Amanecer de cenizas

Autor: 

Daniel Solano Bacallao
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20 Septiembre 2014
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El 30 de junio de 1908, a las 7:15 a.m., una remota región de las proximidades del río Podkamennaya Tunguska, en la región siberiana de Evenkia, Rusia, fue devastada por un raro cataclismo. Viniendo del este-sudeste, una esfera en llamas “más brillante que el sol”, fue avistada atravesando el cielo. Fuertes truenos y una larga estela de 500 kilómetros acompañaron la caída. Un estallido descomunal puso fin al misterioso vuelo.

Los eventos, etnia de origen mongol dedicada al pastoreo de renos, miles de observadores de la zona de la factoría Vanavar, entre los ríos Yenisey y Lena, y el ferrocarril transiberiano, fueron los testigos directos del espectacular hecho, pero la onda expansiva alcanzó tal rango que le dio dos veces la vuelta a la Tierra. Barógrafos de San Petersburgo, Copenhague, Alemania y Washington, registraron el paso de la poderosa onda aérea.

Así se veía el bosque en 1927.

En un diámetro de 60 kilómetros, el bosque resultó arrasado; objetos metálicos quedaron fundidos; renos y otros animales, reducidos a cenizas. Gigantescas olas se levantaron en los ríos, y personas a centenares de kilómetros del sitio de la explosión fueron derribadas con violencia o sufrieron lesiones. El maquinista del tren transiberiano tomó la decisión de detener su marcha, temeroso de que las intensas vibraciones de vagones y rieles lo descarrilaran.

Luces en la taigá
Días antes del suceso se habían producido una serie de raros fenómenos astronómicos, según publicó la sensacionalista revista Sputnik en agosto de 1980. Nubes argentadas se desplazaron de este a oeste, y hubo un incremento inusitado en la caída de grandes meteoritos.

Desde el 21 de junio de aquel 1908, durante el crepúsculo, el firmamento resplandeció sobre países de Europa y Siberia occidental, aunque también es probable que tal efecto no haya estado relacionado con el objeto, sino que se tratara de “nubes nacaradas o noctilucentes”, bastante comunes en las altas latitudes.

Según testigos, cuando faltaban instantes para el estallido, se escucharon tres explosiones seguidas, muy intensas, y una especie de “cañoneo” que duró unos cinco minutos.

La mayoría de las fuentes sobre el fenómeno de Tunguska, negaron en un primer momento que la explosión causara muertes humanas. Luego se ha publicado que fueron dos los fallecidos de forma inmediata a causa de la explosión. También se ha dicho que un hombre, a poco más de treinta kilómetros del epicentro, fue lanzado unos 20 pies contra los árboles y que poco después falleció víctima de las lesiones sufridas.

A los pocos días del suceso, algunos nativos murieron a causa de una enfermedad. Se dijo entonces que habían sido afectados por radiación nuclear. Para más semejanza con los efectos de una bomba nuclear, se habló de la caída en el sitio de una extraña “lluvia negra”, tal y como en Hiroshima tras el bombardeo atómico.

Pero, los médicos de una expedición amateur concluyeron años después que una epidemia de viruela había sido la causante de los decesos. En Siberia occidental, Asia central, la parte europea de Rusia y en casi toda Europa, del 30 de junio al 4 de julio, el cielo nocturno estuvo tan claro que se podía leer y escribir sin luz auxiliar; las noches eran deslumbrantes y multicolores, matizadas con resplandores y nubes plateadas.

El cuerpo caído de los cielos debió haber dejado un cráter de medio kilómetro de profundidad, mas los exploradores lo buscaron inútilmente. No aparecieron fragmentos de una supuesta nave extraterrestre -versión popular que no recibió demasiado crédito por la comunidad científica-; apenas se hallaron porciones de partículas finísimas, que resultaron ser residuos de la sustancia meteórica pulverizada, fundida en la atmósfera y luego solidificada.

Se detectó también que, tras el estallido, la vegetación de la zona había acelerado su crecimiento y también la presencia de anomalías magnéticas.

El misterio continúa

Leonid Kulik (1883-1942), impulsor de la investigación en
Tunguska.

La inaccesibilidad del lugar y convulsiones políticas, impidieron investigar el hecho hasta 1921. Leonid Kulik, minerólogo, inició el estudio científico del fenómeno, para lo cual debía, en primera instancia, localizar el sitio exacto de la caída.

En 1927, Kulik encontró el epicentro del estallido, ubicado en la posición 60 grados y 55 minutos norte, y 101 grados 57 minutos este. La aerofotografía del lugar en 1938 ayudó a tener mejor exactitud en los cálculos y evidencia del área devastada.

La Academia de Ciencias de la Unión Soviética propuso en 1964 que el fenómeno de Tunguska había sido causado por un pequeño cometa o fragmento de este, tesis apoyada por el descubrimiento de compuestos raros como el iterbio, zinc, plomo, níquel y cobalto. El cuerpo habría entrado a la atmósfera con un ángulo de 30 grados, desde la dirección surestenoreste.

Su explosión, de unos 20 megatones, no fue instantánea sino progresiva y con interrupciones. Mientras estallaba, se desplazó unos 20 kilómetros. El diez por ciento de su energía la emitió en forma de luz. Originalmente pesaba más cien mil toneladas y medía alrededor de 60 metros.

Según los estudios, las mutaciones pudieron ser originadas por las radiaciones ionizantes duras, los factores químicos y campos electromagnéticos, todo ello presente durante el cataclismo.

En la década que transcurre de 1967 a 1977 se descubrieron gotas fundidas de silicatos y metales en capas de turba de 1908. También se detectaron sitios con altos contenidos de cobalto, níquel, lantánidos, plomo, plata y combinaciones de silicio, solo posibles de surgir en el cosmos.

Finalmente, en 1980 se anunció el descubrimiento de partículas de grafito y diamante de origen estelar en todas las zonas con restos del estallido, y de concentraciones de carbono 14, con lo cual se concluyó que el cuerpo tenía más de cinco millones de toneladas de peso. El estudio de la trayectoria del astro indicó que procedía de un punto próximo al sol, lo cual lo hace difícilmente visible, sobre todo si había perdido la sustancia volátil que desprenden su corona y su cola.

El día del suceso en Tunguska, la Tierra estaba próxima a la ruta del cometa Encke, del cual pudo desprenderse el fragmento que dio origen al estallido. No obstante estos argumentos, en los últimos años la hipótesis de que fue un cometa ha perdido fuerza.

Muchos especialistas opinan que un objeto compuesto de nieve porosa (como demostró ser el Halley mediante la investigación desde las naves espaciales), debía haber explotado a una altura mucho mayor y no a los seis u ocho kilómetros que señalaron los testigos presenciales. Así, el criterio de que fue un pequeño asteroide del tipo E, o del tipo contrita carbonácea, ha ganado partidarios.

Investigadores italianos han publicado recientemente que hallaron un lago en un hueco dejado por la explosión, a unos cinco kilómetros del lugar. En cualquier caso, todavía no se puede afirmar con absoluta certeza si fue un cometa o un asteroide. Sigue en pie este enigma que dura ya cien años.

 

(Publicado por J.T el, 28 Agosto, 2008)

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