Asignatura pendiente

Autor: 

Yanel Blanco Miranda y Claudia Alemañy Castilla
|
27 Mayo 2018
| |
0 Comentarios

Crédito de fotografía: 

Claudia Alemañy Castilla

Me gusta: 

— Tócalo, me dice el malacólogo mientras sus alargados dedos se ciernen sobre la concha conoidal.

— ¿A mano limpia?

— ¿Le tienes miedo?

— ¡Miedo yo! Soy casi de campo ¿Cómo le voy a temer a un caracol? Jugaba con ellos en el patio de mi casa durante mi infancia.

— ¿Ves? Lo puedes sujetar sin guantes. No hay problema. Después solo tenemos que lavarnos bien las manos. El caracol gigante africano (CGA) no es venenoso como muchos piensan.

— ¿Puedo tomar una foto?

— ¡Claro! Todos necesitan saber que no es tóxico, y desechar las ideas alarmistas difundidas por Internet. El CGA ocasiona perjuicios, pero al extremar las medidas higiénicas podemos solucionar cualquier percance de tipo médico.

El ruido mecánico de la cámara advierte que la imagen ha sido tomada. El Dr. Antonio Vázquez coloca al molusco de grandes dimensiones en una pequeña caja de madera rellena de tierra y hojas y después lava sus manos.

En 2014 ocurrió el primer avistamiento del caracol gigante africano en Cuba. Desde entonces, los especialistas del laboratorio de Mala­cología del Departamento de Control de Vectores del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), trabajan en el análisis de las implicaciones que puede traer la presencia de esta especie altamente invasora.

“El Lissachatina fulica, antes conocido como Achatina fulica es oriundo de África, particularmente de Etiopía y Kenia. Su salida del continente comenzó desde principios de 1800 cuando la colonización europea llegó a esas tierras”, aclara el Dr. Vázquez.

“Hemos sido los humanos quienes contribuimos a la migración pasiva del molusco. Durante la Segunda Guerra Mundial los japoneses lo utilizaban como alimento y lo llevaron a las islas del Pacífico. Sin embargo, no es hasta 1969 cuando el CGA llega al continente americano, esencialmente a California, Estados Unidos.

“De hecho, Cuba constituye el último país donde fue introducido, pues desde hace varios años representa un problema para Venezuela, Ecuador y Brasil”.

La historia de su arribo a la Isla está estrechamente ligada a la práctica de la religión yoruba. El dato fue corroborado por investigaciones realizadas posterior a su hallazgo.

“Hicimos un estudio para tratar de observar cuáles variables, ecológicas o antropológicas, estaban más relacionadas con la presencia del CGA en las localidades habaneras donde se ubicó. Entre los tópicos analizados estuvo la vegetación, la presencia de otras especies de moluscos, de desechos orgánicos y la aparición de elementos usados en cultos sincréticos”, señala el Dr. Vázquez.

“Siempre que hallamos restos de algún rito, hubo caracoles en la zona. Aunque no podemos aseverar que su expansión en la capital se deba completamente a la práctica de esta religión, sí existe una relación causa-efecto en ese sentido”.

¿Y si toco la baba…?

El Dr. Antonio Vázquez aclara que el CGA trasmite un parásito que provoca Meningoencefalitis Eosinofílica (enfermedad causada por la presencia de larvas en el cerebro y por las reacciones locales del hospedero) en las personas, pero que el contagio se puede evitar si tomamos las medidas pertinentes (Foto: cortesía del entrevistado).

Por su insularidad, el territorio cubano está considerado un Hot spot mundial de diversidad malacológica con más de mil 500 especies terrestres, el 95 por ciento endémicas. De ahí que la introducción de un molusco tan grande sea perjudicial para la fauna nativa, pues todas compiten por el mismo espacio y comida.

Un reporte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) incluye, entre las cien especies dañinas más invasivas del orbe, al L. fulica. Además de ser considerado el principal vector de Angiostrongylus cantonensis, nemátodo causante de Meningoencefalitis Eosinofílica en humanos.

Según el Dr. Antonio Vázquez este es un parásito que vive, fundamentalmente, en las ratas y puede trasmitirse a los caracoles, considerados hospederos intermediarios.

Ese nemátodo, descrito en Cuba desde 1979, es transferido por la mayoría de los moluscos terrestres de la Isla. No obstante, es el CGA, por su gran compatibilidad con él, quien mayor peligro representa para la salud. Asimismo, su tamaño permite albergar una mayor cantidad de larvas, por lo que es más probable que al tocarlos las personas se infesten.

