Alergias: cuando un extraño llama

Autor: 

Emilio L Herrera Valdés
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21 Mayo 2021
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tomada de Conmishijos.com

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La palabra alergia deviene del griego allos (otro, diferente) y ergía (actuación). Con ella se pre­tende decir “reacción alterada”, ya que esa ha sido su esencia al pasar de los siglos y de las varia­ciones etimológicas.

Sin más disonancias hablamos de oposición, re­sistencia, antagonismo biológico. Una respuesta exa­gerada frente a sustancias extrañas al organismo, sustancias que tratan de irrumpir por vía digestiva (alimentos, medicamentos), respiratoria (inhalantes) o a través de la piel (contacto, picadas, inyecciones). Las personas no alérgicas las combaten mediante mecanismos de tolerancia inmunitaria, que en los alérgicos se vuelven contra el propio cuerpo y cau­san una diversidad de sintomatologías.

En las últimas décadas la creciente variedad de exámenes y diagnósticos hicieron que aumentara el espectro de posibilidades, así como la severidad de este padecimiento. Cifras internacionales seña­lan que el 22 por ciento de la población mundial actual es alérgica. Cerca de 300 millones padecen asma y América Latina ocupa el tercer lugar de las regiones con mayor prevalencia de rinitis, asma y eccema.

Cuba no es excepción. Se estima que cerca del 50 por ciento de la población adolescente y adul­ta joven del país sufre de alguna enfermedad alérgica. De mantenerse esa tendencia continuará conside­rándose “una de las pandemias del siglo XXI”.

Se desconoce del todo por qué en algunos las alergias pueden ser visibles y agresivas, mientras que en otros rozan lo imperceptible. Los científicos aluden a una combinación entre factores heredita­rios y ambientales, que “explotan” en un momento específico de la vida de esa persona. Si alguien, por su carga genética, posee predisposición, pero evita y controla alérgenos en su ambiente puede no de­sarrollarla. La alergia necesita elementos ambien­tales para desencadenarse.

“La ocurrencia de precipitaciones fuertes y la cre­ciente contaminación del aire urbano indican que los factores de riesgo ambientales tendrán un mayor efecto en las próximas décadas”, señala la Dra. Mirta Álvarez Castelló, presidenta de la Sociedad Cubana de Alergia, Asma e Inmunología Clínica (SCAAIC).

Entre las teorías que tratan de explicar el ascenso de casos en los últimos años se encuentran las re­lacionadas con la incidencia directa del ser humano en el aumento de la temperatura y la contaminación global. Según Álvarez Castelló, el cambio climático extiende la temporada de polen, amplificando la du­rabilidad y el número de alérgenos en el aire. Estu­dios nacionales demuestran una prevalencia entre el 79 y 81 por ciento de sensibilización al polen de Par­thenium hysterophorus L y a Cynodon dactylon L Pers, dos especies dispersas por toda nuestra geografía.

“El paciente alérgico se sensibiliza por la expo­sición a sustancias llamadas aeroalérgenos. Fre­cuentes en nuestro país son los ácaros como Blomia Tropicalis, Dermatophagoides Pteronyssinus, Dermato­phagoides farinae, los pólenes, hongos, plumas y pe­los de animales. Además, poseemos significativa incidencia tanto en zonas rurales como urbanas de alérgenos ingestantes (alimentos, medicinas, pre­servos, aditivos) y otros como el humo de cigarros, líquidos químicos irritantes y la contaminación am­biental”, expuso la Dra. Mcs. Lidia Valdés, especia­lista en primer grado en alergología.

En Cuba, las alergias también se recrudecen de­bido a las propias características de este archi­piélago tropical, de clima cálido y húmedo. Como mismo ocurre en otras naciones de la región, las concentraciones de mohos y las enfermedades infecciosas se incrementan. Los ácaros del polvo doméstico son uno de los mayores causantes de alergias respiratorias. Sus reacciones clínicas se manifiestan mediante estornudos frecuentes, tos seca, congestión, hidrorrea (salida de líquido por la nariz), picor nasal y ocular.

