A 250 metros de un desastre

Autor: 

Magda Iris Chirolde López y Claudia Alemañy Castilla
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13 Marzo 2019
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Crédito de fotografía: 

Cortesía de Tamara García Arcia y Claudia Alemañy

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Las alturas de Cumanayagua resultan, para algunos, un nuevo despertar a la naturaleza. Quienes observan sus lomas, a través de los primeros colores del alba, quedan atrapados por los contrastes entre la luz solar y el verde que cubre las elevaciones.

Sin embargo, el casi idílico paisaje montañoso estuvo a punto de enfrentarse a un serio desastre ecológico. Desde los años cuarenta del pasado siglo, una despulpadora de café fue ubicada cerca de la cuenca del río Hanabanilla, en la zona del Nicho.

Con el paso del tiempo, la maquinaria que se encarga del proceso de beneficio húmedo al grano, requirió mayores cantidades de trabajadores para manejar la producción que llegaba desde los cafetales. También aumentó la población en la zona y cambiaron las necesidades para lograr una mejor calidad de vida.

Ania Sánchez Paneque, especialista en mantenimiento de equipos e instalaciones industriales de la Procesadora Eladio Machín, recuerda que luego del triunfo de la Revolución, y de ponerse en marcha el programa conocido popularmente como la voluntad hidráulica,* se construyó el embalse Hanabanilla. Este abastece de agua a gran parte de las provincias de Villa Clara y Cienfuegos, incluidas las comunidades cercanas al centro de beneficio de café radicado en el Nicho.

“Las despulpadoras más anticuadas siempre eran puestas cerca de lugares donde existiera abundante agua, por los exagerados volúmenes que consumían. Una de las ubicadas en las serranías de Cumanayagua, pero que ya no opera, empleaba 40 litros para solo un kilogramo de café pergamino seco”, explica Tamara García Arcia, especialista agroindustrial y forestal de la procesadora.

La investigadora cuenta que el aumento de las producciones en la despulpadora a través de las décadas fue proporcional al crecimiento de las cuatro lagunas de oxidación del centro y un registro. Esos espacios dedicados a almacenar los remanentes del proceso de beneficio húmedo del café.

Todas las cáscaras retiradas en las maquinarias iban a dar a las charcas de residuos, donde ocurría un proceso de fermentación del que luego emanaban fuertes y molestos olores.

“No solo la fetidez era un inconveniente. Muchas moscas y otros insectos eran atraídos por las suciedades. A su vez, el agua de la lluvia en las montañas llegaba hasta las lagunas, las cuales cada vez se llenaban más. El volumen era tal que, en ocasiones, los despojos de la producción pasaban de un lago a otro sin atravesar por el sistema de decantación”, ejemplifica García Arcia.

La alarma fue mayor cuando los expertos se percatan de que los desechos podrían llegar al embalse y cuenca Hanabanilla.

Ya no solo se trataba de las molestias que los remanentes ocasionaban a los vecinos de la zona. Si las suciedades se desbordaban hacia el río, además de la crisis ambiental resultante, gran parte de la población villaclareña y cienfueguera tendría graves problemas con el abastecimiento de agua, aún mayores que los existentes.

Ante el peligro inminente

Tamara García Arcia y el equipo de trabajo de la procesadora Eladio Machín analizan las implicaciones medioambientales de la producción cafetalera. (Foto: Claudia Alemañy Castilla

Tras realizar un análisis medioambiental con respecto a la situación de las lagunas de oxidación de la despulpadora, los investigadores de la procesadora concluyeron que era imprescindible cambiar algunos elementos de la gestión productiva del centro de beneficio.

Además, calcularon que la actividad industrial de las despulpadoras en operación generaba, por cada kilogramo de café, la misma contaminación que seis personas adultas por día.

“El proceso de beneficio húmedo está diseñado para retirar la cáscara del grano, el mucílago. El agua, empleada en la extracción se mezcla con mieles del grano y se convierte en un líquido ácido que puede dañar la composición del sustrato. Por sus propiedades químicas, las sustancias resultantes compiten con el oxígeno. De entrar en contacto con la cuenca del Habananilla esto sería perjudicial para los peces y microorganismos del río”, advierte García Arcia.

Otro daño asociado sería la disminución del pH de las aguas fluviales, lo cual cometerá drásticos cambios en el hábitat de muchas especies de plantas y animales.

A partir de esas advertencias reveladas de los investigadores, la empresa emprende la compra de una despulpadora ecológica para el Nicho.

“Nos estábamos quedando sin tiempo. Cuando conseguimos ubicarla, los residuos estaban a menos de 250 metros de las aguas fluviales”.

Para las especialistas entrevistadas, la diferencia fundamental entre la realización del proceso de beneficio húmedo del café con una despulpadora tradicional y con una amigable con el medio ambiente, radica en el agua.

La nueva maquinaria instalada procesa un kilogramo de café con tan solo un litro. Además, el tiempo de secado de los granos se reduce entre un 10 y un 15 por ciento y todo el proceso puede concluirse 24 horas antes que con el sistema de trabajo puesto en marcha hace más de 70 años.

