye: fitoterapia, apiterapia, medicina tradicional asiática, ozonoterapia, homeopatía, terapia floral (de Bach), hidrología médica, helio talasoterapia, ejercicios terapéuticos tradicionales y orientación nutricional naturalista. A estas se suman otras, como el uso terapéutico de pirámides o la magnetoterapia que, sin estar amparadas en esa resolución, se practican en algunos policlínicos y centros del país. (2,5,6,8) En el Reglamento General de Policlínicos (Resolución 135/2008) se expresa, sin embargo, que la actividad de MNT se inscribe dentro del ámbito de la rehabilitación.

3.- La medicina tradicional china existe desde hace cinco mil años y la esperanza de vida de los humanos no cambió mucho hasta la llegada de la medicina científica al mundo, de la Revolución científico-técnica y la introducción de la higiene como concepto y práctica. (4), Solo en el último siglo pasó de 40 a 75 años. No es sólido el argumento de que algunas de las prácticas consideradas dentro de la MNT son válidas sólo porque se mantienen o porque “han pasado la prueba de los años”. (9) Sus fundamentos –en la mayoría de los casos- tienen su origen en épocas pre-científicas y deben someterse al escrutinio de la ciencia moderna; de lo contrario, no les será fácil deshacerse del calificativo de “alternativas”. (2)

El hecho de que un producto sea natural no garantiza que sea beneficioso ni tampoco necesariamente inocuo y para ser  científicamente aceptado como medicamento debe haber sido previamente comprobado a través de reiterados  experimentos controlados a doble ciego y aprobado por autoridades  competentes. Ello permite diferenciar una verdadera acción curativa -por  ejemplo- del efecto placebo, habiéndose identificado la dosis apropiada de administración, la ausencia de reacciones adversas, etc. (8,11) El adjetivo de tradicional, natural o alternativo no debe servir de patente de corso para saltarse todo esto y llegar a la práctica médica en consultorios y hospitales. (8)

4.- La ciencia no se construye con opiniones, sino con demostraciones. (3) No basta organizar estructuralmente un conjunto de ideas o conocimientos para convertirlos en ciencia, para ello deben estar organizados a partir de teorías refutables y experimentos repetibles y verificables y estar publicados en revistas científicas arbitradas. (1,2,3,5) Una vivienda es un conjunto de materiales de construcción, pero un conjunto de materiales no es necesariamente una vivienda.

Si se desarrollan aplicaciones no respaldadas por este método no se les puede considerar científicas y si, además, pretenden tal cosa sin serlo, invocando explicaciones justificativas de base especulativa o llanamente esotérica, es saludable identificarlas y declararlas como lo que son: falsas ciencias o pseudociencias. Sus defensores arguyen que no se comprenden sus supuestos fundamentos teóricos -muchos de ellos concebidos hace cientos o miles de años- y que se rechazan porque la ciencia moderna no es capaz de desentrañar su complejidad; eluden la experimentación, su sistema terapéutico estaría blindado contra los fallos: si el paciente se cura, es debido a los beneficios de la práctica aplicada; de lo contrario, a que no se seleccionó la modalidad correcta. (12)

5.- Se han publicitado varios casos de personas que han fallecido por haber acudido a tratamientos sin fundamento científico desdeñando terapias médicas que han demostrado ser efectivas contra la enfermedad que padecían. Un ejemplo reciente es el de un padre en Italia que se halla encausado por haberse negado a tratar a su hijo, a la postre fallecido por una bronconeumonía, con tratamientos probadamente útiles, y empeñarse en manejarlo con remedios homeopáticos (13).

En relación con la terapia floral, cuyo origen místico parece no ofrecer dudas, no se reportan en la literatura científica  experimentos reproducibles que demuestren su validez. En cambio, existen varios ensayos clínicos y metaanálisis que demuestran que no tiene efecto terapéutico, más allá del efecto placebo (14, 15, 16).

Hay sobrados motivos para considerar que la homeopatía es una seudociencia: sus bases teóricas no son científicas, el carácter absoluto de sus postulados fundacionales parece cristalizado, la hipótesis de Hahnemann no ha sido nunca comprobada y los preparados que se emplean, dada su dilución extrema, no deben tener efectividad alguna, más allá del efecto placebo, como confirma la mayoría de los ensayos clínicos y revisiones sistemáticas (metanálisis) realizados para valorar su eficacia (2,17,18).  