Las alergias alimentarias, a medicamentos como la penicilina, al veneno de las picaduras de insec­tos, faneras de animales y humanos (pelo, caspa y desechos de perros, gatos, aves, caballos, cuca­rachas), fragancias (perfumes, detergentes, velas aromáticas o cosméticos), humo de tabaco, póle­nes y hongos son cada vez más frecuentes en las consultas y en los cuerpos de guardia.

“A diferencia de otros países los cubanos no tenemos costumbre de portar algún tipo de señali­zación sobre las alergias. Se percibe como poco práctico, y hasta cierto punto lo es porque la ma­yoría de los cuadros alérgicos, incluso los más gra­ves, cursan sin afectación de la conciencia por lo que el enfermo puede decir su padecimiento. A mis pacientes que sufren alergia medicamentosa a va­rios fármacos, muchos de ellos tan comunes como la dipirona, la penicilina y la aspirina, les aconsejo que porten junto a su carnet de identidad un cartón plasticado con la lista de sustancias intolerantes. Así evita cualquier equivocación en caso de llegar solo e inconsciente como consecuencia de otra en­fermedad o accidente”, puntualiza la Dra. Mcs. Ke­nia Castellón, profesora asistente y especialista en primer grado en medicina interna.

La ciencia hecha en Cuba

El sistema de Salud Pública cubano presta mar­cada atención a las enfermedades alérgicas debi­do a su incremento gradual en los últimos años. Más allá de ocuparse del gasto económico que re­presentan las diversas consultas y tratamientos, el Ministerio de Salud Pública, en alianza con otros centros e instituciones, aboga para que sus pro­fesionales desarrollen investigaciones científicas, cuyos resultados tengan una repercusión directa y positiva sobre la calidad de vida de los pacientes.

De acuerdo con el Anuario Estadístico de Salud 2019, en Cuba existen 356 médicos dedicados a la alergología, de ellos 315 son especialistas. Precisa­mente, muchos de ellos son los encargados de li­derar, monitorear y llevar a feliz término varios de los estudios realizados en el país.

Publicada en la Revista Cubana de Higiene y Epi­demiología (vol. 52, núm. 3) del 2014, una inves­tigación realizada por un grupo de expertos del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Mi­crobiología (INHEM) y del Servicio de Alergología del Hospital Docente Pediátrico Juan M. Márquez estimó la prevalencia de los factores de riesgo de rinitis alérgica en adolescentes de 13 y 14 años.

Para ello encuestaron a cinco mil 799 escolares de áreas urbanas (Pinar del Río, La Habana y Hol­guín) y rurales (Sancti Spíritus, Guantánamo). Du­rante esos doce meses se constató una prevalencia de rinitis en un 38 por ciento y rinoconjuntivitis en un 29 por ciento. Las alergias predominaron en el sexo femenino y se hicieron más notables cuando los adolescentes tenían antecedentes familiares, convivían con fumadores y sus viviendas poseían escasa ventilación.

El estudio aglutinó preguntas sociodemográficas y sanitarias como edad, sexo, color de la piel, munici­pio, síntomas de rinitis alguna vez o en los últimos do­ce meses, frecuencia y severidad, diagnóstico previo de la enfermedad, hacinamiento, ubicación de la resi­dencia y de la escuela en avenidas principales, tenen­cia de perro o gato, consumo de medicamentos y la forma de resolución de problemas familiares.

Las alergias pueden aparecer en cualquier momento de la vida pero son más frecuentes en niños y adolescentes. Foto: tomada de www.magnesol.pe

En los resultados no se observaron grandes di­ferencias entre territorios urbanos y rurales. El 46 por ciento (dos mil 717) declaró síntomas de rini­tis alguna vez en la vida, y el 38 por ciento (dos mil 279) refirió indicios de la alergia en el último año. Estornudos, secreción nasal blanca, picazón en la nariz, tupición sin catarro, lagrimeo o picazón en los ojos, fueron referidos por tres de cada diez ado­lescentes (mil 790) y por casi ocho de cada diez estudiantes que enunciaron manifestaciones del padecimiento en esos 12 meses.

Dicho estudio, catalogado como el más amplio so­bre prevalencia de rinitis, principales características y factores de riesgo en adolescentes, calificó como “al­to” los síntomas de rinitis en ese periodo de tiempo, lo que pudiera ser tendencia en los años y décadas siguientes debido, entre múltiples factores, a condi­ciones más favorables para el crecimiento de ácaros.

