Alerta máxima contra las pseudociencias

Autor: 

Marcelo Knobel Rector de la UNICAMP
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17 Enero 2019
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Tomado de Folha de S.Paulo

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¿Cuál es el problema de usar la homeopatía contra el resfriado común? Parece inofensivo. Consultar el horóscopo antes de salir de casa, también. La situación es un poco más nebulosa, cuando se intenta tratar una enfermedad grave a base de preparados homeopáticos o cuando un trabajador pierde el empleo porque supuestamente su mapa astral es incompatible con el del jefe.
 
 Muchas veces envueltas en un aura afable de curiosidad inocua, pseudociencias -creencias que reivindican de modo ilegítimo el mismo grado de confiabilidad de las ciencias-, pueden perjudicar, de modo perverso, la vida de todos y también el planeta. El peligro se revela, por ejemplo, cuando las industrias o sectores específicos de la sociedad, por motivos religiosos, políticos o económicos, se articulan para sacar provecho del bajo conocimiento que la población tiene de cómo se hace la ciencia, y también del gran nivel de desinformación presente en el escenario virtual.
 
Con la creciente polarización social hay cada vez más políticos e influyentes que propagan ideas pseudocientíficas, o incluso anticientíficas, utilizando, para ello estrategias conocidas, que vienen siendo perfeccionadas a lo largo de los siglos, y que ahora ganan eficacia extra gracias a Internet y a las nuevas formas de interacción social.
 
 En su libro “El mundo asombrado por los demonios”, de 1995, Carl Sagan ofrece un “kit de detección de mentiras”, compuesto por ocho estrategias para analizar críticamente alegaciones que se pretenden científicas.
 
 Sagan, así como otros autores, sugiere que hay elementos comunes que aparecen en el discurso y en la posición de los propagadores de pseudociencias. Aquí, ofrecemos un cuarteto de indicadores:
 
1- Evidencia negativa: cuando los argumentos a favor de una idea se resumen, exclusivamente, a alegaciones sobre errores, reales o imaginarios, que existirían en las ideas de los demás. Aunque todos los demás estén equivocados, esto no significa que la opción ofrecida sea correcta. Ella puede incluso estar más equivocada que las demás.
 
2- Correlación y causa: señalar que porque una cosa varía de modo semejante a la otra, es causada por ella. Esto no siempre es cierto: existen innumerables ejemplos de fenómenos inconexos que varían de modo similar durante algún tiempo. Por ejemplo, de 1999 a 2009 el número de muertes por ahogamiento en piscinas, en Estados Unidos, siguió la misma tendencia que el número de películas protagonizadas por Nicholas Cage.

3- Ejemplos elegidos a dedo: presentar solo casos que parecen confirmar sus ideas. Ningún procedimiento, estrategia o tratamiento funciona en el 100 % de las veces. Cuando el asunto es ciencia, quien no toma las fallas en consideración o las esconde a la hora de presentar resultados, es incompetente o deshonesto.

4- Llamamiento a la antigüedad: alegar que una idea o procedimiento es adecuado porque se utiliza desde hace siglos. La historia está repleta de tonterías que sobrevivieron a la prueba de las generaciones: desde la teoría de que la Tierra es el centro del Universo, hasta el uso de sangrías para combatir enfermedades infecciosas.
 
Estas tácticas en general vienen acompañadas de lenguaje rebuscado, frases de efecto y una retórica que, directa o indirectamente, acusa a los críticos de ser parte de alguna gran conspiración. Hoy no es difícil identificar quién utiliza, de modo sistemático, tales herramientas.
 
Las consecuencias pueden ser graves. En Brasil, dinero público es desperdiciado en tratamientos de salud que se basan solo en falsas correlaciones, en la antigüedad y en ejemplos escogidos a dedo. La negación del calentamiento global y el creacionismo se basan en evidencia negativa. El movimiento antivacunas, movido a teorías de la conspiración, lleva al resurgimiento de enfermedades.
 
Como, a diferencia de la ciencia legítima, las pseudociencias no tienen compromiso con la realidad, ellas se moldean con facilidad a las preferencias del público y al espíritu de los tiempos. Esto las hace atractivas. Escapar de esa atracción puede no ser fácil, pero es cada vez más necesario, por el bien de nuestra sociedad.

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