Caña santa pa’ la garganta… ¿pero cuánta?

Autor: 

Bárbara Maseda
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16 Junio 2014
| |
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Bárbara Maseda.

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A nadie se le ocurre terminarse un frasco de salbutamol en dos días o tomar más ibuprofeno de la cuenta porque “más es mejor”. Pero cuando se trata de un jarabe de orégano o de aloe las precauciones se relajan, en muchos casos porque se piensa (incorrectamente) que “natural” es sinónimo de “inofensivo”.

Nada más alejado de la verdad, según demuestra un estudio realizado por tres farmacólogas cubanas, publicado en formato digital por la Editorial de Ciencias Médicas bajo el título “Seguridad del consumo de fitofármacos. Experiencia en farmacovigilancia”.

 “Uno de los valores de este libro”, dijo el Dr. Rojas Ochoa en la presentación que tuvo lugar en la Biblioteca Nacional de Salud, “es que documenta los efectos adversos que han tenido en Cuba estos medicamentos a lo largo de varios años (2003-2010). Es cierto que la mayoría de las reacciones de que da cuenta son leves, pero incluso esas deben evitarse. Por leve que sea una erupción sigue siendo molesta para el paciente.”

Según las autoras (Dra. C. Ana Julia García Milian, Dra. Ana Karelia Ruiz Salvador y la Dra. Liuba Alonso Carbonell), se necesita un cambio de mentalidad con respecto al modo de registrar el consumo de estos productos en la historia clínica y su consideración como posibles causantes de efectos adversos, dado que el consumo de plantas medicinales en el país continúa incrementándose.

Las investigadoras trabajaron con los reportes presentados ante la Unidad Coordinadora Nacional de Farmacovigilancia (UCNF), un organismo que recibe un promedio de 8.000 sospechas de reacciones adversas a medicamentos (RAM) cada año.

Esos informes son elaborados fundamentalmente por médicos y otros profesionales de la salud (farmacéuticos, enfermeros, etc.). En el país no existe un sistema para que la población notifique de forma directa sospechas de RAM. Este elemento –hicieron notar las autoras— determina que no se registren todos los casos de reacciones adversas que se producen verdaderamente. Si un paciente no regresa a consulta cuando se presenta el problema, o si asiste y el

médico no lo reporta, el episodio queda sin incluirse en las estadísticas. Se estima que en realidad solo se registra el 15% de las reacciones que se producen.

Del total de reportes recibidos por la UCNF en el período que cubre el estudio, 908 correspondieron a productos de la popularmente conocida como “medicina verde” (fitofármacos).

De esas reacciones, casi la cuarta parte (177) pudieron haberse evitado, cifra que fue catalogada como alarmante por las investigadoras, sobre todo en los grupos de edades más vulnerables: niños menores de un año (todas) y pacientes mayores de 60 años (23,6% evitables).

Precaución “al ajillo”

El estudio detectó que el ajo resultó la principal fuente de las quejas, seguido por la naranja agria y el eucalipto. Este producto natural también encabezó el ranking de las reacciones evitables, seguido en esa categoría por el aloe vera y la menta. Entre sus principales efectos negativos se encontraron la hipotensión, dolor abdominal y epigástrico y hematuria (presencia de sangre en la orina).

El texto explica que el uso externo del ajo puede “provocar necrosis de la piel y actividad alergénica. Esto último, también se ha comprobado con la administración interna del extracto acuoso por vía oral, en ratas y humanos sensibles. El bulbo por vía oral puede provocar irritación de las vías urinarias en personas que presentan sensibilidad específica. No se dispone de información que documente la seguridad de su uso medicinal en niños, durante el embarazo o la lactancia.”

También puede interactuar negativamente con otras sustancias. El libro cita los ejemplos de la potenciación del efecto anticoagulante de la warfarina y  reacciones adversas gastrointestinales cuando se consume con el saquinavir, un medicamento antirretroviral.

Pero no fue el ajo, sino el anís estrellado, el producto causante de la única reacción grave detectada en la década estudiada. Sucedió en 2007, cuando por una prescripción errónea, se le suministró este medicamento de producción institucional a un bebé de dos meses de nacido para cólicos abdominales, lo cual le hizo entrar a estado de coma. Según las autoras, la literatura informa que el anís estrellado (Illicium verum) puede provocar delirio, edema cerebral y convulsiones.

“Estos hallazgos constituyen una alerta para la población que consume productos naturales por autoprescripción, para el profesional de la salud en el momento del acto de la prescripción y para el farmacéutico durante el proceso de dispensación, donde se debe de advertir al paciente de los riesgos que está sometido cuando emplean estos productos,” opinaron las farmacólogas.

Se estima que en Cuba hay unas 1 236 especies de plantas medicinales, que representa  aproximadamente el 15,5 % de la población botánica de la isla.

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