Caminos para una desescalada. parte I Europa más línea de tiempo

Autor: 

Emilio L Herrera Villa
|
27 Julio 2020
| |
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Tomada de EFE

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La fase más aguda de la pandemia pareció larguísima, incluso eterna, cuando apenas duró semanas. El miedo se retuvo en millones de pupilas. La ansiedad se apoderó de los hogares. La muerte acaparó titulares como nuevo dómine de cifras y partes sanitarios. Fue una realidad distópica, desoladora en sí misma. Un mundo donde la humanidad aprendió que su supervivencia dependía del confinamiento y la cuarentena, dos palabras hasta entonces irrelevantes.

Bajo críticas, laureles y tropiezos, cada nación comenzó a andar su propio camino. Las más implicadas lograron torcer la curva y con ella disminuir el número de casos y decesos diarios. Superado este paso, iniciaron la reactivación de la economía y la vida social en las comunidades afectadas.

No existe fórmula unificadora. Cada país establece reglas y calendarios de reapertura de acuerdo a su contexto, intereses y, en el peor de los casos, presiones de los círculos políticos y financieros que los rigen y apresuran. Por ello no es de extrañar, que la mayoría de los modelos actuales sufran cambios, frenen y aceleren en el barro para luego minimizar contagios y fallecimientos.

Según recomendó la Organización Mundial de la Salud (OMS) para suavizar el confinamiento y avanzar a la desescalada se requiere una transmisión con casos esporádicos y contagios controlados. Un sistema de salud con capacidad para detectar y atender positivos. Medidas sanitarias preventivas en centros laborales, control y cuarentena de personas procedentes de otras zonas de propagación y una sociedad comprometida con la “nueva normalidad”, entre otras precauciones.

A día de hoy muy pocos países cumplen todas estas disposiciones. Los que aún no están listos desean estarlo a cualquier precio con tal de recuperarse lo antes posible de los impactos de la COVID-19. En este sentido, Hans Henri P. Kluge, director regional para Europa de la OMS, pidió a las naciones del viejo continente que dicha transición se guíe por los principios de salud pública, pues una segunda oleada del brote pudiera ser “extremadamente destructiva”.

Realidades en la Unión Europea

En diversos momentos de estos últimos meses, veintiún países de Europa iniciaron un proceso de desescalada que podría alargarse hasta julio o agosto, de ser necesario. A principios de junio se habían infestado más de 2,2 millones de europeos y unos 181 mil habían fallecido por la COVID-19.

A pesar que los contagios semanales se redujeron desde abril, Kluge advirtió que la situación del continente “sigue siendo grave” y el riesgo “muy alto”. Italia fue uno de los territorios más azotados por la pandemia y el primero en declarar el estado de alarma por la crisis sanitaria el 9 de marzo.

 
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Así se ha comportado la pandemia en países europeos. Tomado de Covid19 Cubadata

Las imágenes del colapso de sus instituciones de salud, desbordadas por miles de casos y decesos, recorrieron el mundo, causando gran angustia en todos los rincones del planeta. Su confinamiento, que ni siquiera permitía a los ciudadanos alejarse 200 metros de su domicilio, fue un poco más que inexorable. Aun así, no pudieron impedir que 328 mil personas contrajeran el virus y 34 mil fallecieran desde el primer caso detectado el pasado 21 de febrero.

Desde mediados de mayo el país transalpino permitió las visitas a familiares dentro de la misma región. Reinició parte de su actividad industrial y anunció para el primero de junio la reapertura de bares, restaurantes y peluquerías. Para la tercera semana de junio se alcanzó una media de 300 positivos durante varias jornadas consecutivas. Este “relajamiento” produjo a lo largo y ancho de la nación un ambiente festivo que impresionó a las autoridades.

Las ganas de celebración, retenidas durante tres meses, provocaron aglomeraciones en barrios de la capital (Roma) como Trastevere, Monti o Ponte Milvio. Lo mismo ocurrió en Nápoles, Bari y Pescara, con miles de jóvenes celebrando hasta la madrugada. Debido a la misma situación, el alcalde de Perugia ordenó el cierre de todos los bares por unos días, luego de producirse hasta una pelea en la plaza Danti.

