Abrir todos los cerrojos de la ciencia

Autor: 

Osvaldo Pupo Gutiérrez
|
19 Agosto 2020
| |
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Crédito de fotografía: 

tomada de Steps Centre

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Lo que a Galileo Galilei le hubiese costado una eternidad escribir y socializar, hoy está en Wikipedia explicado de forma sucinta y accesible. Durante años, Internet ha sido ensalzado como un verdadero oasis para el conocimiento y la cultura universal. Un lugar donde sabios y legos pueden conocer de vacunas, autos voladores, sistemas operativos, animales en peligro de extinción… Una lista larga de bondades, pero, es tan solo la cara amable de la denominada “vulgarización de la ciencia”.

 

¿Qué pasa con esos resultados que dan millones de dólares a emporios y trasnacionales? ¿Dónde se pueden consultar los pasos que condujeron a esos logros tan bien tasados? Aunque Internet representa una poderosa herramienta para la divulgación de los resultados científicos-tecnológicos, la gran parte está bajo llave en la misma red de redes.

La venda proporcionada por la globalización neoliberal ha hecho sus efectos en los ojos de la humanidad: a diario, noticieros de varias partes del mundo anuncian nuevos experimentos, inventos, pruebas piloto… pero estos son solo destellos; los verdaderos, los lucrativos, los que cambian el orden planetario no están al alcance de todos. Hay que pagar. Las patentes cierran el cofre del oro al final del arcoíris de la innovación y desarrollo.

Por tanto, gritar a todo pulmón que Internet permite el acceso a todo el conocimiento científico de forma gratuita, sin restricciones, es mentir sin vergüenza. Las mismas editoras y revistas científicas — canal más empleado para la socialización de los resultados — , que se tambalearon ante la llegada de la web, han encontrado en la red global una forma más factible para aumentar ingresos a través de las suscripciones, los pagos en línea o endosar a los propios autores el precio por publicar en abierto, por solo mencionar un ejemplo.

Sin embargo, quienes durante décadas han defendido en serio las ideas progresistas acerca del acceso universal al conocimiento no se han quedado con los brazos cruzados. Desde hace unos años, Europa es epicentro de la cultura open (abierta, en inglés). Varios movimientos pretenden revolucionar las leyes establecidas por los poderosos sobre cómo llegar a la ciencia.

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Foto: cortesía del entrevistado

El profesor español de la Universidad Abierta de Cataluña, Eduard Aibar Puentes, sigue de cerca la evolución del acceso abierto y la ciencia abierta. Es autor de textos que abordan la producción colaborativa, la cultura hacker, los efectos del neoliberalismo, entre otros asuntos vinculados a la apertura del saber para todos.

— Varios artículos suyos refieren que las políticas neoliberales han producido una privatización del conocimiento, ¿por qué sostiene esta idea?

“Es un fenómeno bastante evidente. En distintos ámbitos se han introducido mecanismos para poder comercializar el conocimiento científico. Las patentes son uno de los instrumentos básicos. En las últimas décadas ha aumentado enormemente el tipo de objetos susceptibles a ser patentados, desde métodos de diagnóstico hasta segmentos de ADN, incluso, seres vivos.

“Asimismo, la presión de las universidades para que sus investigadores patenten sus resultados también es mucho más fuerte. Sin embargo, según cálculos, solo unas pocas obtienen rendimiento económico positivo. La mayoría simplemente no obtienen nada — pierden dinero, más bien — y dificultan la utilización libre de esos resultados por otros.

“Paralelamente, aumentan las presiones y los incentivos para que los científicos en instituciones públicas reorienten sus investigaciones hacia áreas más fácilmente comercializables o a que, directamente, transfieran sus hallazgos a empresas privadas”.

— ¿Pueden esas políticas que colocan las universidades a merced del mercado afectar la fiabilidad de los resultados?

“Aunque no toda la ciencia que responda a intereses privados es necesariamente falaz, la creciente presencia de los fondos privados ha hecho dispararse el número de casos donde los resultados de una investigación quedan en entredicho o son abiertamente cuestionados.

Las empresas farmacéuticas, por ejemplo, recurren a autores fantasmas para legitimar artículos en los cuales muestran los efectos terapéuticos de un nuevo fármaco. Estos autores son investigadores universitarios que simplemente ceden su nombre a cambio de dinero.

“En general, la creciente intromisión de intereses privados en la investigación científica debilita su credibilidad y objetividad.

