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REPORTAJE ESPECIAL

Juventud Técnica

Hija de su tiempo (I Parte)

Con cuatro décadas y media de existencia, una de las revistas de divulgación científico-técnica más aclamada por los jóvenes cubanos de los años ochenta, se empeña en seguir abriendo cauces a la inventiva y el pensamiento. Quienes hicieron y hacen posible sus páginas comparten las vivencias de aquellos y estos días.

Por Dania Ramos Martín
Fotos: Luis Pérez y archivo

20 julio, 2010

Juventud Técnica, la revista científico-técnica popular de la juventud cubana

El jueves de nuestra cita era de esos calurosos días de mayo. El Habana Libre surgía en medio de la colina vedadeña, como si nunca se le hubiera visto, rodeado de brisa. Justo en su esquina apuré el paso, debía llegar a las cuatro en punto.

Temerosa por impuntual, mientras buscaba un número 402, desde un edificio de la calle 25 alguien dijo: salí dos minutos después de la hora pactada, ¿me disculpas?

Con postura marcial, José Ramón López vestía camisa blanca a rayas finísimas y pantalón negro. Quienes le conocen, sobre todo aquellas compañeras de nostálgicos años de juventud, lo recuerdan como un galán. Alto, delgado, apuesto e inteligente, ¡combinación fatal! Poco ha cambiado su encanto, barrunto mientras me acomodo en una butaca de la sala. Ahora, con algunas décadas encima, sigue teniendo la mirada chispeante de los que andan creando, no importa la edad.

 “En este mismo mueble –dice mientras acaricia la madera de un sofá antiguo y robusto- hice la primera portada de la revista. Utilicé la imagen exterior de un número de una publicación suiza de ingeniería. Solo cambié el cuadrante superior y puse el rótulo de la incipiente Juventud Técnica.

“Preparé las secciones fijas; la primera era Panorama científico y la última Hágalo así. Cuando surge la inventiva recogía las ocurrencias de la gente”.

Como un Quijote moderno, el “loco” López, primer director de la revista
Como un Quijote moderno, el “loco” López, primer director de la revista, descollaba entre sus compañeros por sus ocurrencias científicas. Poseedor de una inventiva proverbial, fue también el primer presidente de las Brigadas Técnicas Juveniles

Qué importaba si JT surgía sin una identidad gráfica propia. Era febrero de 1965 y en la reunión nacional de las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ), en diciembre del 64, López, su primer presidente, había anunciado un boletín. “No pensé en una publicación; por aquellos años había que pedir muchos permisos”. Cinco mil ejemplares del primer número vieron la luz el 21 de julio de ese año. “Llegué a una reunión del comité nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas y distribuí a cada miembro un ejemplar. Desde entonces, Juventud Técnica está en la calle”.

El equipo inicial era un entusiasta grupo de jóvenes. A José Ramón se le unió Jesús Álvarez, estudiante de medicina, quien fungió como director ejecutivo. Luego vino Roberto Sarría, por entonces alumno de ingeniería, a ocuparse de la gráfica; Joaquín Melgarejo, director de la enseñanza técnica, escribió los primeros artículos sin ser remunerado. A otros profesores de la Universidad les tocó también colaborar en la redacción.

“La revista nació entre aficionados. Ninguno de nosotros ganaba un solo centavo por lo que hacía. Nos reuníamos aquí en la casa luego del trabajo, o en el local de la UJC en Prado y Avenida de las Misiones”.

Solo a partir del número siete, cuando la publicación fue a morar junto a las BTJ en la casa de J y 17, entraron los primeros contratados. La pionera fue Eva Casas, mecanógrafa.

“Mi idea era que Juventud Técnica fuera la Mecánica Popular socialista, dice López. Lo puse en el primer editorial y sigo pensando que es lo que debe ser: una revista técnica, con un sentido eminentemente social”.

Guerrilleros

Homero Alfonso
“Una revista científica debe cuidarlo todo, desde los titulares hasta el llamado de portada. Puede cambiar y perfeccionar su estructura, pero debe ser celosa con la combinación de los temas y el tratamiento del lenguaje”, comenta Homero Alfonso, quien, al decir de sus colegas, dio a la revista el talante periodístico que hoy ostenta

Sobre la mesa de una oficina en Formatur descansan algunos ejemplares del magazín. El papel cromado a la usanza de los setenta luce aún su encanto. Para Germán Fernández Burguet hojearlos es desempolvar recuerdos de una juventud intensa y pródiga. 