Sobre el estudio de pólenes se han efectuado análisis en varias localidades y provincias del país. En 2006 un equipo médico en Camagüey realizó un ensayo clínico con extracto alergénico de po­len de Cynodon dactylon en pacientes entre 18 y 60 años. Se demostró que, de las personas seleccio­nadas, los del rango 15 a 34 años poseían mayor sensibilidad a este aeroalérgeno. Por lo cual se vali­dó la prueba cutánea de prick para diagnosticar las alergias ocasionadas por el Cynodon dactylon.

Más reciente, en 2019, la Academia de Ciencias de Cuba premió el estudio Caracterización integral y sistemática de la aeromicobiota de La Habana (2010- 2017), que detectó una gran diversidad aerobioló­gica en el aire de capital cubana.

Las investigaciones poseen una utilidad directa en beneficio de la población y el sistema de salud, pues al conocer los tipos de especies alergógenas se podrán realizar diagnósticos más precisos, me­jorando la vida de miles de pacientes afectados du­rante los periodos de alta incidencia de alergias y otras enfermedades respiratorias.

En los muestreos se identificaron varias decenas de géneros fúngicos de patrón diurno, esporas del orden Uredinales y de la familia Xylariaceae. Además, se ratificaron estudios anteriores que constataban abundancia de Aspergillus y Penicillium, géneros esparcidores de esporas, cuyo impacto se relacio­nó con el asma bronquial y la rinitis en escolares de La Habana. El volumen de información recopi­lada por los investigadores facilitará la producción de extractos alergénicos y vacunas con el empleo de los cultivos puros de los hongos.

En cuanto a las alergias alimentarias, un tema muy común en menores de cinco años debido a la inmadurez del sistema inmunológico y digestivo, en 2018 la Revista Alergia México publicó un estu­dio donde convergieron varias instituciones médi­cas cubanas.

Bajo el título de Prevalencia, incidencia y factores asociados con reacción adversa a alimentos en infan­tes cubanos. Estudio de cohorte de base poblacio­nal, se analizaron los datos suministrados por los padres de mil 543 niños de la capital durante los primeros tres años de vida.

La investigación señaló a la leche de vaca co­mo el producto más involucrado en la reacción adversa a alimentos (RAA), siguiéndole el hue­vo, pescado, ahumados y cítricos. Se comprobó que era suficiente la ingestión de un solo alimen­to para provocar la RAA en un 70,8 por ciento. También recalcó que la nutrición de la madre du­rante el embarazo, la alergia a picaduras de in­sectos, el uso de antibióticos, la humedad en la vivienda o en las habitaciones y la presencia de roedores son otros factores asociados a la sensi­bilización y manifestación clínica a este tipo de alérgenos.

Estos conocimientos contribuirán a la formula­ción de futuras estrategias que no solo permitirán la disminución de las alergias alimentarias, sino también el desarrollo de otras enfermedades alér­gicas, entre ellas el asma.

Consultas y protocolos

El principal objetivo de las consultas de alergolo­gía radica en mejorar la calidad de vida, así como re­ducir la morbimortalidad de los pacientes. Para ello la cobertura a la población comienza desde la aten­ción primaria hasta instituciones más grandes y con mayor disponibilidad de recursos. Estas consultas se centran en aspectos preventivos como el trata­miento intercrisis, la consejería genética, el embara­zo, la lactancia materna y la niñez, entre otros.

“Sabemos que la alergia es una respuesta exage­rada del organismo al ponerse en contacto con fac­tores externos. No se heredan, pero sí se adquiere la predisposición atópica de inmunoglobulinas del tipo IgE. Existe una serie de manifestaciones clínicas que siguen un camino bien definido. Por eso, es muy ne­cesario determinar los factores desencadenantes y predisponentes, un examen físico completo y prue­bas de laboratorio cutáneas (con extractos estanda­rizados de ácaros, hongos y alimentos) para demos­trar el grado o nivel de sensibilización del paciente”, explica la alergóloga Lidia Valdés.