 
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Foto: tomada de EFE

Sobre la situación, el viceministro de Interior, Matteo Mauri, expresó en el canal SkyTg24 su preocupación, pues muchos no respetaban medidas de seguridad como el metro de distancia entre personas o el uso de la mascarilla. “Algunos, en particular los jóvenes, no parecen muy sensibles ante estas indicaciones. Por eso les pedimos gran cautela (…) El país aún está en una fase muy peligrosa”, indicó.

En Francia, donde no todas las regiones comenzaron la desescalada al mismo tiempo, se produjo un repunte de 483 fallecimientos nada más levantar algunas restricciones. Además, el Sena se mostró abarrotado de personas que incumplían la distancia y las normas de seguridad. Para el 22 de junio, el territorio galo totalizaba 29 mil 663 muertos y 160 mil 750 positivos confirmados desde el inicio de la epidemia.

La estrategia francesa, cuyo eslogan es “proteger, testar y aislar”, realiza desde mayo unos 700 mil test PCR semanales. El país se dividió y clasificó de acuerdo a la situación epidemiológica de cada región. En las zonas verdes, las restricciones serían menos estrictas y en las rojas (que incluye París) las medidas de contención se reforzarían.

En las zonas verdes, donde ocurren cientos de contagios y muertes cada semana, se vive una versión de La Vie en Rose. Colegios y guarderías reabrieron desde el 18 de mayo con un límite de 15 estudiantes por salón, decisión acompañada de gran polémica y que se rectificó en algunos lugares, pues en 70 escuelas de primaria surgieron casos del nuevo coronavirus. A los alumnos de secundaria se les exigió el uso obligatorio de mascarillas.

Los franceses ya pueden desplazarse más de cien kilómetros de su domicilio. El trasporte público restableció su servicio con la exigencia del uso obligatorio de mascarillas dentro de los vehículos. Reabrieron comercios y fábricas aunque continuará estimulándose el trabajo desde casa. También se otorgó el visto bueno a restaurantes y bares: en zonas verdes se respetará la distancia mínima de un metro entre mesas y en las rojas solo abrirán las terrazas al aire libre.

Pese a que la gestión de Macron no cuenta con todo el apoyo del senado, se han cumplido las estrategias organizadas por del gobierno. Pareciera que, para la planificación de esta potencia mundial, las cifras de muertes y contagios encajan con rangos preestablecidos. A criterio del primer ministro francés Édouard Philippe, la evolución de la pandemia y sus resultados “son buenos desde el punto de vista sanitario”.

Eso mismo dijeron en Suecia, una nación que, desde el comienzo de la crisis, no impuso el confinamiento. Ni siquiera aplicaron restricciones. El gobierno sueco se ciñó a hacer recomendaciones a la población. Medidas al estilo: mantenga la distancia social, lávese las manos, use mascarillas. Todo lo demás se dejó a la responsabilidad ciudadana, así que no se cerraron las escuelas, ni prohibieron la práctica de deporte, ni los paseos en lugares públicos. Incluso, la OMS reconoció, en su momento, la gestión de los suecos.

En Suecia no hubo desescalada, ya que nunca se anunció la escalada del brote. Más allá de todo el marketing que se produjo, las cifras no son tan positivas. Hasta este 23 de julio existían 78 mil 504 casos y 5 mil 667 fallecimientos, según notifica el conteo de la Universidad Johns Hopkins.

La estrategia sueca al desechar estrictas medidas de cuarentena propició una gran cantidad de muertes evitables. En cambio, otras naciones nórdicas como Dinamarca y sus vecinos Noruega y Finlandia, quienes sí decretaron cuarentenas, registraron hasta la misma fecha 611, 255 y 328 muertes en ese orden.

 
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El epidemiólogo sueco AndersTegnell, encargado de la estrategia sanitaria de esta nación nórdica, reconoció que la inexistencia de una cuarentena costómuchas muertes evitables. (Foto: tomada de https://static3.hoy.es/www/multimedia/202004/24/media/cortadas/anderstegnell-efe-kn6E-U1001052703907CdG-624x385@RC.jpg)

Como paso fundamental para iniciar la desescalada la OMS recomienda un seguimiento del número de reproducción (RO). Este revela cuantas personas son contagiadas a partir de un caso confirmado. Si es mayor a 1, la epidemia se incrementa, si es menor de 1, el brote decrece. Para validar ese control, la OMS indica que el número de reproducción tiene que mantenerse menor que 1 al menos por 14 días consecutivos.

