Adopta un árbol y hazte un selfie: el reto lanzado a jóvenes en La Habana

Autor: 

Yoandry Avila Guerra
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09 Octubre 2019
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Denise fue la primera en llegar. Es domingo, el sexto día de octubre. Falta poco para las diez de la mañana, hora prevista para la arrancada de Eco Selfie, iniciativa conjunta del proyecto comunitario Mano Verde (MV) y el Movimiento Cubano de Excursionismo (MCE) con el objetivo de adoptar un árbol para repoblar la flora de los espacios urbanos capitalinos.

Estudiante de cuarto año de Química en la Universidad de La Habana (UH), Denise Pérez Almazán solo tenía claro que quería un frutal, pero distinto de las tres matas de mango que pueblan su patio de frutas dulces y de color amarillo una vez al año; por ello, una postura de guanábana le fue adjudicada.

Desde San Miguel del Padrón, Odel García Macías, quien cursa quinto año de Ingeniería Civil en la Universidad Tecnológica de La Habana “José Antonio Echeverría”, arribó a la casa de Marnia Briones Andrés en el municipio Playa (la sede de Mano Verde) para llevarse una pequeña planta de guayaba. Odel y Denise pertenecen al grupo Escambray, una de las más nuevas agrupaciones de las casi una decena que de manera activa componen el MCE.

Odel García Macías y Denise Pérez Almazán

El perfil de la agrupación de excursionistas en la red social Facebook sirvió de plataforma comunicativa para promover Eco Selfie. Por esa vía se enteró Gabriela Gámez Granda, recién graduada de Derecho en la UH y asesora jurídica en la Dirección Provincial de Justicia de la capital. El fruto de su viaje fue un retoño de uva caleta que será plantado cerca del Malecón y una postura de algodón, regalo a una amiga que vive en Boyeros.

Casi sesenta especímenes, entre ellos Mangos, Mameyes, Tamarindos, Aguacates, Cítricos, Almendros, Robles, Algarrobos, se entregaron a los asistentes a la iniciativa, con solo dos condiciones: cuidarlos y postear en las redes sociales, entre el 8 y el 12 de octubre, una selfie del momento de su plantado con las etiquetas #EcoSelfie y #AdoptaunÁrbol, para sensibilizar a las personas acerca de la importancia de preservar la vegetación de la ciudad.

“Esta es una idea que surgió a partir de los incendios de la Amazonia. Nosotros como movimiento nos preguntábamos qué podíamos hacer, en aras de aportar un granito de arena desde Cuba y que la gente tomara conciencia de ese desastre ecológico”, expresa Miguel Alfonso Sandelis (Sandelis), líder del Movimiento Cubano de Excursionismo.

Como antecedente, — explica Sandelis — la agrupación realizó un taller científico sobre el tema en el Salón de los Mártires de la UH, que contó con la participación de varios expertos; asimismo, se abordaron otros asuntos de interés sobre el cambio climático y las acciones de Cuba para hacerle frente con el desarrollo de la Tarea Vida. Entonces, quedaba la segunda de las propuestas, una siembra masiva de árboles, por ello contactaron con Mano Verde.

— ¿Cómo llegamos al MCE?, pues las piedras rodando se encuentran — recurre al conocido aforismo Diana Rodríguez Cala, bióloga de formación y miembro del grupo gestor de Mano Verde desde marzo de este año, tratando de buscar la génesis de la articulación entre el proyecto y los excursionistas.

De izquierda a derecha: Diana Rodríguez Cala, Pablo Sánchez y Marnia Briones Andrés
 

 “Creo que Pablo (Sánchez) me escribió y fuimos a la actividad por el cambio climático para ver qué querían hacer después. Querían una siembra masiva. Les dimos algunos consejos sobre qué podría usarse y qué no. Mucha gente tiene buenas intenciones, pero las cosas no pueden hacerse a lo loco. Tienes que tener un conocimiento detrás que te respalde.

“Nosotros consideramos que era mejor adoptar un árbol y que cada cual lo sembrara en su pedacito, pues con la idea primera, ibas al lugar, lo sembrabas y después te olvidaste; con la adopción lo tienes cerca y se crea una conexión”, comparte convencida.