“Guerrilleros. No encuentro mejor adjetivo para caracterizar al equipo de los primeros años”. Recién graduado de ingeniería química, en el 66 llegó a Juventud Técnica a hacer una sección que se llamó ¿Conoce Ud. este elemento? Con el tiempo se convertiría en director de la revista.

“La hacíamos prácticamente tres personas. Éramos periodistas, fotógrafos, atendíamos a los redactores técnicos, hacíamos entrevistas… luego comenzamos a nuclear un grupo grande de colaboradores y un consejo asesor que fue vital en el desarrollo de la publicación. JT se convirtió entonces en una gran familia.

 “A partir de las indicaciones que teníamos del comité nacional conformábamos el plan temático, con la correspondencia y las ideas de todas las personas del colectivo. Desde un chofer hasta un fotógrafo, aportaban con sus iniciativas. Queríamos que JT gustara tanto a un trabajador simple, como a un profesional”.

Lito, como le decían sus compañeros, sigue siendo flaco y desgarbado, aunque peine canas. Recuerda sonriente las tardes de viernes, cuando salían con un proyector de 16 mm a divulgar la ciencia entre los “betejotistas”. Evoca el olor a tinta que siempre lo hechizó. Añora todavía las jornadas de aquel, su primer trabajo, que lo hizo enamorarse del periodismo.

El síndrome JT

Carlos Masvidal

“Sigo muriendo con cada trabajo, aún cuando la edad me propicie más maña. Cada propuesta que entrego al público es un salto al vacío”, confiesa Masvidal, que con 55 años, conserva aún la inquietud de los veinte.

De a poco, una de las exiguas revistas coleccionables del país, fue convirtiéndose en un suceso editorial por las ingeniosas soluciones a problemas de la cotidianidad.

Cuanto loco había en La Habana pasaba por aquí, gente que quería arreglar el mundo, comenta Carlos Masvidal, dibujante y diseñador de Juventud Técnica durante diez años.

Graduado de la academia naval, nacido en cuna de dibujantes y diseñadores, se le dio naturalmente aquello de ilustrar las soluciones prácticas.

Una competencia personal con Peter Trojan y Fred Wolf, ilustradores de Mecánica Popular, lo hicieron crear las portadas más impactantes que JT haya tenido jamás. “Claro -advierte Masvidal-, ellos nunca lo supieron”.

Sin patentar, sección con inventos impracticables, pero tremendamente ingeniosos, era un derroche de fino humor e imaginación. “Pronto me volví un hombre popular entre los jóvenes y niños de la época. Una vez en Holguín encontré un muchacho que se sabía todos mis dibujos de memoria. A ellos los tenía en el bolsillo. Lo único que lamento es que en todo ese tiempo no conquisté una sola mujer”.

Antes del cambio tecnológico de los noventa, teníamos que hacerlo todo a mano y mantener una disciplina editorial férrea, recuerda Masvidal. “Había entonces probablemente las mismas contradicciones de ahora, pero yo estaba seguro de que estaba haciendo el trabajo más importante del mundo.

“Salía a las cinco de la tarde y al otro día traía una propuesta de portada. Tenía un miedo constante de hacer el ridículo. Siempre me las ingenié para que dentro de la pobreza de recursos que padecíamos, mi trabajo fuera lo más digno posible”.

Se recuerda “flaco, fumador y con el pelo al hombro”, con la revista en la mochila, en la parada de la 65, rumbo a la imprenta. “Teníamos hasta cinco revistas en producción al mismo tiempo, pero logré que no hubiera un solo retraso en la entrega durante cinco años”.