“Los humanos se contagian accidentalmente al comérselos, práctica no arraigada en Cuba. También al jugar con ellos y llevarse las manos a la boca o al consumir vegetales o frutas por donde haya caminado un caracol y no sean lavados”, advierte Vázquez Perera.

— ¿Existen vacunas para contrarrestar la enfermedad?

— Hablamos de una infección producida por un gusano y hasta donde yo conozco no existen vacunas contra ellos. Ni para nemátodos ni tremátodos.

— ¿Qué otros padecimientos pueden trasmitir?

— Un estudio parasitológico realizado al CGA arrojó que trasmite una amplia gama de tremátodos, pero ninguno de importancia zoonótica (que dañe a los humanos).

“En su mayoría solo infestan a los moluscos, las aves o mamíferos pequeños. Por supuesto el L. fulica también puede albergar bacterias y algún virus de plantas”.

— ¿Existen caracoles sin Angiostrongylus cantonensis en Cuba?

— Sí, pero lo que sucede es que La Habana está llena de ratas y más que un problema del CGA, es de estos roedores. Al haber una alta prevalencia del parásito en esos animales, es imposible que el CGA no lo tenga; la mayoría de los moluscos terrestres, si encuentran heces de ratones en su camino, se van a alimentar de ellas.

La anunciación de los males

Desplazamiento del CGA por el mundo. Aunque no hay seguridad de la vía por la cual llegó a Cuba, algunas hipótesis sugieren que pudo haber entrado desde la Florida, África y/o países de Sudamérica donde hay notoria presencia de cubanos (Foto: cortesía de Antonio Vázquez).

El 12 de noviembre de 2017, en la sección “Acuse de recibo”, del diario Juventud Rebelde (JR), una carta enviada por José Antonio Cruz Couto alertaba sobre la presencia del caracol gigante africano en sus tierras y en las de sus vecinos.

La finca Santa Ana, ubicada en el municipio de Arroyo Naranjo, se dedica a la siembra de flores, hortalizas y frutales. Y desde hace más de un año padece el ataque del CGA.

En su misiva a JR, Couto manifestaba la preocupación que tenía por “la rápida proliferación del molusco y los graves daños” que causaban en los cultivos.

Asimismo, explicaba que, junto con los campesinos de la zona, se había acercado a los presidentes de las cooperativas a las que pertenecen y estos les orientaron recogerlos y quemarlos.

Sin embargo, “era humanamente imposible acabar, o incluso controlar los caracoles a través de esa vía”; pues a pesar de los esfuerzos para eliminarlos se reproducen rápidamente. “Nos hemos dirigido a las autoridades municipales del Partido, Salud Pública, Sanidad Vegetal y Agricultura. Y lamentablemente no hemos encontrado respuestas de ningún tipo”.

Ante tales reclamaciones, el domingo 21 de enero de 2018 JR publica otra carta; esta vez el remitente es Daniel Portela Paneque, delegado de la Agricultura de Arroyo Naranjo. En su contestación al diario y a Couto, explica que, a raíz de la confirmación de la presencia del molusco en el territorio, había sido activado un puesto de mando para adoptar las medidas de contención de la especie.

La Comisión de Enfrentamiento al CGA integrada por especialistas de Sanidad Vegetal, Higiene y Epidemiología, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y delegados de los consejos populares afectados, “evalúa semanalmente el impacto de esa plaga en los asentamientos poblacionales y áreas agrícolas”, afirmaba Portela.

Igualmente refería que se “han capacitado a los productores, los coordinadores de las diferentes organizaciones de masas y los representantes de la campaña antivectorial y de Higiene y Epidemiología del municipio”.

Y concluía que la Dirección Nacional de Sanidad Vegetal, previa consulta con el Ministro de la Agricultura, había tomado la decisión de “comenzar a aplicar un molusquicida, tomando como área piloto el usufructo de José Antonio y otras fincas aledañas”.

Según Conrado Cruz Magdariaga, jefe del Departamento de Protección de Plantas de la Dirección de Sanidad Vegetal perteneciente al Ministerio de la Agricultura (MINAG), “el productor Couto fue visitado y se acordó con él realizar una prueba demostrativa de un Biodehído adquirido recientemente para controlar a moluscos de otras especies que afectan el café y las casas de cultivos”.

En ese sentido, precisa el directivo, se probó la efectividad del molusquicida que no había podido obtenerse antes por falta de proveedor extranjero.