La única posición oficial conocida de la Academia de Ciencias de Cuba es contraria al uso terapéutico de la homeopatía, luego de que un grupo ad-hoc creado para evaluar su evidencia se pronunciara al respecto. Esta declaración se emitió en 1876 por la entonces Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y hasta hoy no ha sido modificada. También la Organización Mundial de la Salud (OMS) manifestó su oposición a utilizar tratamientos homeopáticos para tratar varias enfermedades con un alto índice de mortalidad (19).

La acupuntura, en cambio, se está sometiendo al escrutinio de la ciencia, transitando por el camino de la contrastación científica con lo cual se ha obtenido cierta evidencia sobre su verdadero papel en la terapéutica de los humanos (20,21).

6.- La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que la “medicina tradicional” abarca una serie de terapias que difieren mucho entre países y regiones y que tiene aspectos positivos. Pero consigna que sus principales problemas son “la falta de redes organizadas de prácticas tradicionales y de datos válidos sobre la seguridad, la eficacia y la calidad de la medicina tradicional”, a la vez que resalta la necesidad de adoptar medidas para “asegurar su buen uso y para proteger y conservar los conocimientos tradicionales y los recursos naturales necesarios para aplicarla de manera sostenible”. 22

También define que los cuatro objetivos principales de su estrategia sobre medicina tradicional son: “formular políticas, fomentar la seguridad, la eficacia y la calidad, garantizar el acceso y promover el uso racional”. En consecuencia, insta a los Estados miembros a formular y aplicar políticas y reglamentaciones nacionales que respalden su buen uso e integración en los sistemas nacionales de atención de salud. Insta a establecer, ampliar o fortalecer sistemas de vigilancia de la seguridad de los medicamentos, medicinas herbarias y otras prácticas tradicionales; prestar apoyo suficiente a la investigación sobre los remedios tradicionales, la capacitación de los practicantes de la medicina tradicional y, de ser necesario, su readiestramiento, así como la aplicación de un sistema para calificarlos, acreditarlos y otorgarles licencias. Sugiere al mismo tiempo que se proporcione información fiable sobre el tema a los consumidores y dispensadores con el fin de promover su uso idóneo. 22

En su alocución al Congreso de la OMS sobre Medicina Tradicional el 7 de noviembre de 2008, la Dra. Margaret Chan, Directora General de la Organización abogó por hacer un“mejor usode la medicina tradicional y de quienes la practican” arguyendo que “la medicina tradicional tiene mucho que ofrecer, pero no siempre puede suplir el acceso a esos medicamentos modernos y medidas de urgencia de gran eficacia que marcan la diferencia entre la vida y la muerte para muchos millones de personas.”

El problema es que millones de personas en el mundo son tratadas mediante prácticas no científicas o por curanderos. Pedro Caba Martín, médico, ex-vicepresidente de la OMS expresó al respecto: “La OMS acepta estas terapias populares de relativa eficacia que utilizan los pueblos mientras no alcancen un desarrollo social y económico que les permita disponer de los avances de la medicina moderna. En zonas subdesarrolladas en todo el mundo coexisten la medicina popular, a la que recurren en su mayoría los sectores sociales más desfavorecidos y la medicina moderna, para las clases sociales privilegiadas”. (3)  

La evaluación de la Medicina Tradicional no escapa a los estándares de la ciencia en general y la OMS demanda que las acciones de investigación y sus métodos valorativos sean coherentes con la metodología establecida para toda la investigación biomédica. Sus expertos otorgan al ensayo clínico comparativo aleatorizado la categoría de “referencia” cuando se trata de estudios intervencionistas, establecen que los requisitos generales para un ensayo clínico deben ser análogos a los que se aplican a los medicamentos convencionales y consideran a este tipo de estudio como los más fidedignos. (12)

Ubican en segunda línea (es decir, útiles, pero con un nivel de evidencia inferior), a los estudios no experimentales u observacionales, que solo justificarían su realización cuando, por alguna razón, no se puedan desarrollar experimentos. La credibilidad de las pruebas que aportan es mayor si se trata de estudios longitudinales (de cohortes o de casos y testigos) y en menor medida si se trata de estudios transversales, estudios de cohortes o de series de casos sin testigos o de estudios de series temporales; y es aún  menor cuando se trata de estudios ecológicos o estudios transversales de poblaciones, epidemiología descriptiva. Finalmente conceden muy escaso valor científico a los informes de casos aislados. (12)

7.- Cuba tiene una posición ventajosa para desarrollar la MNT al disponer de un sistema de salud accesible, universal y gratuito, lo cual, unido al principio de la unidad de la práctica, la docencia y la investigación, configura un terreno fértil para la investigación científica en el país. Otra fortaleza enorme: se practica la cooperación entre las diferentes instituciones del polo científico y entre estas y las instituciones del MINSAP cuando ha sido pertinente.