Muchas veces el diagnóstico resulta complejo debido a la variabilidad de síntomas y de alergias. Identificarlas con celeridad y exactitud requiere de un interrogatorio estricto sobre la salud del pacien­te. La variedad de preguntas fluctúa desde los ani­males y plantas existentes en casa hasta un listado de los últimos alimentos ingeridos. Es muy común que se eliminen comestibles o se alejen las masco­tas por un tiempo determinado para distinguir si los síntomas desaparecen.

os pacientes alérgicos se someten a las llama­das “pruebas de provocación” donde se suminis­tran dosis bajas, sospechosas de desencadenar la enfermedad. El test cutáneo trata de reproducir en las capas más superficiales de la piel la reacción presentada en otra parte del organismo. En el caso del asma bronquial se efectúa una prueba funcio­nal respiratoria y para la alergia alimentaria y me­dicamentosa; en ocasiones se procede a una prue­ba de provocación, bajo supervisión médica, con el propósito de observar la reacción de la ingesta.

Pruebas cutáneas para hipersensibilidad donde se muestran diversas respuesas a alergenos de animales y vegetaales. (Foto: tomada de clinicaasturias.com)

“En los infantes comienza la marcha alérgica con una dermatitis atópica, una alergia alimentaria y, finalmente, presenta una alergia respiratoria que se manifiesta primero como una rinitis y a con­tinuación como asma alérgica. Para determinar el padecimiento es importante el cuadro clínico, donde se destacan reacciones como tos, falta de aire, opresión torácica, síntomas oculares, nasales y lesiones en piel. También, se realiza el diagnós­tico de certeza mediante pruebas y análisis de laboratorio para cuantificar la inmunoglobulina E total y la específica frente a determinados alérge­nos inhalados, alimentarios, medicamentosos, pa­rasitarios u ocupacionales, exámenes deprimidos en nuestro medio; así como el estudio hemoquí­mico de los pacientes”, expone la Dra. Mirelys Ro­dríguez Mendoza, especialista en primer grado en alergología y máster en atención al niño.

Sintomatología

Resulta común asociar las alergias con estornu­dos, coriza e irritaciones en la piel durante un limi­tado periodo de tiempo, sin embargo, la realidad es más compleja y diversa. Para algunas personas los síntomas suelen ser constantes y en otras intermi­tentes (comienzan una crisis, se recuperan y luego recaen). En ambos episodios, varía la intensidad.

Para los especialistas, los síntomas que apare­cen en épocas concretas del año son más fáciles de identificar. Los pólenes, de manera general, se esparcen más en primavera, aunque según la plan­ta y la incidencia del clima este proceso puede per­durar varias estaciones o todo el año. La mayoría de estos alérgenos causan estornudos, moqueo nasal, picor en ojos y nariz y dolor de garganta.

Los animales domésticos y los ácaros de casa, presentes todo el año, provocan problemas respi­ratorios como resuello, sibilancias (ruido inspira­torio o espiratorio agudo) y sensación de ahogo (asma). También incluye congestión, estornudos, picazón y lagrimeo de ojos y enrojecimiento.

Las alergias en la piel suelen mostrarse me­diante inflamación, dermatitis atópica o dermati­tis de contacto y urticaria. Los del tipo alimentario también presentan urticarias (principalmente una erupción de granos de color rojo), dolor abdomi­nal, gases, vómitos y diarreas de leves a intensas.

De acuerdo con la alergóloga Mirelys Rodríguez Mendoza, la sintomatología de las reacciones alérgi­cas a los medicamentos son impredecibles y suelen reproducirse con pequeñas cantidades del fármaco involucrado: “Dentro de los causantes más frecuen­tes están los antibióticos betalactámicos como las pe­nicilinas y las cefalosporinas; los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como la aspirina, dipirona, ibupro­feno, piroxicam, indometacina, diclofenaco, espasmo­forte; los anestésicos locales y generales, las drogas antiepilépticas y las quimioterápicas. Los síntomas pueden variar desde el shock anafiláctico, broncoes­pasmo, prurito, urticaria hasta angioedemas”.