 
Desde hace apenas un par de años, la despulpadora de café del Nicho, en Cumanayagua, cuenta con una tecnología ecológica. (Foto: Cortesía de Tamara García Arcia)

A pesar de estas ventajas, otras dificultades persistían. Aunque se redujo considerablemente el consumo de agua, los residuales del mucílago seguían existiendo, rememora García Arcia.

“El sistema de trabajo con el café, por lo general, es muy lineal. Luego de despulpar, las cáscaras van a las lagunas de oxidación. En tiempo de sequía, la mayor parte del agua fétida se evapora o se desplaza por decantación a las demás charcas de residuos.

“Según nuestras pesquisas, en el primer y segundo lago de remanentes, quedaba un material rico en proteínas”, asegura la especialista agroindustrial y forestal de la procesadora.

Los expertos comienzan entonces a secar todas las cáscaras de manera natural, sacándolas del proceso de despulpado antes de llegar a las lagunas. Para ello, los secaderos más viejos del centro de beneficio fueron ubicados de forma tal que no impidiera continuar con el resto del trabajo.

Rápidamente, los volúmenes del mucílago deshidratado aumentaron de manera considerable. Ante este fenómeno surge una nueva interrogante: ¿qué hacer con toda esa materia orgánica?

El ciclo sin fin

La primera idea de Sánchez Paneque fue volver a incorporar los remanentes a los cafetales o a las posturas. El material rico en proteínas que estaban desperdiciando, también contenía gran cantidad de minerales y podía ser un coadyuvante en el sustrato.

La especialista García Arcia encabezó el equipo de investigación dedicado a alcanzar la sostenibilidad del café. El grupo de estudiosos tomó la iniciativa de conformar un humus de lombriz.

“En una caja colocamos un determinado volumen de lombrices de tierra y de cáscara. Mantuvimos la prueba durante un mes, en el cual los gusanos se alimentaron del remanente deshidratado. Ninguno de ellos murió. Esto nos demostró que, tras varios días a la intemperie, la materia orgánica perdía las toxinas y ácidos”, apunta Tamara García.

Este análisis dejó clara la posibilidad de obtener el humus directamente, sin tener que seguir descomponiendo la cáscara.

“Hoy aplicamos el humus de lombriz en las posturas de café que tenemos en la propia despulpadora. Además, les facilitamos el producto a algunos campesinos para ver cómo impacta directamente en las semillas durante la siembra y plantación. Por otro lado, les dimos a algunos productores la materia orgánica, sin entrar en contacto con los nemátodos, para que ellos mismos gestionen su uso y aprecien otras experiencias”, subrayó Sánchez Paneque.

Algunos pendientes a saldar

Los niveles de remanente en las lagunas de oxidación de la despulpadora del Nicho disminuyeron considerablemente, luego de la puesta en marcha de la tecnología

Tanto la puesta en marcha de la despulpadora ecológica, como la reutilización de los desechos orgánicos del lavado del café, contribuyeron a disminuir los niveles de líquidos y contaminantes en las lagunas de oxidación en el Nicho.

A pesar de ello, los técnicos de la Procesadora Eladio Machín no dan por concluida la investigación. En estos momentos la entidad se encuentra examinando la posibilidad de poner en marcha biodigestores en el Nicho.

“Esos equipos emplean el fenol que se libera de las aguas, mieles resultantes del proceso de despulpado del grano. Aunque la maquinaria permite poca emisión de ese gas, podría tener otras utilidades. En nuestro caso, la intención es administrarlo para la cocina de los trabajadores en el centro de beneficio del Nicho y para el hospitalito comunitario que se encuentra cerca”, propone García Arcia.

La especialista considera que, en tiempos de cosecha, el gas podría incluso alcanzar para algunas de las casas cercanas a la despulpadora.

Para Ania Sánchez Paneque, contar con una maquinaria ecológica previno un daño inminente, pues las sustancias desbordadas en las lagunas de oxidación estaban a escasos metros del río. (Foto: Claudia Alemañy Castilla)

A través de conferencias y algunos encuentros cara a cara, los investigadores de Cumanayagua comenzaron a diseminar sus resultados con la deshidratación de las cáscaras y posterior conformación del humus de lombriz a base de ellas.

 

“Cada cual tiene su librito, y aunque muchos han tenido en cuenta nuestros procederes, ya hay quienes empezaron sus propias técnicas a partir de lo que nosotros demostramos”, comenta satisfecha Tamara García.

Poco a poco, la implementación de tecnologías ecológicas y la reutilización de las sustancias ricas en proteínas obtenidas en los procesos productivos, prosperan en las serranías cienfuegueras. Hoy la Procesadora de café Eladio Machín resalta no solo por su aporte económico, sino por el amplio espectro de pesquisas científico-tecnológicas que desarrollan los investigadores de la entidad.

Según Tamara García Arcia, esa área de trabajo está especialmente atendida. “Queremos una producción lo más limpia y sostenible posible. Ello se convirtió en nuestra prioridad gracias a que, poco a poco, se incluyeron máquinas ecológicas entre las tecnologías”.

No obstante, prosperar en ese concepto de sostenibilidad requiere la capacidad de analizar con previsión cuánto beneficia un medio ambiente sano a la producción industrial y a la calidad de vida de los lugareños.

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