El reclamo de que toda propuesta terapéutica tenga el mayor sustento científico posible no significa invalidar automáticamente aquellas que no lo tengan (10); se trata de comenzar a evaluarlas con mayor rigor. Son enormes las posibilidades que ofrecería a la medicina cubana el dominio de los fundamentos científicos asociados (digamos) a la fitoterapia (principios activos, indicaciones, contraindicaciones y posología más apropiada). (6) Se trata de un conocimiento secular que ahora, con el apoyo que ha tenido y el impulso que le da el lineamiento No. 158, puede elevarse a la categoría de ciencia o consolidarse como tal.

El crédito y prestigio alcanzados por la medicina y la Salud Pública cubanas puede deteriorarse si la MNT no toma distancia de prácticas consideradas pseudocientíficas por la comunidad científica internacional como son la “homeopatía”, la llamada radiestesia (uso de péndulos), la “terapia piramidal”, el reiki o la “terapia floral”. (9,10)  Estas prácticas no científicas, si no recorren el obligado camino de la experimentación rigurosa que demuestre la evidencia de su eficacia más allá de toda duda razonable, no serán consideradas ciencia constituida por la comunidad científica. (2)

Los médicos no incorporarían a su arsenal terapéutico nada que no muestre evidencia científica de que realmente es efectivo, ni indicarán tratamientos a sus pacientes por decreto, si no están convencidos de su utilidad. Una práctica a todas luces no justificable es la de consignar en las hojas de cargo la utilización de la MNT en respuesta a disposiciones administrativas sujetas a evaluación, a veces falseando la realidad.

8.- Otra de las ventajas de nuestro medio es que para ejercer alguna de las variantes de la MNT hay que ser profesional universitario, pero ello no les da carácter de ciencia. (23) Sus practicantes (cientos de médicos y licenciados) deberán prestar la máxima prioridad al estudio desprejuiciado del mejor conocimiento disponible, atendiendo a las evidencias que se derivan de las revisiones sistemáticas, y acrisolando el diseño y la ejecución de investigaciones científicas cuyos resultados confiables promuevan su desarrollo. De lo contrario se corre el altísimo riesgo de perpetuar malas prácticas que en el ámbito docente puedan interferir en el desarrollo del raciocinio de nuestros estudiantes de ciencias médicas y en la formación de profesionales con una concepción científica del mundo. (6,7) Si un profesional adopta procedimientos de curanderos, no está elevando el curanderismo a ciencia; está renegando de la ciencia a favor del curanderismo. (23) Tampoco está defendiendo a la MNT sino menoscabándola.

9.- Es imperativo reconocer que la medicina moderna, por su parte, ha descuidado los aspectos humanos y afectivos inherentes a la relación médico paciente (…), [lo que junto a] otros males, ha generado legítima insatisfacción y desconfianza en la población. Este vacío es ocupado por prácticas “alternativas” que prestan mayor atención a las necesidades emocionales e ilusiones de las personas, lo cual constituye un acierto. (10)

Paralelamente, “cuando la ciencia médica no da respuesta cabal a las angustias y reclamos de solución del paciente y sus familiares en relación con sus padecimientos, muchas veces emerge el pensamiento mágico y se acude a prácticas carentes de fundamento científico que fomentan la falsa esperanza de que se avecinan soluciones milagrosas”. (10)

10. Algunos medios masivos de comunicación se han hecho eco de propuestas terapéuticas carentes de sustento científico, sin haber sido siquiera publicadas en revistas científicas arbitradas, desconociendo preceptos éticos elementales.(10) Esta conducta irresponsable conlleva el peligro de que muchos pacientes se sientan inducidos a preferir algunos de esos tratamientos a otros con eficacia y seguridad demostrada (4,8) Los científicos que pudieran contrarrestar esta falta de rigor con argumentos sólidos, no tienen el mismo espacio en la prensa o no son consultados.

En un ambiente académico y científico no se renuncia al debate, al análisis ni a la divulgación de los resultados en la experimentación ante la comunidad científica y la opinión pública; cualquier opinión puede ser expresada por escrito, de manera racional, respetuosa y pausada; consecuentemente, también puede ser refutada, sin que ello constituya un ataque a la persona que la defiende. Solo así se construye el consenso.