Alí Salazar

Siendo un imberbe recién graduado de San Alejandro, los caminos de la vida llevaron a Alí Salazar a la revista Juventud Técnica. Y, por fortuna, allí se quedó hasta su retiro. Dibujante, realizador, viñetista y diseñador, el continuador de las historietas de Ideas Prácticas se ganó los corazones de sus compañeros a golpe de nobleza

Como a tantos cubanos, los rigores de la crisis de los noventa impusieron a Masvidal cambios profesionales definitivos. Pero su tiempo en Juventud Técnica siguió siendo el mejor de todos. “Luego de que salí de ella cargué con el síndrome de la revista y estuve muchos años desprendiéndome del sello aquel que me identificó durante una década de trabajo. Nunca más he vuelto a dibujar, aunque sí he diseñado mejor”.

Como una novia vieja

En tiempos de Homero Alfonso JT tuvo cien páginas y tiradas de 200 mil ejemplares. Aquellos días, en el edificio de Cuba y O’Relly, eran un hervidero. Así lo recuerda Bruno Henríquez, colaborador de la revista desde hace muchos años y para quien la publicación es una suerte de “novia vieja”.

“Había una biblioteca fabulosa, con colecciones de National Geographic, Science et Vie, Science, Mecánica Popular y las publicaciones homólogas de los países socialistas. Allí nos reuníamos algunos entusiastas a intercambiar sobre la divulgación de la ciencia y sus temas más candentes”.

María Esther

JT fue la experiencia más linda de mi vida”. María Esther encontró allí amigos entrañables y conoció el amor. Fue de todo un poco en el edificio de Cuba y O’Relly: pantrista, recepcionista, auxiliar de administración… Hoy recibe sonriente a los visitantes de la Editora Abril

“Queríamos que la revista fuera atractiva para el público joven, comenta Homero, especialmente el que tenía una formación técnica. Nuestros mejores reporteros no se habían graduado en escuelas de periodismo, eran ‘cacharreros’ que sabían contar muy bien los fenómenos y procesos de la ciencia”.

“En la década del setenta –narra Bruno-, con el surgimiento de los concursos de Ideas Prácticas, Electrónica y Ciencia Ficción, la revista logra una gran proyección en la comunidad. La casa del joven creador o cualquier centro cultural de La Habana Vieja acogía nuestros encuentros con los lectores, donde se debatía sobre la existencia de vida extraterrestre, la conquista del espacio o la carrera espacial”.

Junto a la UJC y el taller Oscar Hurtado, JT organiza en 1989 el primer festival nacional de ciencia ficción en Guantánamo, pionero de los múltiples encuentros que hasta hoy potencian la creación literaria en este género. De esos años datan dos valiosas antologías: Recurso extremo y Astronomía se escribe con G, que recogían los cuentos publicados en las páginas de la revista.

La ciencia no es aburrida

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Desde hace tres años Juventud Técnica luce un nuevo diseño

Desde hace tres años Juventud Técnica luce un nuevo diseño. Secciones de opinión y debate, junto a un mayor despliegue de imágenes y gráficos, imprimen a la publicación un tono más acorde con las tendencias actuales del periodismo científico.

“El papel de JT hoy es potenciar la cultura científica en los jóvenes, comenta Iramis Alonso, actual directora. Que puedan descubrir en sus páginas los emocionantes episodios, descubrimientos y contradicciones que forman el mundo de la ciencia, para vivir y poder participar plenamente en una circunstancia histórica en la que gran parte de lo que les rodea es producto del desarrollo de la ciencia y la tecnología.”

“La de hoy no puede ser la revista que nació enfocada mayoritariamente hacia jóvenes técnicos, ni siquiera creo que deba dirigirse solo al movimiento de las BTJ, porque muchos temas y acontecimientos de la ciencia, la tecnología y el medio ambiente, quedarían fuera.

“No existen muchas publicaciones en el contexto cubano que aborden estos asuntos, por eso JT está llamada a trascender el concepto de divulgación y reflejar con sus matices y contradicciones toda la variedad científica, con un lenguaje asequible, una manera de decir agradable y entretenida, que le permita al lector disfrutar de lo que lee, porque la ciencia no es aburrida.

“La mayor insatisfacción que tenemos es que no hemos logrado recuperar la fortaleza de los temas prácticos. Nuestro personal es fundamentalmente periodístico, y la carencia de un ingeniero eléctrico o técnicos en electrónica ha impedido que seamos más sistemáticos. De cualquier modo, por su formato y frecuencia, a la revista le es imposible satisfacer la necesidad que creó la JT anterior”.

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