“Hace algunas décadas el sociólogo norteamericano de la ciencia, Robert Merton, describió lo que él denominó el ethos científico — las normas de comportamiento de los miembros de la comunidad científica — a partir de cuatro principios básicos: el universalismo, el comunismo (o comunalismo), el escepticismo organizado y el desinterés.

“Aunque la teoría de Merton nunca ha sido una descripción totalmente ajustada de la realidad de la ciencia, lo cierto es que el neoliberalismo y fenómenos como el de los autores fantasmas suponen un ataque absolutamente deliberado a cada uno de esos principios”.

— En medio de todo este panorama de privatización, ¿qué persigue la ciencia abierta?

“Desde mi punto de vista, la ciencia abierta debería intentar, primero, que los resultados de la actividad científica (y no solo la financiada públicamente), así como algunos productos intermedios — métodos, por ejemplo — fuesen accesibles de forma gratuita a través de Internet. Segundo, que el conocimiento científico básico no pudiera ser objeto de comercialización en ningún sentido.

“La ciencia se ha caracterizado siempre por su diversidad — teórica, metodológica, social — que ha sido una fuente de riqueza cognitiva, un factor positivo en el desarrollo del conocimiento. Durante el siglo XX, por ejemplo, la ciencia privada convivió con la ciencia pública de forma más o menos fructífera, en un cierto equilibrio, pero en las tres o cuatro últimas décadas ese equilibrio se ha roto a favor de la privada (aproximadamente dos tercios de la ciencia mundial están ahora financiados por empresas privadas)”.

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— Entonces, ¿la ciencia abierta significa dejar de comercializar los resultados científicos?

“La relación entre privatización de la ciencia y la denominada ciencia abierta es mucho más compleja, creo. No está claro que el movimiento por la ciencia abierta tenga como prioridad frenar el proceso de comercialización y de subsunción de la investigación a intereses privados. Cómo mínimo, en la mayoría de proclamas ese no aparece como un objetivo explícito.

Aunque a nivel individual muchos investigadores científicos están en contra de los procesos de privatización y mercantilización de la ciencia, a nivel colectivo no son tantas las experiencias y proyectos de resistencia activa.

“En el ámbito internacional han surgido iniciativas como Slow Science que se dirigen a contrarrestar algunos de los preceptos básicos del neoliberalismo (la necesidad de acelerar los ciclos de conocimiento y comercialización, en este caso) o una iniciativa belga contra las políticas de la llamada excelencia (Désexcellence) que es otra de las estrategias de penetración de las políticas neoliberales en la ciencia.

“Hay más ejemplos, la mayoría de carácter local, pero lo cierto es que no ha habido una respuesta global clara y contundente desde la comunidad científica”.

— ¿La ciencia abierta es sostenible desde el punto de vista económico?

“No tengo datos suficientes para responder esta pregunta, pero lo cierto es que la ciencia privatizada es insostenible, tanto social como económicamente. Las iniciativas de ciencia abierta deberían ser financiadas con fondos públicos; ahora son los fondos públicos los que financian iniciativas y proyectos que privatizan la ciencia”.

— ¿Existen malas prácticas vinculadas a la ciencia abierta?

“Sí, evidentemente. La publicación científica está en manos de unas pocas editoriales multinacionales y ese es, sin duda, uno de los ámbitos más privatizados y con efectos muy perniciosos. Pero, el sello de la ciencia abierta, por parte de esas mismas editoriales, en la modalidad golden open access, se está utilizando precisamente para aumentar el proceso de privatización e introducir discriminación económica en la publicación.

“Muchas iniciativas se presentan como ejemplos de ciencia abierta (las denominadas redes sociales académicas como ResearchGate, Academia.edu, pero son en realidad proyectos que intentan privatizar diferentes segmentos de la ciencia o introducir mecanismos de mercado.

“Por otro lado, han aumentado los repositorios abiertos, pero la inmensa mayoría de las publicaciones científicas continúan siendo de acceso cerrado, previo pago.

— ¿Qué países están en mejores condiciones para implementar la ciencia abierta?

“La ciencia abierta no debería ser una opción restringida a ciertos países, pues sus beneficios deben ser universales. En Europa, por ejemplo, la Unión Europea diseña políticas con fuerte impacto.En general, los países con un sistema científico más desarrollado son los que están introduciendo más programas y medidas de ciencia abierta.

“Es un error pensar que el nivel de la ciencia de un país se mide por su número de patentes. Patentar conocimiento científico no suele ser un buen negocio. Si la ciencia es de calidad, es muy posible que dé lugar a actividades económicas importantes, pero ese no debería ser el objetivo primordial de la ciencia, sino el de generar conocimiento útil para el bien común y no únicamente para una industria determinada”.

 

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