Un buen profesor universitario tiene que ser un científico

Autor: 

Ana Lidia García
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15 Enero 2019
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Alexander isla sáenz de Calahorra

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Más de 50 años vinculado a la enseñanza universitaria le llevan a plantear la relación indisoluble entre ciencia y docencia. Su dominio acerca de las condiciones actuales de investigación en los centros de altos estudios y los mecanismos de gestión científica en el país, le permiten afirmar la necesidad de transformaciones radicales.

¿Quién dijo que los científicos son hoscos y escuetos, si aquella conversación duró casi dos horas? Más que una entrevista, fue una conferencia magistral. Además de una voz grave, pero dulce, con la que hubiera triunfado en la radio, el doctor Luis Alberto Montero posee el don del magisterio. Y no solo porque más de cuatro décadas de su vida han transcurrido en la Universidad de La Habana (UH), sino porque le complace enseñar, lograr que su interlocutor comprenda.

Quizás por eso cuando hablábamos de moléculas, proteínas, retinosis pigmentaria o de temas como la producción del conocimiento científico, me preguntó varias veces si comprendía: “No te quedes con las dudas, pregúntame y yo te vuelvo a explicar”. Desde que accedió a la entrevista, intuí que tenía cierta sensibilidad hacia el Periodismo.

“Yo escribí en un periódico que se llamaba La Tarde, en una columna que tenía la Juventud Comunista. Me gusta mucho esa profesión, aunque solo la ejercí por unos meses”. Estas fueron sus primeras palabras cuando nos encontramos en el lobby de la Facultad de química de la UH, lugar al que se ha mantenido vinculado, incluso cuando sus responsabilidades como asesor del Ministerio de Educación, primero, y luego del Ministerio de Educación Superior en el periodo 1969-1982 le ocupaban gran parte del tiempo.

Tal vez ese agrado por el periodismo lo motiva a compartir su criterio sobre la relación que existe en nuestro país entre prensa y ciencia. “La producción científica cubana no tiene casi visibilidad en la sociedad. Desde que pertenezco al Consejo Científico de la UH y a la Academia de Ciencias participo en el proceso de premiaciones que se realiza cada año. Me corresponde evaluar investigaciones valiosísimas y apasionantes que son completamente des- conocidas más allá de las fronteras del premio. Al menos el 40 por ciento de esos trabajos podría ser objeto de un excelente artículo periodístico en los mejores órganos de prensa del país.

Durante su época de estudiante en Santiago de Cuba. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Hay resultados que emocionarían a muchas personas, que causarían impacto si se dieran a conocer y, sin embargo, permanecen en el anonimato. “Una de las causas de tal desconexión es la estructura interna de los medios de comunicación. En la mayoría, los periodistas están organizados por ministerios y como tendencia desatienden el desarrollo científico de estos.

Por ejemplo, quien atiende Educación Superior se mantiene atento a las noticias relacionadas con el sistema educativo. Pero, por lo regular, no le presta demasiada atención a la ciencia que se produce en sus instituciones y, sin embargo, este es uno de los organismos desde donde más conocimiento se genera. Puede decirse, sin dudas, que esa organización burocrática de la prensa  habría que reorientarla hacia una distribución del trabajo periodístico por temáticas y no por entidades”. El análisis de este fenómeno ha ayudado a Montero a entender otras de las causas de la desmotivación ciudadana con respecto a esta esfera del quehacer humano.

Tantos años vinculado al sistema educativo, le permiten dialogar acerca de la negativa repercusión que tiene para nuestro modelo de enseñanza-aprendizaje la escasa presencia de los resultados más relevantes de cada campo en los planes de estudios nacionales. El también miembro titular de la Academia de Ciencias de Cuba, piensa que se ha dado mucha más importancia a cómo se enseña que a lo que se enseña, al menos en el caso de las ciencias básicas. Demasiado “trabajo metodológico” y poca insistencia en el nivel y actualización de los contenidos.

