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Las drogas tienen su historia (II Parte y final)

El “viaje” de los 60
Los colonizadores españoles conocieron los efectos de los hongos psicoactivos al llegar al Nuevo Mundo, y quedaron sorprendidos al ver cómo los originarios de esos pueblos americanos adoraban a sus dioses con plantas con nombres extraños que alteraban la conciencia y les provocaban alucinaciones.

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Los hippies en los 60

Así corrió el tiempo, y olvidando la máxima “que todo en exceso es malo” en la década de los 50 y 60, los llamados hippies abandonaron la búsqueda de chamanes para respuestas y conocimientos, y montaron su buen “trip”- del inglés viaje- bajo los efectos no solo de las propias plantas alucinógenas sino de sus principales alcaloides, como la mezcalina y el LSD –dimetiltriptamina o dietilamida del ácido lisérgico.  

Por el creciente consumo y sus repercusiones sociales comenzó la prohibición a escala mundial de las plantas originarias de esos productos y de sus alcaloides, a partir de lo cual quedaron divididas las drogas en legales e ilegales.

Las drogas sintéticas
En su incesante búsqueda de fármacos o de sustancias que permitieran investigar el accionar del organismo humano y del cerebro en particular, el hombre acudió a la química y construyó sustancias, en algunos casos imitando a las naturales; en otros, realizando modificaciones para mejorar sus mecanismos de acción.

En preparados más simples, el opio originó la morfina, en honor del mítico Morfeo, "Dios" del sueño. Y buscando alejar su dependencia y consecuencias, de la morfina derivó la inicial heroína, que creyó superarla, pero condujo a hábitos más severos. También apareció la procaína, sintetizada a partir de la cocaína. 

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Barbitúricos y Anfetaminas

Por ese mismo camino surgieron los barbitúricos y las anfetaminas, cuyo consumo se ha generalizado en los últimos años, con incremento en la automedicación.   

En 1864 se sintetizó por primera vez el ácido barbitúrico, sustancia base de hipnóticos y sedantes, que años más tarde se usó para combatir el insomnio, la ansiedad y dolores agudos. Así surgieron el veronal, el luminal y las conocidas “píldoras de la felicidad” que ayudaban a sobrellevar las crecientes tensiones sociales. Luego la cloropromazina, considerado como primer tranquilizante mayor, y a partir de él los antidepresivos y drogas contra el miedo, que continuaron con la aparición de los medicamentos estimulantes: las anfetaminas.

El uso de anfetaminas se inició para perder peso e inhibir el cansancio. Hoy se consumen de forma indiscriminada, sin prescripción médica y por eso constituyen un grave problema de salud.

Placer letal      

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Las drogas de hoy

En la actualidad nuevos sicotrópicos dominan el panorama. Inicialmente bajo el seudónimo de drogas de diseño o de síntesis. Así transitan por el MDA, el éxtasis; por modificaciones de algunas ya conocidas y utilizadas con los fines de antaño. Hoy viajan bajo la custodia de la especulación y el lucro a costa de provocar la percepción de hambre, frío o calor. Caminan por el mundo de discotecas y bares nocturnos, como detonantes de relojería, con relucientes y diversas presentaciones para conquistar a los que creen conseguir con ellas escape y placer, muy a pesar de las regulaciones legales.     

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La “tableta del tiburón”

Llegan bajo múltiples nominaciones como Ice, Speed, Cristal (Crank), pastilla del tiburón (m-CPP), Mitsubishi, Roils royce o Walt disney, PBC o Base libre, GHB o viola fácil, Ketamina o Súper K. Unas se inhalan o ingieren, otras se mezclan con alcohol, o se inyectan con otros riesgos agregados, todas diseñadas para la muerte. Muchas de ellas se reconocen como híbridos entre los alucinógenos y los estimulantes (anfetaminas). Por eso se reconocen como “anfetaminas visionarias o alucinógenas”.

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El curaré y la tubocurarina

Podría ser un triste final para esta historia. Pero no, el mundo de las drogas también podría tender un camino para recuperar la sabiduría ancestral, desechando los ya errores del pasado, y colocándo el conocimiento obtenido en beneficio de la humanidad. Sí, porque con la misma cerbatana cargada que un cazador buscó su presa, un chamán fue capaz de curar una dolencia en las civilizaciones más antiguas y hoy un cirujano va en busca de un anestesista para que aplique la dosis necesaria.   

Esa es la historia del curaré,  hoy reconocido como tubocurarina, y de otras muchas drogas que en porciones altas detienen la actividad motora del hombre hasta causar su muerte, mientras que en pequeñas y controladas, pueden ser excelentes medicamentos para aliviar sus dolencias.

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Juventud Técnica 339
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