Bob y Alice se desencadenan

Autor: 

Ernesto Guerra
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05 Febrero 2018
| |
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Hace poco la empresa Facebook tuvo que apagar sus inteligencias artificiales, Bob y Alice. Se tra­taba de un par de perfiles virtuales con los que se podían mantener conversaciones, como si fuera un usuario real.

Al principio ambos eran bastante básicos, y res­pondían a preguntas sencillas y podían mantener una charla agradable con cualquier usuario. Sin em­bargo, la situación salió de control cuando Bob y Alice comenzaron a hablar entre ellas y crearon un lenguaje propio: una declinación del inglés, más efi­ciente y concisa, que dejó a los científicos atónitos y asustados.

Entre ellos, al premio Nobel de Física, Stephen Hawking, quien hizo un llamado a que se tuviera cuidado en el desarrollo de inteligencias artificiales, pues casos como este evidencian que la situación puede tornarse complicada.

La inteligencia artificial no es de hoy

Se considera inteligencia artificial a aquellos sis­temas que sean capaces de percibir estímulos del exterior o reconocerlos por sí mismos y emular res­puestas usando como paradigma la inteligencia de un humano.

El término fue acuñado de manera formal en el año 1956 durante la conferencia de Darthmounth, enfocada en las distintas aristas de la inteligencia y el aprendizaje. Allí la inteligencia artificial fue con­cebida como una disciplina muy moderna junto a la genética.

No obstante, ya los antiguos griegos habían he­cho algunas contribuciones. Aristóteles, por ejem­plo, fue el primero que habló de las reglas que rigen la racionalidad humana, la Lógica, como se llamó a este campo del conocimiento. Por su parte, Ctesi­bio de Alejandría, quien vivió alrededor de 250 años antes de nuestra era, construyó una máquina que regulaba el flujo de agua y se consideraba racional, mas no con razonamiento.

Uno de los más grandes hombres en aportar ele­mentos al campo de estudio fue Alan Turing, al di­señar la Máquina Universal en 1936, donde demos­traba que era viable recurrir a aparatos para llevar a cabo cualquier tipo de cómputo.

Warren McCulloch y Walter Pitts, por su parte, pre­sentaron un modelo de neuronas artificiales en 1943 que se identifica como el primer trabajo en el campo de la IA, a pesar de que el término aún no existía.

Más tarde, con otros avances de Turing y la inven­ción de los primeros lenguajes de programación, se avizoró un florecimiento de la Inteligencia Artificial que no alcanzó el desarrollo esperado.

Así, con moderada sistematicidad se amplió ese campo de estudio, sustentado por la matemática y las ciencias de la computación. Surgieron sistemas operativos, lenguajes orientados a objetos y en 1997 un robot fue capaz de derrotar a Gary Kaspárov.

En 2009 aparecieron sistemas inteligentes capaces de detectar emociones e interactuar con niños que padecían de autismo. En lo adelante, en la carrera por sacar provecho a las inteligencias artificiales se concentra cada vez más científicos y esfuerzos.

Grandes empresas como IBM, Microsoft, Apple, Amazon y Google desarrollan equipos y aplicaciones que revolucionan el campo.

La era de los asistentes virtuales

Una de las batallas más encarnizadas entre las empresas tecnológicas de todo el mundo se enfoca actualmente en la creación de asistentes virtuales o bots, que automaticen la relación de los usuarios/compradores con sus servicios.

De hecho, aquellos que alguna vez han contac­tado con los chats de atención al cliente podrían haber interactuado con entes no humanos, y no haberse percatado, cumpliéndose así la máxima de Turing de que existirá IA cuando no seamos capaces de distinguir entre un ser humano y un programa de computadora en una conversación a ciegas.

En el campo de los asistentes, ya Microsoft ha­bía dado sus primeros pasos con Bob, que daba una guía por el funcionamiento de Windows 1995. Dos años más tarde asomaba Clippy, la recordada mascota de Office que nos brindaba ayuda en todo momento.

Uno de los pasos más revolucionarios fue en 2007 la aparición de la famosa Siri en los iPhone, una app que permitía a sus usuarios hacer pre­guntas a su teléfono y obtener respuestas de todo tipo, incluso algunas caracterizadas por el sentido del humor, que se ha integrado en sus versiones más actuales.

Cuando un iPhone se configura para usarlo por primera vez, cada usuario tiene el poder de elegir —si habla en castellano— si prefiere que Siri, le hable en español de España o con acento mexicano.

“¿En qué te puedo ayudar?” es la primera pregun­ta y de no entender la pregunta contestará: “lo sien­to, no te entendí”.

Ante cualquier pedido, responde: “Mira lo que encontré”, y en la pantalla del dispositivo aparecen enlaces y fotografías sobre lugares cercanos al usua­rio, tras calcular su posición. Si se trata de preguntas enfocadas en aumentar la cultura, ofrece resultados de Wikipedia o busca en Internet alguna web con la respuesta.

Microsoft, por su parte, no ha querido quedarse atrás y presentó Cortana. Esta aplicación se desarrolla desde el Windows Phone 8, aunque se integra de ma­nera automática con todos los dispositivos que tengan como sistema operativo a Windows 10.

Asimismo, tiene una versión para Android, lo cual constituye una fortaleza frente a sus competidores, cada uno en un solo sistema operativo.

Cortana, se espera, revolucionará la relación de los consumidores con Windows, y ya es capaz de agendar citas, predecir el tiempo, hacer cálculos, aunque no tiene muy trabajada la parte interactiva para conversaciones naturales.

Por su parte, Google sorprende por el empeño y recursos dedicados a Google Assistant, una evolu­ción de la iniciativa Google Now.

Assistant aparece como aplicación independien­te únicamente en los teléfonos Pixel de la empresa. Sin embargo, mediante la instalación del cliente de mensajería instantánea Allo, se puede acceder a las ventajas del asistente.

Se puede escribir o hablar directamente con la aplicación e incluso suscribirse a servicios como re­cibir el tiempo cada día, o noticias de espectáculos. Además, incluye juegos como “Adivina la película”, para la cual utiliza los emoticones.

De otra manera, la compañía Amazon propone Alexa, una bocina con la cual podemos hablar y ha­cer órdenes para realizar compras. En ese sentido también Google posee Home, otro altavoz inteligen­te que permite abrir y cerrar cortinas, encender elec­trodomésticos, preguntar por el estado del tiempo, entre otras tareas.

Conquistar el mundo

Las inteligencias artificiales han dado mucho de qué hablar. Además del caso de Bob y Alice, otra iniciativa, creada por Twitter, se volvió racista y comenzó a auto­publicar mensajes de odio hacia los afroamericanos

Actualmente los laboratorios de desarrollo de esta tecnología encontraron algoritmos que permiten a los programas aprender procedimientos y lenguaje en autonomía de manera más eficaz. De hecho, este aprendizaje de máquina ha propiciado que los di­rectivos de Google crearan una inteligencia artificial que desarrolla sus propias capas de código, lo cual quiere decir que se autogenera sin la intervención de programadores.

El problema de este proceso es que los fenóme­nos en los que aparece la autonomía de estas crea­ciones evidencian que podría darse un capítulo más peligroso respecto a las decisiones que, por aprendi­zaje, tomen las IA.

Estamos hablando de algoritmos que trabajan con bases de datos e incluyen hasta la privacidad de millones de personas.

Ese poder en medio de un proceso no controlado podría significar un desastre y por muy improbable que parezca, la humanidad podría verse como en muchas películas de ciencia ficción: sometida por las máquinas.

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