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Denis Papin

En la novela del mundo

La máquina de vapor creada por este físico francés simbolizó la Revolución Industrial del siglo XVII, y fue el anticipo de una era energética sin precedentes en la historia de la humanidad.

Por Daymaris Martínez Rubio
27 diciembre, 2007

papin

Cada día, a las siete de la tarde, las bombillas del museo del Ferrocarril Viviente alumbran a ese otro país que no existe al aire libre. Un largo silbato anuncia al extraño visitante, y el anchuroso paseo de máquinas parece renacer. Ya se sacude el centenario polvo inanimado.

Como en las imaginarias efigies del artista, Aimé Millet es Denis Papin: un rostro sobrio, de rizos, casaca y polainas. Ha vuelto a Francia, a la nostalgia. Regresa de un dramático exilio que, tras la revocación del Edicto de Nantes, le obligara a salvarse de los asedios a su fe.

Hacia 1675, impedido de pisar suelo francés a causa de la política religiosa de Luis XIV, el entonces médico y ayudante de Christiaan Huygens (astrónomo, matemático y físico holandés, presidente de la Academia Ciencias francesa) marcha a Londres, con la divisa de entregarse a su verdadera pasión: la Física.

En Inglaterra, según consta en los anaqueles de la historia, trabaja en el desarrollo de un arma de aire comprimido y en el perfeccionamiento de la bomba de vacío. El 16 de diciembre de 1680 es elegido miembro de la Royal Society, por entonces un camino probable hacia la gloria.

Ecos de una marmita

marmita y autoclave
A la derecha la marmita de Papin junto a su sucesor, el autoclave

Años inquietos. La Europa de los umbrales del Siglo de las Luces arde en los rumores de un gran suceso: Denis Papin, físico e inventor francés, ha rendido las fuerzas del vapor.

Un maremagnum de ideas redentoras inunda el espíritu de la época. Es cosa común celebrar cada descubrimiento como una partida ganada al universo. Por eso, algunos caballeros de la Royal Society inglesa aplauden eufóricos la marmita de Papin, que controla la presión del vapor con las generosas riendas de la imaginación.

Después de siete intensos años de trabajo, el inventor había madurado en la aventura del progreso técnico. Es 1687, Papin hace pública la primera teoría de una de sus más notables conquistas: la máquina atmosférica con pistón flotante.

Según los ensayistas Karine Auclair y Nicolás Beaudoin, se tiene noticias de una  máquina con un único cilindro, que además funcionaba como caldera, donde se colocaba una pequeña cantidad de agua para ser calentada y producir vapor. La presión del vapor resultante empujaba un pistón acoplado al cilindro, para luego eliminar la fuente de calor de la parte inferior. Con el proceso de enfriado, el vapor se condensaba y la presión del aire en el exterior hacía descender nuevamente el pistón.

Pero tal hallazgo no es suficiente para el terco espíritu del genio, por más que simbolizara el preludio de otras hazañas industriales de una edad que dotó al universo de sorprendentes poderes. En los lejanos pasajes de la Revolución de 1848, dijo Marx que la electricidad, el telar mecánico y el propio vapor fueron rebeldes más peligrosos que los ciudadanos Raspiel, Blanqui, y Barbés.

Es la Alemania de Carlos Augusto, príncipe elector de Hesse-Kassel, donde se expande y tal vez robustece el ingenio de Papin. Y aunque su principal preocupación continuaba siendo la máquina de vapor, acepta la cátedra de Matemáticas de la Universidad de Marburg, en respuesta a un ofrecimiento del gobernante, a quien servirá unos años después de abandonar el magisterio en 1695.

máquina de vapor
El escocés James Watt perfeccionó la máquina de vapor del físico francés

Para Carlos Augusto diseña un submarino, una catapulta y una máquina para elevar el agua; algunas de sus invenciones más sobresalientes. Pero es sabido que la carencia de fondos y el poco interés de un príncipe envuelto en guerras terminaron con el esplendor de aquellos años.

Así, Papin permanece en Alemania hasta 1707 cuando decide retornar a Inglaterra. Mas no encuentra a la Royal Society de dos décadas atrás. A Isaac Newton, entonces presidente de la Sociedad, el francés no le pareció la mejor adquisición, probablemente por diferencias con uno de los más queridos colegas de Papin.

Una carta con fecha del 23 de enero de 1712, quizás sea la última noticia que se tenga del hijo de Loir-et-Cher (departamento de Francia donde se supone que nació). Pudo haber fallecido en Alemania entre 1714 y 1716, aunque algunos biógrafos dudan que consiguiera el dinero necesario para costear un boleto de regreso.

Pero en los ecos de su lejana marmita, en cada expedición del ingenio parece que retorna. Y así como en el presente reposa el ayer, en Papin están Thomas Savery, Newcomen, Watt, la herencia perdurable de Huygens, y está, como en el hombre de Emerson, la verdadera novela del mundo.

Dimensiones generales de la máquina de vapor

El generador de vapor (A) o «retorta» -como le denominara Papin por su parecido con el instrumento químico de ese nombre- tiene un diámetro máximo de 508 ó 533,4 milímetros y una altura de 660, con un volumen total de alrededor de 150 litros.

vapor
Ampliar

La retorta posee un tubo (C) en la parte superior por el que se suministra el agua y que permanece cerrado por la válvula durante la operación de la máquina, lo cual permite, al desplazar el peso, regular la presión del vapor en el interior de la retorta. Un segundo tubo comunica la retorta a través de la llave (grifo) E con el cilindro.
El conjunto está protegido por una obra de ladrillo que disminuye las pérdidas de calor. El aire caliente de la combustión se evacua por la parte superior del horno y mantiene caliente la retorta y el tubo (B) de alimentación de la bomba.
La bomba tiene un diámetro de 508 milímetros y una carrera de 406, con lo que en cada embolada se desplazan unos 90 litros de agua. Por G se introduce el agua de alimentación.
El pistón (F) es hueco, para que flote en el agua. En su centro tiene un orificio cilíndrico (I) cuyo propósito es habilitar el espacio necesario para poder introducir unas barras de acero al rojo, que posibiliten mantener el vapor caliente.
Desde un punto de vista mecánico, el pistón no es tal si no un simple separador de agua y vapor. Su propósito es evitar la condensación del vapor. (Fuente: Wikipedia)

 

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