Antonio Guerrero: Alas de libertad

Autor: 

Yanel Blanco Miranda
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16 Enero 2015
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La cita, fijada para la una de la tarde había logrado que todos en el Museo de Historia Natural, corrieran de un lado para otro. Algunos, más nerviosos que otros, se turnaban el puesto de vigías de la Plaza de Armas, lugar por donde llegaría Antonio.

Esta vez la sorpresa no sería tan grande como días atrás cuando los pilló desprevenidos en su primera visita al Museo. Ahora lo verían llegar y le recibirían como se merece el amigo, el compañero que regresa de una larga misión. Sin embargo, su puntualidad y la excitación que acompaña la espera, volvieron a jugarles en contra y sin apenas darse cuenta, ya lo tenían delante.

Primero fueron los saludos reglamentarios. Algo que todos esperaban con ansias, estrechar, después de muchos años, las manos del autor de tantas de las obras expuestas en sus salas de exhibición. Después, el honor de acompañarlo en su recorrido por el Museo.

La visita, guiada por una de las especialistas comprendió toda el área expositiva donde se encuentran muestras itinerantes y los animales traídos desde el antiguo museo, ubicado en el Capitolio.

La pregunta no se hizo esperar. ¿Qué opinión le merece el museo?, fue el pie que una de las periodistas invitadas a la velada lanzó a un Tony presto a dar sus impresiones.

“Me di cuenta de que era parte del colectivo y hoy que es día de la ciencia vine a ratificarlo. Estoy feliz de estar aquí y ver el trabajo que están haciendo.

“Estoy encantado, sobre todo por lo que significa para nuestro pueblo. Imagino la época en la que tuvieron que montar el museo en este lugar. Lo que costó traer esas piezas y el dolor por las que se rompieron. Pero pensamos que el museo seguirá adelante y será siempre del pueblo”.

Lea aquí el texto íntegro de la conservación de Tony con los trabajadores del Museo.

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