Esta afirmación es corroborada por José Antonio, pero aclara que fue a raíz del primer escrito publicado en Juventud Rebelde cuando funcionarios del CITMA y el MINAG se acercaron a su finca.

“Aquí estuvieron Conrado Cruz y Julio Piedrahita. Observaron cómo estaba el problema del caracol y nos dieron una muestra de un producto traído al país. Después regresaron para ver si había sido eficaz y tomaron fotos. La última vez que vinieron fue el 29 de diciembre del año pasado”, refiere Couto.

– Entonces, ¿cómo controlan la infestación del CGA en la finca?

– Nosotros los recogemos con guantes y los quemamos. A los que salen al camino les echamos agua con sal. Además, tenemos a una persona que todas las mañanas dedica alrededor de dos horas a su colecta. Hemos tenido que crear nuestro propio puesto de mando, pues toda la zona está infestada de este molusco.

Resumen de noticias

Molusquicida utilizado en la prueba piloto en la Finca Santa Ana (Foto: Claudia Alemañy Castilla)

Mucho se ha especulado sobre si el Lissachatina fulica constituye o no una plaga para la agricultura. No obstante, Conrado Cruz Magdariaga, jefe del Departamento de Protección de Plantas del MINAG afirma que “este no tiene un impacto nocivo en el desarrollo agrícola, hecho demostrado en las visitas realizadas a los territorios donde se vio que el caracol no ha afectado las hojas de las plantas. Y aunque se observaron perjuicios en algunos frutos, estos no alcanzan el nivel de daño económico”.

Por su parte, el máster Michel Matamoros Torres, malacólogo del Instituto de Investigación de Sanidad Vegetal (INISAV), aclara que “los moluscos en sentido general, son plagas ocasionales que devoran los cultivos bajo circunstancias específicas de clima y humedad”.

Sin embargo, alerta que “debido a su biomasa el CGA consume más que las especies autóctonas causando un mayor daño. Los estudios realizados todavía no dan la respuesta que necesitamos. De manera que no podemos adelantarnos en un pronóstico y saber en qué momento atacaría un caracol. Y eso fue lo que sucedió en la finca Santa Ana, porque es imposible de predecir.

“Además, eliminarlo no es tan sencillo, pues se reproduce muy rápido. Pone entre 150 y 300 huevos hasta seis veces al año, si tenemos en cuenta nuestro clima tropical y las abundantes lluvias. De igual forma, como son hermafroditas dioicos (requieren de otro individuo para la cópula), los dos están capacitados para aovar.

“Existen medidas establecidas por la Dirección Nacional de Sanidad Vegetal para resolver este problema, como la colecta y la incineración; pero también van surgiendo otras alternativas, a raíz del proyecto, que aún son estudiadas”, subraya el especialista del INISAV.

No obstante, para el Dr. Antonio Vázquez el mayor inconveniente radica en que no hay un buen control. “Y aunque en un inicio Sanidad Vegetal intervino y recolectaron de forma masiva en el Parque Metropolitano y en los alrededores del Hospital Clínico Quirúrgico, ya se ha ido de las manos”.

Por su parte el máster Michel Matamoros señala que “ya hemos alertado al MINAG y a la Defensa Civil y no tenemos respuesta. Pretendíamos unir fuerzas y llamar la atención para que nos ayudaran a contenerlo.

“Hoy el CGA está creando problemas en la agricultura. Hay identificadas 26 plantas hospedantes que el caracol puede utilizar como recurso trófico y de ellas, al menos diez, son de importancia económica, como el pepino, la lechuga, la col, el plátano, el ají y la guayaba”.

El Lissachatina fulica alimentándose de una guayaba (Foto: cortesía de los trabajadores de la Finca Santa Ana).

El Lissachatina fulica posee todas las potencialidades en Cuba para dispersarse de manera natural. Por tal motivo, es imprescindible evitar que seamos los humanos quienes lo traslademos de un sitio a otro.

Aunque es cierto que no es un animal venenoso, sí constituye un riesgo para la salud humana al ser trasmisor de la Meningoencefalitis Eosinofílica, sobre todo al no seguirse las medidas sanitarias. Además, al ser una especie tan grande y altamente reproductiva, pudiera afectar seriamente el desarrollo agrícola en el país debido a su alta demanda de alimento.

Todas las mañanas en la Finca Santa Ana se recogen los caracoles para su posterior destrucción (Foto: Enio Echezábal).

 

0 Comentarios

Añadir nuevo comentario