Periodismo
"Y vivieron complejos para siempre"
Un estudio sobre la relación fuente-periodista en el periodismo científico cubano descubre pistas para desbrozar el camino de la comunicación sobre temas de ciencia en Cuba
Por: Dania Ramos Martín
29 Junio, 2010
A solo unos años de Revolución, Fidel lanzó al ruedo un desafío para los hombres y las mujeres de aquellos días: construir un país de gente de ciencia. Los centros científicos surgieron y tomaron cuerpo por doquier, se perfiló la enseñanza, se organizó el proceso productivo. Los resultados obtenidos desde entonces son conocidos en Cuba y gozan de prestigio a nivel mundial.
En el logro de una cultura científica en los individuos, que les permita conocer, participar, debatir, decidir en torno a los principales avances de la ciencia cubana y las políticas a seguir por el país, los medios de comunicación han desempeñado desde siempre un papel fundamental. Pero las publicaciones cubanas adolecen aún de un tratamiento profundo de la información, un insuficiente espacio para el despliegue de los temas y una inestabilidad en la salida de las secciones dedicadas al quehacer científico.
“Y vivieron complejos para siempre”, estudio que indaga sobre la relación entre fuente y periodista en el periodismo científico cubano, acaba de darle a sus autoras el boleto para aventurarse a la vida laboral. Recién salidas de las aulas de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana, Malvy Souto y Patricia Cáceres se lanzaron a hurgar en las estrategias y condicionamientos entre ambos actores del proceso de popularización de la ciencia, todavía irregular e insuficientemente crítico y diverso.
Miembros del Círculo de Periodismo Científico y Medioambiental de la UPEC, directivos de los medios de prensa, investigadores del Polo Científico Oeste y de la Universidad de La Habana, entre otros especialistas, fueron los protagonistas de un debate que se torna a ratos candente, y que muy pocas veces encuentra consenso. De un lado, investigadores poco proclives a divulgar sus resultados; de otro, estrategias poco efectivas por parte de los medios de comunicación para garantizar el acercamiento a los científicos.
Otros infortunios, según pusieron en claro las estudiantes, hacen mella en el logro de un producto comunicativo eficaz: existencia de viejos estereotipos, escasa especialización de los profesionales de la comunicación en la temática científica, inexperiencia en el ejercicio de la divulgación de muchos investigadores y restricciones para el trato con la prensa de algunas instituciones científicas.
Las autoras recalcaron que los jóvenes científicos y los investigadores universitarios siguen siendo desconocidos por el gran público, al existir una tendencia en los medios nacionales a recurrir a las mismas fuentes. Por otro lado, la figura del cientista social está casi ausente en el panorama mediático cubano.
Una imagen preconcebida por parte de los científicos sobre el profesional de los medios, encasillado este último en los moldes del sensacionalismo, la superficialidad y el dogmatismo en cuanto a la política editorial, limitan seriamente la calidad de las entregas periodísticas.
Nuevas propuestas desde los medios y las instituciones científicas, que pulan las deficiencias de los periodistas y de los canales de acceso a la información, fueron las recomendaciones fundamentales de las investigadoras. Se impone la formación de comunicadores especializados en ciencia, ya sea en estudios de pregrado o postgrado; así como incluir en los programas de las carreras de ciencia, asignaturas o cursos de capacitación relacionados con la comunicación pública.
La creación de redacciones especializadas y la elaboración de estrategias de comunicación para mejorar el trabajo periodístico, son pasos vitales para poner de modo eficiente, en manos del público, lo mejor de la ciencia cubana.