30 años de apuestas por la vida

Autor: 

Margarita Valdés Rabí
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04 Julio 2016
| |
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Crédito de fotografía: 

Tomada de Radio Rebelde

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El interferón leucocitario fue el primer producto obtenido en los albores de lo que es hoy la biotecnología cubana. Fue desarrollado en tres meses de intenso trabajo, evocados a la distancia que marcan las tres décadas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología en un viaje que resultó sorprendente para los que están llamados hoy a continuar esa labor.  

Para, Yordanis Gómez, a título de la generación más joven de científicos del CIGB, pareciera que Fidel viajó al futuro y volvió para contarlo, porque su visón de que nuestro porvenir sería de hombres de ciencia ahora es una realidad que beneficia directa o indirecta mente a cada hogar cubano y contribuye al deber sagrado de salvar vidas.

“Muchos de los logros que ostenta la biotecnología cubana no hubieran sido posibles sin la dedicación y entrega de los fundadores que asumieron con entereza el compromiso de convertir la ciencia en un pilar socio-económico y contribuir a la formación de generaciones de científicos cubanos”.

Por su parte, el vice-presidente primero, Miguel Díaz-Canel, señaló que este centro nació de la audacia, los retos, la constancia, la voluntad y el compromiso de personas extraordinarias ocupadas en el desarrollo de productos para la salud humana, animal, la agricultura y el medio ambiente.

La génesis del CIGB se remonta a 1980, cuando dos médicos cubanos viajaron en 1980 a Houston, Texas, por invitación del oncólogo Randolph Clark para conocer sobre investigaciones sobre interferón en el tratamiento del cáncer, sugerencia que emanó de una conversación entre él y Comandante en Jefe. Gracias a esa visita hicieron contacto con un laboratorio en Finlandia adonde otros seis científicos viajaron para conocer acerca de la producción de esa proteína.

Simultaneidad y premura marcaba esos días, pues durante las dos semanas que ese grupo empleó en aprehender los principios esenciales del proceso, en Cuba se instalaba en una casa protocolar el primer laboratorio dedicado a la investigación en biotecnología.

El 28 de mayo de 1981 se obtenía el primer interferón en Cuba y, ese mismo año, circunstancias como la epidemia de dengue hemorrágico determinaron que, lo que tal vez comenzó como una aproximación exploratoria, se convirtiera en la primera experiencia internacional en el uso de interferón leucocitario y el recurso esencial que salvó la vida a muchos pacientes en aquel momento.

Victoria Ramírez, Eduardo Pentón, Silvio Barcelona, Ángel Aguilera, Manuel Limonta, Luis Herrera, Rafael Moro y Pedro López –quien falleció apenas dos semanas antes del trigésimo aniversario del CIGB- fueron los protagonistas de aquellos intensos cinco meses y los depositarios del agradeciendo de generaciones de investigadores y tecnólogos del CIGB.

En la inauguración del centro, el 1º de julio de 1986, el Comandante en Jefe se refirió a ellos y a otros 82 investigadores homenajeados también en este aniversario: “Algo muy valioso es el personal de este centro, que a va ser vanguardia de la biotecnología y la investigación científica en nuestro país (…) desde que se vio con claridad que muchas vidas humana podrían depender de lo que se haga aquí, se adoptó el principio de trabajar día y noche, sin horas, cambiando el concepto de trabajo científico (…) y por eso estoy lleno de confianza, de tanta como entusiasmo y juventud hay en ustedes.”

Hoy se les reconoce como fundadores, al igual que a Fidel como artífice, del complejo que cuenta en su haber con productos para diagnosticar, prevenir y tratar una treintena de enfermedades al tiempo que avanza en medio centenar de proyectos de investigación y desarrollo de vacunas humanas y veterinarias, proteínas recombinantes para uso terapéutico y péptidos sintéticos.

Entre las generaciones de hombres y mujeres de ciencia, los jóvenes siguen siendo denominador común del enorme colectivo que es el CIGB y muchos, como la tecnóloga de procesos biológicos, Maylín La O, lo consideran su segunda casa apenas siente que ha  transcurrido una fracción de segundo de los 14 años de labor que acumula en este centro.

“Aquí descubrí la ciencia práctica, el sentido de la responsabilidad y la ética profesional; el camino no ha sido fácil, pero el CIGB me ha enseñado que con sacrificio los logros se disfrutan con más satisfacción”.

Sobre el progreso y las altas metas que en ese centro se fijan, Díaz Canel apuntó que, “partiendo aquel interferón leucocitario inicial se continuó un camino de desarrollo y mejoramiento de ese producto para llegar a nuevas variantes y combinaciones, además de anticuerpos monoclonales y medios para el diagnóstico de VIH, Hepatitis C, rotavirus y la enfermedad celíaca.”

Además, señaló el papel integrador del CIGB dentro de la biotecnología cubana, su alta capacidad científico-técnica e investigaciones como base para la generación de conocimientos, desarrollo de nuevos productos y servicios sustentados en un riguroso sistema de calidad.

Unido a ello, no se habla en Cuba –y probablemente en cualquier otro lugar- acerca de ese complejo científico, sin mencionar al Heberprot–P, medicamento que ha beneficiado a más de un cuarto de millón de pacientes con úlcera del pie diabético, de ellos 56 mil cubanos.

Entre sus más llamativos resultados reduce el riesgo de amputación en un 78 por ciento, razón por la que le fue concedida hace poco una licencia para  su evaluación clínica en Estados Unidos.

Otros productos insignia del CIGB son el HeberNasvac para el tratamiento de la hepatitis B crónica, que ha probado ser  de más eficacia antiviral y menos reacciones adversas; la Proctokinasa en forma de supositorio, con efectividad comprobada contra hemorroides agudas y que evita otros procederes quirúrgicos y endoscópicos; las pruebas de diagnóstico de embarazo HeberFast, que además de su resultado confiable están disponibles en las farmacias nacionales desde el último año y la vacuna Gavac para el control de las garrapatas del ganado vacuno.

A la par de los sostenidos avances investigativos, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología la exportación de sus productos y servicios asciende a más de mil 500 millones de dólares desde 1988 que al decir del vice-presidente primero, “contribuye a la elocuente y extraordinaria impresión que provocan los altos rendimientos de los últimos 30 años, las cualidades y valores de quienes los lograron”.

“Es posible encontrar aquí a personal admirables, modestas sensibles y exigentes científicos revolucionarios como Pedro López, siempre presente, o Jorge Berlanga, quien no solo es líder del grupo que desarrolló el Heberprot-P –principal producto de exportación de la biotecnología cubana- sino también un bayamés orgulloso de haber nacido a pocas cuadras de donde se escribió el Himno Nacional.”

En la actualidad el CIGB se orienta a la obtención de vacunas bi, tri, tetra y pentavalentes, así como de un candidato vacunal –en colaboración con el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí– contra el dengue, además de otras dos de tipo terapéutico para combatir el SIDA.

De igual forma se adentra en la bioinformática para estudiar genes asociados a enfermedades; en la biotecnología agrícola, para crear plantas más resistentes, de mayor valor nutricional y dinámica vegetal libre de efectos adversos al ambiente y la salud humana.

También, este año continúan trabajado en un compuesto para reducir el área del infarto, conducirán ensayos de campo controlados de una nueva vacuna contra la peste porcina clásica, que es no replicativa, confiere protección temprana y elimina su transmisión horizontal y vertical, condición que aventuran como única en el mundo y se abren paso como usuarios de la Zona Especial de Desarrollo Mariel bajo el nombre de Sociedad Mercantil CIGB-Mariel, como empresa de capital completamente cubano.

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