En Alemania el RO es un índice cardinal para establecer o reorganizar las estrategias del Estado Federal. “Tenemos varios modelos. Hablamos de factor 1 cuando una persona contagia a una persona. Si cada persona infecta a 1,1 en octubre alcanzaríamos el tope de capacidad de nuestro sistema sanitario. Si llegamos a 1,2, es decir, cada una infecta a un 20% más, sería en julio, y si fuera 1,3, en junio. Así de pequeño es el margen con el que trabajamos (…) Tenemos que vivir con esto hasta que haya medicamento o vacuna”, explicó a su nación la canciller Angela Merkel quien, además, posee un doctorado en física química.

Para finales de abril en suelo germano existían 40 mil camas con respirador, 15 mil más que en marzo, siendo este el ratio de camas de cuidados intensivos más alto del continente. Aun así, y con enormes recursos económicos, no han podido evitar más de 180 mil contagios y 8 mil decesos.

La desescalada alemana se encuentra en manos de los 16 estados federados (Länder). La canciller tomaría el control si apareciera un rebrote importante en el país. Entre las medidas estipuladas para esta nueva etapa se hallan la reapertura de comercios y escuelas para niños pequeños y otras enseñanzas con exámenes pendientes. El distanciamiento social es obligatorio y las multas por no llevar mascarillas oscilan entre 25 y duez mil euros para los infractores. Desde el 16 de mayo retornó la Bundesliga de fútbol a puertas cerradas. La apertura de cines, teatros, gimnasios, museos y otros eventos públicos aún tardarán.

“Las cifras de momento son buenas. Pero cuando la gente en muchas partes empieza otra vez a tener contactos más próximos eso puede bastar para que haya de nuevo un fuerte ascenso de los casos de contagios”, advirtió el director del Instituto de Estudios Sanitarios de la Universidad de Marburgo, Max Geraeds, a la revista Der Spiegel.

Pese a todas las precauciones, el 21 de junio hubo mil positivos en una empresa cárnica en la ciudad de Rheda-Wiedenbrück, que provocaron el cierre de la localidad y otro centenar de casos en Gotinga. Lo que hizo recordar “el frágil éxito provisional” que en varias alocuciones ha reiterado Merkel.

En cambio, Reino Unido subestimó la pandemia desde el principio. Tanto que hasta el propio primer ministro, Boris Johnson, se contagió del SARS-CoV-2. Cuando casi toda Europa continental mantenía la cuarentena, las principales urbes británicas bullían en plena actividad. Incluso, ni siquiera se prohibió que las personas salieran a correr o hacer ejercicios en los parques.

 
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Foto: tomada de El Periódico

Con el propósito de revitalizar la economía, tan paralizada como la del resto del mundo, Johnson anunció ante el Parlamento que suavizaría algunas de las medidas decretadas para evitar la propagación de la COVID-19, a pesar que el Reino Unido contabilizaba para la fecha (10 de mayo) 32 mil decesos, récord de víctimas en el continente.

De un día para otro se cambió el eslogan “quedarse en casa” por “estar alerta”. Las críticas y las burlas de la oposición no se hicieron esperar, e inmediatamente los gobiernos de Escocia, Gales e Irlanda del Norte transmitieron su descontento. La desescalada del primer ministro conservador describía un sistema de evaluación del riesgo conformado por cinco niveles: nivel 1 (verde) que simboliza “seguro”, nivel 2 (amarillo) “alerta inicial”, nivel 3 (ámbar) donde “se debe estar en guardia, pero es seguro levantar algunas restricciones del confinamiento”, nivel 4 (naranja) significa que “el NHS (Servicio Nacional de Salud) está bajo presión” y el nivel 5 (rojo) “NHS desbordado”.

En las siguientes dos semanas y medias las muertes aumentaron casi en ocho mil. A pesar de las advertencias de los asesores epidemiólogos, reiniciaron las clases en las escuelas primarias.