 Estima que no se puede impartir bien lo que no se conoce bien y que los docentes en todas las enseñanzas deberían, ante todo, tener un dominio más amplio de sus materias. Tal ausencia -dice- provoca dificultades a la hora de transmitir las particularidades del método científico. “Plantearse con anterioridad lo que se va a investigar, experimentarlo, encontrarlo, demostrarlo y luego publicarlo de forma clara para que otras personas lo comprendan, son elementos casi ausentes en nuestra enseñanza básica. Y, sin embargo, constituyen aspectos que el ser humano debe conocer porque nadie puede plantearse una tarea de producción de saber si no cumple estos requisitos”.

La universidad moderna Como expresó en los inicios del siglo XIX Guillermo de Humboldt, considerado como el arquitecto de las ideas claves que sustentan a la Universidad Moderna, los centros de estudios superiores tienen que producir conocimiento científico. Humboldt, quien impulsó la reintroducción de la ciencia y de la investigación en el quehacer universitario, diseñó a petición del Emperador de Prusia el modelo que guió la fundación de la nueva Universidad de Berlín en 1810. Fiel a estos preceptos que revolucionaron las concepciones educativas de la época, Montero encuentra una relación indisoluble entre la docencia universitaria y la producción científica. En su opinión, un buen profesor universitario tiene que ser obligatoriamente un productor de conocimiento.

“Alguien que además de transmitir saberes, domine el procedimiento para obtenerlos”.

 Las Universidades y los centros científicos en el mundo se clasifican por su producción escrita, la cual está a su vez catalogada según la categoría de las publicaciones donde aparezca. Desde su experiencia, en las Universidades cubanas casi todos los profesores producen ciencia. En tal sentido, explica que en la UH -el mayor centro de formación de profesionales de Cuba- se realiza entre la tercera y la cuarta parte de toda la producción científica del país y dentro del total de publicaciones cubanas en revistas del más alto nivel, las suyas representan todos los años entre la quinta y la tercera porción.

La producción científica de este centro eclosionó en los años 80 del siglo pasado, como resultado de la formación doctoral de la gran promoción de científicos que patrocinó el Comandante en Jefe Fidel Castro durante la Reforma Universitaria, desarrollada en la década del 60.

Se comenzó a publicar en revistas de impacto y hubo un tope en las publicaciones a inicios del presente siglo. Sin embargo, aunque a pequeña escala, en los últimos años esta cifra tiende a decrecer.    

“El principal problema que enfrentamos en este momento es de carácter generacional, de status profesional, lo cual afecta también a toda la población cubana. Estamos viviendo un fenómeno de despoblación en el sector, debido a la situación económica que lleva a las personas a inclinarse por ofertas de trabajo más atractivas desde el punto de vista monetario, fenómeno más presente en los jóvenes.

Asimismo un elevado número de profesionales que han dedicado su vida a esta Casa de altos estudios ya se encuentra en edad de retiro, lo cual inevitablemente significa una pérdida. “Por otra parte, en nuestro país no existen las condiciones necesarias para hacer investigaciones del nivel que se requiere actualmente. La mayoría de los proyectos se realizan gracias a una intensa colaboración internacional. Pienso que el logro fundamental alcanzado por la Universidad de La Habana ha sido el de mantenerse como una institución científica de alto nivel, a pesar de todas las dificultades. Y esto sería imposible en un país subdesarrollado como Cuba sin la existencia de la Revolución”.

En la I plenaria Sociedad de química 1979 (Foto: Cortesía del entrevistado)
 

 Gestionar la ciencia

En una charla ofrecida recientemente en la Facultad de química de la UH, el profesor Peter Agre, premio Nobel de química 2003, comentó una anécdota personal. Resulta que luego de haber obtenido el Nobel apareció en una revista el anuncio de una crema facial de la marca Christian Dior, con la imagen de un rostro femenino refinado y perfecto. En la parte inferior del artículo se explicaba que el producto estaba basado en sus descubrimientos. Según contó Agre, su madre al leer aquello le dijo: “Peter, qué bueno, ya sirve para algo lo que tú haces”. Para el ciudadano, los resultados científicos realmente importantes son aquellos que él puede percibir, que pueden insertarse en su cotidianidad y resolver sus carencias más inmediatas. Bajo esta tensión transcurre la vida de quienes intentan ser útiles a la sociedad.  Más no basta con la voluntad de los profesionales para aplicar los descubrimientos y reconocerlos socialmente, si falta la de los directivos.