Un verdadero científico no pondría adjetivos peyorativos a otro solo porque este último está promoviendo un debate sobre aspectos que no ve claro o con los que disiente, en el marco de la ciencia y de la propia Revolución. También a discrepar y a la discusión franca nos ha convocado nuestro primer secretario cuando decía: “Es preciso acostumbrarnos todos a decirnos las verdades de frente, mirándonos a los ojos, discrepar y discutir, discrepar incluso de lo que digan los jefes, cuando consideramos que nos asiste la razón”.

Es justificada la prioridad que se le da al tema del desarrollo de la Medicina Natural y Tradicional en los lineamientos del Partido Comunista de Cuba. Es encomiable la voluntad política de garantizar los recursos que sean necesarios para que este desarrollo tenga lugar. Es importante corresponder a tanto esfuerzo de la mejor manera que seamos capaces.

La medicina revolucionaria ha sido, por principio, científica, y se ha caracterizado por su distanciamiento de cualquier práctica seudocientífica. Quienes tengan la responsabilidad de desentrañar los misterios de la MNT deben estar dispuestos a ratificar o aportar nuevos conocimientos, utilizando procedimientos científicamente válidos para ser consecuentes con el llamamiento del Partido. Las prácticas de carácter seudocientífico o esotérico merman el prestigio justamente adquirido por la medicina y la salud pública cubana a escala nacional e internacional.

De este formidable debate se deduce un llamado a “prestar la máxima atención al desarrollo científico de la medicina natural y tradicional” que puede resumirse en la muy atinada afirmación del Profesor Fernández Sacasas: “Medicina natural, sí; medicina sobrenatural, ¡no!”

Referencias bibliográficas

1-Silva Aycaguer LC. Sobre las categorías, el lenguaje y los métodos de la ciencia. Una propuesta experimental sobre el poder de las flores. Accesible en

2-Bergado J. Medicina sin apellidos. Tomado de

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4-Gavilondo Cowley JV. Entrando en la polémica... Accesible en:

5-Mulet, R. ¿La Ciencia de quién? Accesible en:

6-Lorenzo Ginori JV. Por una medicina natural y tradicional científica y revolucionaria. Accesible en:

7-Carpio Muñoz E. Médico. El auge de la Medicina Natural y Tradicional y la formación de los profesionales de la salud. Accesible en:

8-Estévez Rams E. Esta discusión es primero ética que científica. Accesible en:

9-Quintana Carlos A., Breve reflexión acerca de las seudomedicinas. Accesible en:

10-Fernández Sacasas JA. Comentarios sobre el debate en torno a la Medicina Alternativa. Accesible en:

11-de Melo O. Oportuno artículo "Medicina sin Apellidos". Accesible en:

12Silva Ayçaguer L C, Las razones para el debate, posición de la OMS ante la MNT y la teoría de probabilidades. Accesible en:

13-Spagnolo C. Bambino curato con l'omeopatia "Morto per insufficienza respiratoria". Periódico La Repubblica (ITALIA), octubre 28,  2011.

14-Thaler K, Kaminski A, Chapman A, et al. Bach Flower Remedies for psychological problems and pain: a systematic review. BMC Complementary and Alternative Medicine. 2009. Mayo 26

15-Halberstein RA, Sirkin A, Ojeda MM. When less is better: a comparison of Bach Flower Remedies and homeopathy. Annals of Epidemiology. 2010; 20(4):298-307.

16-Oliff HS. Bach flower remedy ineffective in clinical trial on university students taking exams. Perfusion. 2000; 12: 440-4.

17-Shang, A; Huwiler, K; Nartey, L et al. (2005), "Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy", The Lancet 366 (9487): 726–732.

18-Ernst E. A systematic review of systematic reviews of homeopathy. British Journal of Clinical Pharmacology 2002; 54: 577-82.

19-Caparrós MF. La OMS desaconseja el uso de la homeopatía para el tratamiento del sida o la malaria. Periódico El País (ESPAÑA), agosto 21, 2009

20-Birch S. Controlling for non-specific effects of acupuncture in clinical trials. Clinical Acupuncture and Oriental Medicine 2003; 4(2):59-70.

21Cabyoglu MT, Ergene N, Tan U. The mechanism of acupuncture and clinical applications. International Journal of Neuroscience 2006;116(2):115-25.

22-OMS. Pautas generales para las metodologías de investigación y evaluación de la medicina tradicional. Ginebra, Suiza; 2002

23-González Arias A. Contrarréplica a los comentarios del Dr. Mastellari.  Accesible en:

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Dossier dedicado al debate sobre Medicina Natural Tradicional y Alternativa

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