“Debemos vigilar con sumo cuidado. Y si hay cualquier aumento en el número de casos, si dejamos de progresar como señalé, tendremos que volver a tomar más medidas y atacar el virus donde aparezca. Estamos progresando. Obviamente, es un momento delicado, pero no podemos quedarnos confinados para siempre. Tenemos que hacer la transición. Y cuanto más hagamos la transición con medidas prudentes, mayor confianza generaremos en el planteamiento que hemos adoptado”, decía el ministro de Exteriores británico, Dominic Raab, el 31 de mayo. Fue el mismo día que los infantes volvían a las escuelas.

Política y pandemia en España

España soportó una de las cuarentenas más duras de la Unión Europea, lo que a su vez propició una desescalada progresiva que suscitó cierta ola de críticas y ataques en todas las esferas y niveles del gobierno.

Luego de 50 días de confinamiento, el 4 de mayo todos los territorios, a excepción de unos pocos que pasaron directo a la Fase 1, comenzaron la Fase 0. El avance hasta esta “nueva normalidad” estuvo precedido por un brote que causó más muertes en Madrid y Catalunya que en toda Lombardía, región italiana más afectada, y Hubei, el epicentro de la pandemia en China. En este punto, de acuerdo a la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), uno de cada tres pacientes hospitalizados por el nuevo coronavirus desarrolló dificultad respiratoria y uno de cada cinco falleció. Tan solo en residencias de ancianos o personas dependientes se contabilizaron 17 mil decesos.

Después del 11 de mayo, cuando gran parte de las comunidades autónomas pasaron a la Fase 1, se registraron 34 rebrotes. Nueve de ellos se mantenían “activos y controlados” a finales de junio.

A criterio de Salvador Illa, ministro de Sanidad, se consolida “de forma segura los pasos que vamos dando. El levantamiento de las restricciones en las distintas fases de desescalada no ha tenido, por ahora, un impacto negativo en la evolución. Vamos por buen camino, pero debemos conservar la prudencia porque no debemos dar ningún paso atrás”, aseveró.

Para propiciar una desescalada satisfactoria el gobierno aumentó el número de test PCR, repartió 3,3 millones de mascarillas, incluso la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, anunció la construcción de un nuevo hospital (permanente) para epidemias que concluirá en otoño del presente año.

 
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Foto: tomada de Marca

Sin embargo, esta crisis se utilizó como excusa para desatar una guerra política entre todos los partidos y partidarios vinculados al poder. Como no todos los territorios abrieron por igual, algunos consejos de gobierno de las comunidades autónomas creyeron verse desfavorecidos y arremetieron contra el plan de desescalada del gobierno. Esto pudiera crear trabas para otras medidas que el gabinete presidencial quiera efectuar en el futuro y no pueda conseguirlo, pues no encuentra el apoyo necesario para implementarlo.

Ante semejante situación Salvador Illa llamó a la “unidad” de las administraciones y los partidos políticos que afectan la correcta evolución sanitaria de la nación. Además, recordó que el plan “es dinámico y flexible” de acuerdo a las realidades epidemiológica de cada región.

Para politizar más el ambiente los partidos de la oposición como el Partido Popular (PP), Vox y Ciudadanos emprendieron una campaña pública en los medios de comunicación donde se acusaba al presidente Pedro Sánchez, en complicidad con Salvador Illa, de ocultar la cifras reales de fallecidos por el virus, luego que el Ministerio de Sanidad modificara el sistema de recopilación de datos, lo cual provocó una disminución de casi dos mil difuntos respecto al antiguo conteo nacional.

A su vez, el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, ante la comisión de reconstrucción social y económica en el Congreso embistió contra el PP al decir que “todo el mundo tiene claro que los 7 mil millones de euros de recorte en la sanidad pública, las privatizaciones y la precarización que ustedes perpetraron fueron decisiones equivocadas (…) Reconocer esa evidencia sería un ejercicio de enorme dignidad que a mucha gente incluido sus votantes les gustaría escuchar. La principal lección de esta emergencia es que debemos reconstruir la sanidad pública”.

Mientras se avivaban los debates de esta pequeña “guerra civil de trapos sucios”, España poseía 237 mil pacientes diagnosticados y más de 27 mil fallecimientos.

 

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