Al respecto, Montero advierte una gran contradicción: “por una parte, nuestros dirigentes piden al sector científico que investigue aquellas cosas que hacen falta y, sin embargo, solo nos dicen las direcciones generales de lo necesario como, por ejemplo, la producción de alimentos, sin especificar en algo más concreto.

Así ve un paciente de retinosis pigmentaria. En un artículo de Montero en coautoría con dos estudiantes de doctorado sobre las causas de la enfermedad, recomendaba que al niño con antecedentes familiares de la patología debía mantenerse en un ambiente con poca entrada de energía luminosa. (Foto: www.detusalud.com)

“Nos plantean que produzcamos `cosas´ útiles, según el concepto de útil que se ha construido en el imaginario popular y luego muy pocos se arriesgan a invertir en lo novedoso, ya que esto puede repercutir en el cumplimiento del plan de la empresa y por lo tanto afectar el prestigio personal y de la institución. “En la UH está ocurriendo un fenómeno alarmante, y es que carecemos de demandas específicas. Nuestros colegas se desgastan buscando soluciones a problemas y al llevar sus resultados por iniciativa personal a los organismos productivos, se tropiezan con el poco interés de muchos directivos temerosos de arriesgarse con lo desconocido, sin contar la inexistencia de un mecanismo administrativo que asimile la innovación.

Estamos, pues, ante una realidad dramática, que exige una reestructuración del sistema de gestión de la ciencia en nuestro país” Un ejemplo del divorcio que existe entre los centros pro- ductores de conocimiento y los organismos de la Administración Central del Estado fue evidente con el bioestimulante vegetal Biobrás 16, elaborado por la Facultad de química de la UH.

Este producto, desarrollado a principios de los años 90, en pleno periodo especial, llamó la atención de agricultores extranjeros. Durante esos años aportó, por concepto de exportaciones,  más de un millón de dólares y, sin embargo, debido a innumerables dificultades comenzó a implantarse en Cuba hace solo cuatro años. “Ante esta situación, podrían valorarse las experiencias que en la esfera poseen otros países donde la ciencia se gestiona desde organismos multilaterales que sufragan la creación científica en cualquier lugar del territorio, mediante la aplicación de financiamiento a proyectos que pueden incluir becas para garantizar mano de obra, en dependencia de su utilidad.

Con estos mecanismos se favorece tanto una Universidad, como un centro de investigaciones o una granja donde se produzcan saberes. “En el caso de Alemania, existen cuatro instituciones federales encargadas de gestionar la ciencia y grandes empresas como la Mercedes Benz y la Bayer AG (farmacéutico-química) tienen sus propios aparatos de investigación, porque reconocen la importancia de renovar constantemente sus producciones para mantenerse en el mercado. Por supuesto, yo no abogo por una competencia capitalista en Cuba, eso sería como retroceder en el tiempo, pero sí creo que debemos introducir elementos de competitividad. Tenemos que incentivar a las empresas a que se arriesguen con lo novedoso. Hay que dinamizar la gestión del conocimiento en el país.  “Contamos en la actualidad con el mejor documento producido en un Congreso del Partido con respecto a la ciencia y la tecnología: los Lineamientos. Se le pueden incluir muchas otras cuestiones, pero es un paso de avance. Sin embargo, hasta el momento no se aprecian acciones efectivas. Pienso que la única forma de hacerlo realizable es mediante una reestructuración completa de la gestión de la ciencia y la tecnología en Cuba para hacerla horizontal, a diferencia de la actual donde se concibe como una actividad de un solo ministerio”.

Con los pies en la tierra

“A todos los científicos, incluso a los que hacemos una ciencia más básica, nos interesa que sea útil y apreciada”, afirma el profesor Montero, para quien explicar sus últimas investigaciones es un acto sencillo, aun cuando el hacerse comprender implica practicar un ejercicio de traducción de términos y conceptos que algunos en su posición considerarían una disminución del rigor académico.  “Hace un tiempo publiqué un artículo junto con dos estudiantes de doctorado en el que se explicaba una de las causas de la retinosis pigmentaria.