Vale destacar que los síntomas alérgicos pue­den mezclarse en lo que se conoce como anafilaxia. En ella puede aparecer irritación de la piel, mareos, problemas respiratorios, una disminución de la pre­sión arterial y el llamado “shock anafiláctico”, que llega a provocar la muerte. Una gran variedad de antígenos desencadena esta reacción alérgi­ca grave, rápida y potencialmente mor­tal en personas susceptibles, entre ellos, el veneno de abeja y avis­pa, picaduras de hor­migas, alimentos como mariscos, frutos secos y fármacos como la penicilina, insulina y antitoxinas.

Tratamientos

Los alergólogos se centran en tres perspectivas fundamentales para el tratamiento de las alergias: preventiva (control ambiental), sintomática (alivio de los síntomas) o etiológico (que va desde la eva­sión de alérgenos hasta inmunoterapia y vacunas).

No todas son factibles, por ello los especialis­tas las adaptan a las características de cada pa­ciente. En algunos casos las alergias desaparecen al desarrollar tolerancia al alérgeno; en otros, sue­len permanecer, aunque mejoran con las indicacio­nes recomendadas en las consultas. Si, pese a la medicación, los síntomas no se alivian, es posible que se recurra a las inyecciones. Las vacunas ha­cen que el sistema inmunitario sea menos sensible a los desencadenantes de esta enfermedad.

La Dra. Lidia Valdés manifiesta que una terapéutica completa y eficiente se basa en la multiplicidad de tra­tamientos: “existen medidas de control ambiental, há­bitos alimenticios, antihistamínicos (Ketotifeno, Lo­ratadina, Meclizina, Cetirizina), estabilizadores de membrana (Intal, Nedocromilo Sódico), antileucotrienos (Montelukast Sódi­co) e inmunoterapia (vacunas con extracto de Blomia Tropicalis, Dermatophagoides Pteron­yssinus, Dermatopha­goides Siboney)”.

“En Cuba se utilizan varios tipos de vacunas”, agrega la alergóloga Mirelys Rodríguez Mendoza. “Las de extractos de ácaros VALERGEN, del Centro Nacional de Biopreparados (BIOCEN), son de las más usadas porque combaten causantes frecuen­tes de enfermedades alérgicas como el asma bron­quial y rinitis alérgica, entre otras. También existe inmunoterapia con extractos bacterianos (gérme­nes respiratorios, intestinales, cutáneos). Hay que tener en cuenta que la inmunoterapia es el único tratamiento que puede modificar el curso natural de la enfermedad. Por esa razón es tan aplicada por los alergólogos y con respuesta eficaz en los pa­cientes alérgicos”.

Ácaros del polvo (Foto: tomada de mividasana.es

En 2012, investigadores del Hospital Universita­rio General Calixto García y del Departamento de Alérgenos del BIOCEN comprobaron que las va­cunas sublinguales VALERGEN (contra los ácaros domésticos) son seguras y bien toleradas en los pacientes alérgicos. Estas consisten en la admi­nistración de dosis progresivamente crecientes del alérgeno al cual el individuo está sensibilizado, con el objetivo de alcanzar tolerancia al mismo y dismi­nuir la sintomatología clínica.

Los resultados de dicho estudio descriptivo sen­taron las bases para la vigilancia activa del medi­camento. Los eventos adversos se reportaron en cuatro personas, dos por cada sexo, con una media de edad de 24,4 años que correspondieron al 3,08 por ciento del total de pacientes con inmunotera­pia sublingual (ITSL) asistentes a las consultas en el Hospital Universitario. La diferencia entre ambos grupos no fue estadísticamente significativa para la edad y el sexo.

Al finalizar la investigación se concluyó que las vacunas alergénicas VALERGEN, para uso sublin­gual, provocan esporádicos eventos adversos de tipo local leves, por lo cual se considera un procedi­miento seguro en los pacientes.

El tratamiento de los alérgicos lleva grandes do­sis de educación y conocimiento, tanto de ellos co­mo de sus familiares. El control del ambiente ho­gareño, el factor dietético y la medicación exacta pueden suavizar la severidad de esta enfermedad y mejorar la calidad de vida a una inmensidad de afectados: en Cuba, casi la mitad de los adolescen­tes y adultos jóvenes; y en el planeta, un tercio de su población

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