Marnia va bregando entre los pocos espacios sin plantas del vivero que crece en la parte delantera de su casa: “¿Dónde vives?¿Dónde lo vas a sembrar?”, son siempre las dos primeras preguntas para cada uno de los asistentes. A su lado, en una libreta blanca y rayada, Diana va tomando los datos ofrecidos.

— ¿Una guayaba? — dice Marnia y el muchacho rubio al frent eniega enfático .

— ¿Una güira? — y la propuesta no ofrece la misma resistencia en el joven — La güira es medicinal, puedes hacer miel con ella; también jícaras, puedes confeccionar tus propias vasijas con sus frutos.

“Vendido”, ríe uno de los presentes. Ya el rubio tiene la postura en la mano y Marnia le vuelve a hablar: “Además, puedes hacer unas maracas”; “sobrevendido”, suelta una voz gutural y todos sonríen.

“Ya solo queda tener un bebé y escribir un libro”, exclama otra voz y le responden más sonrisas: “¿Y la tesis no cuenta?, vocifera alguien, lo que recibe un aluvión de carcajadas.

Verónica Alonso, profesora de Historia del Arte en el ISA, se lleva un roble blanco para plantarlo en El Vedado.

A Marnia se le ve feliz entre las plantas del vivero, muy distinta a la sensación que tuvo hace dos años, en 2017, cuando tras el paso del huracán Irma por la Isla salió de su casa y no vio casi ningún árbol en pie en su entorno inmediato. “Fue súper triste”, recuerda. Ese momento la marcó y decidió que no bastaba con tener una actitud ecológica, sino también había que “ponerse a hacer”.

Entonces ella, pintora autodidacta, y una amiga, Cecilia, decidieron llevar a la práctica los conocimientos adquiridos a través de la permacultura, de la lectura de libros y enciclopedias botánicas y del estudio de las experiencias del agricultor, biólogo y filósofo japonés Masanobu Fukuoka: “El 27 de septiembre de ese mismo año fundamos Mano Verde. Al inicio queríamos comernos el mundo y salir a reforestarlo todo. El proyecto por sí mismo se ha ido enriqueciendo y ha ido tomando otros tonos”.

“Comenzamos a trabajar con elementos reciclados de consumo diario para sembrar: latas de puré de tomate, el potecito de helado del niño, tu pomo de aceite o de champú, y así no usar la bolsa de plástico negro que tienes que comprar, pues nosotros no generamos ingresos. Todo es auto sostenible. Con esa filosofía comenzamos a plantar. Venían los amigos los domingos y nos reuníamos aquí con todo el que estuviera interesado”, dice.

Comenta Marnia que el vínculo del proyecto con los niños, niñas y adolescentes de la comunidad se ha ido fortaleciendo progresivamente. Dio inicio sin pretenderlo, cuando junto a otra amiga comenzaron a impartir de forma voluntaria una vez a la semana, talleres de arte y naturaleza y de teatro, respectivamente, en la escuela primaria de su hijo Antonio.

“Los niños fueron a una actividad primero con ella y después vinieron para acá. Luego, les contaron a otros niños y los padres

empezaron a traerlos. Nos reunimos los domingos cada 15 días y tenemos una visión de no plantar por plantar sino de empoderarnos del barrio y analizar qué es lo más beneficioso en cada espacio, tratando de rescatar lo autóctono del entorno”, refiere.

Hoy, con tres escuelas primarias y una secundaria básica involucradas en el proyecto, Mano Verde se empeña, además, en contribuir a la soberanía alimentaria del barrio y en fomentar en los procesos que incide (vivero, siembra, riego, componente educativo y lúdico) una cultura del reciclaje.



Es domingo, 6 de octubre. Marnia escoge con cariño y metodología del detalle cada postura que obsequia. Va repartiendo consejos comunes y particulares a cada especie. Se confiesa sorprendida de cuántas personas, la mayoría jóvenes, han respondido a Eco Selfie. Por los poros le brota el entusiasmo. Ella dice que a las plantas solo hay que quererlas y sabe que las que hoy se dispersan por casi toda la geografía habanera, lo serán.

 

 

 

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