Calculamos cómo cambia el patrón de absorción de luz de una molécula retinal, que es un derivado de la vitamina A. Dicha molécula se encuentra rodeada por una cápsula proteica que está mutada en una buena parte de las personas que padecen la enfermedad por causas hereditarias. Demostramos que tales mutaciones cambian el patrón de absorción de luz del retinal y hacen que entre más o menos luz de la necesaria en el ojo. Luego concluimos que la retinosis pigmentaria puede ser ocasionada por un estrés acumulativo de exceso o déficit de energía en la cavidad ocular”.

Según Montero, en condiciones normales, cuando entra mucha energía se usa la necesaria y el resto se desecha sin ningún efecto negativo. Pero en los casos en que existen mutaciones, la energía que sobra se emplea en especies reactivas dentro de la retina que conducen a su destrucción. Una de las conclusiones que aporta el artículo es que al niño que nazca con antecedentes de este tipo en su familia, hay que mantenerlo en un ambiente donde no reciba grandes cantidades de energía luminosa y así demorar el proceso de destrucción de su retina.   

Dresden, Alemania, en el año 2011. Junto a su tutor de doctorado (que discutió en 1980), profesor Jürgen Fabian. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Este es uno de los estudios que re- cuerda con más cariño; sin embargo, de las investigaciones que ha realizado a lo largo de su prolífica carrera científica, siente gran motivación por la que desarrolla actualmente. El área de las celdas fotovoltaicas mantiene en activo a quien con una sonrisa se reconoce como “un químico de los que no se ensucian las manos”.  “Ahora estamos ensayando un método para poder predecir cómo de- terminados materiales van a servir o no para hacer celdas fotovoltaicas. Sobre la base del método cuántico calculado y con las características del material a utilizar podemos adelantar cuán útil será. Con esto les ahorramos trabajo a los ingenieros, porque ya no tendrán que probar la utilidad de to- dos los materiales sino la de aquellos que les recomendemos. Constituye un campo muy prometedor y los países desarrollados invierten mucho hoy día en sus investigaciones”.

En un congreso de químicos teóricos en Venezuela en el año 2005. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Ensayos como estos mantienen muy ocupado al grupo de científicos que, liderado por Luis Alberto Montero, trabaja en el Laboratorio de química Computacional y Teórica, donde la química se hace a partir de modelos y no de aplicaciones experimentales, o mejor, donde los experimentos son computacionales. A través de la Física cuántica y las técnicas de cómputo sobre los conocimientos químicos, se representa el comportamiento de una molécula en una computadora a partir de un modelo confiable de ella.

“Nosotros calculamos teóricamente y luego le decimos al químico experimental lo que puede estar sucediendo, él lo comprueba y dice la última palabra”. Como presidente del Consejo Científico de la UH, Montero cree que en el aspecto temático las investigaciones de las ciencias básicas de este centro gozan de muy buena salud. “La química se mueve sobre todo alrededor de la industria farmacéutica. Mientras los físicos están fundamentalmente produciendo conocimiento en el campo de la nanotecnología, que tiene mucho futuro en el mundo, y en el cual también incursionan los químicos y los matemáticos. “Sin embargo, considero que sería importante abundar en el estudio de la zeolita, de la química biológica y de la relacionada con la industria petrolera. Los químicos, junto a los físicos, deberían desarrollar sistemas fotovoltaicos para el aprovechamiento de la energía solar. 

Esta es mi opinión, pero habría que ver si eso se corresponde con las necesidades industriales de nuestro país”. Atento a aquello que realmente hoy es útil a la sociedad, Luis Alberto Montero continúa en su pequeña oficina, rodea- do de computadoras y haciendo “más veces de ingeniero que de químico”. Y, sin hacer caso a la edad del retiro, o a cualquier otro asunto que lo aleje de su afición, se nutre de esa energía que emite la producción científica diaria para “mientras que la salud lo permita” seguir echando raíces en la Universidad.    

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