Carnival Row: tímido despegue y futuras esperanzas

Autor: 

Enio Echezábal Acosta
|
17 Octubre 2019
| |
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Foto: tomada de amazon.com

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Si algo se ha puesto de moda en los últimos años son las series que toman como punto de partida algún tema (más o menos) vinculado a la fantasía (épica o no) y la ciencia ficción.

Desde que Supernatural hiciera “boom” allá por 2005, pasando por el éxito iniciado por Battlestar Galactica un año antes, hasta la aparición de Juego de Tronos (GoT) en 2011, es notable cómo cada vez más los creadores y productores televisivos se decantan por historias que aparentan estar lejos de la realidad actual, aunque verdaderamente su objetivo sea el opuesto: exponer los conflictos contemporáneos desde una mirada que se apoya en la analogía como recurso para generar la identificación de las audiencias.

Carnival Row (Amazon Prime) es una de las propuestas que han venido a sumarse en este 2019 a la larga lista de aspirantes a ocupar el espacio dejado por GoT tras el polémico final. Se nota claramente que las diferentes cadenas y productoras ansían repetir la fórmula de la popular serie de HBO y sumar a su causa a todo ese público que, como zombis hambrientos, ansía un nuevo show que llene sus horas frente a la pantalla chica.

Esta serie, creada por René Echevarría y Travis Beacham, (los mismos de Pacific Rim), en colaboración con Guillermo del Toro (productor ejecutivo), nos presenta una ciudad extremadamente similar al Londres victoriano (El Burgo), en donde los humanos conviven con todo tipo de criaturas mitológicas, como hadas, faunos, centauros o duendes, quienes se han visto obligadas a refugiarse allí luego de que una terrible guerra haya destruido su hogar, conocido como Tirnanoc.

Visto así, pudiéramos pensar que todo es armonía en esta suerte de urbe decimonónica, pero pasa al revés. Las tensiones entre locales y extranjeros son palpables desde el primer minuto de metraje y se hacen evidentes en el sentimiento de segregación que profesan los humanos hacia sus nuevos vecinos, a los que acusan de robarles sus puestos de trabajo y contaminar su sociedad. Solo faltaría poner a un tipo con poco pelo y muy malas pulgas en el rol de presidente del Burgo, para que las cosas se parecieran aún más a lo que vemos cada día en cierta nación de Norteamérica.

En medio de ese contexto, se desarrolla el argumento, que tiene como protagonistas al inspector Rycroft Philostrate (Orlando Bloom) y al hada emigrante Vignette Stonemoss (Cara Delevingne). El primero es el clásico policía con muchos secretos y una enorme obsesión por cazar a un brutal asesino sin rostro; la segunda es una fae que recién ha llegado a la ciudad con la idea de reiniciar su vida, tras lidiar durante demasiado tiempo con las secuelas de la guerra y la pérdida de su gran amor. Ambos tienen un pasado en común que les hará chocar más de una vez, mientras intentan encontrar retazos de verdad en medio de un ambiente lleno de asperezas.

También podemos encontrar varias historias paralelas, entre las que se incluye la de los hermanos Spurnrose: Ezra (Andrew Gower) e Imogen (Tamzin Merchant) y su relación con el señor Agreus (David Gyasi), un acaudalado fauno que ha decidido mudarse a su vecindario. Asimismo, destaca la historia del canciller Absalom Breakspear (Jared Harris), un regente que lucha por la inclusión de todas las razas, y que tiene como esposa a lady Piety (Indira Varma).

A pesar de contar con un elenco bastante decente, y una serie de ingredientes que van desde los relatos detectivescos de Sir Arthur Conan Doyle, pasando por los mitos celtas y el mejor suspenso “hitchcockiano”, la serie tarda demasiado en despegar. No quedan dudas de que sus creadores quisieron morder más de lo que podían masticar, y se hicieron un lío al combinar tanta materia prima. Así todo, pasados los primeros episodios, se nota que la “torpeza” inicial va desapareciendo en la misma medida en que trama gana en coherencia, y nos permite llegar al cierre de esta primera temporada con la esperanza de que la ya confirmada continuación siga ese camino ascendente.

 

No podríamos hacer mucho hincapié en las actuaciones, pues si por un lado es cierto que ningún miembro del reparto desentona, igualmente hay que reconocer que no hay puntos demasiado altos. Los siempre estelares Harris y Varma son la pareja que mejor funciona en escena y, de hecho, lo hacen mucho mejor que Bloom y Delevingne, quienes dejan claro que difícilmente ganen algún día un Oscar.

En resumen, hay que decir que esta producción no es demasiado profunda en ningún sentido, ya que suele dispersarse demasiado en historias, escenas y parlamentos que resultan más bien contraproducentes para el guión.

A pesar de los desatinos de la historia, y algún que otro detalle interpretativo, no es suficiente para borrar el brillante trabajo de la dirección de arte, el cual nos permite una inmersión plausible en un mundo que tiene muchos más matices de los que hasta ahora han sido aprovechados en cámara.

Carnival Row no es (ni será jamás) una sucesora de las grandes representantes del género. Eso sí, no le falta ambición y muy buenos sitios de dónde agarrarse para desarrollar aún más este disfrutable relato de fantasía y constantes referencias al mundo actual. Solo nos queda esperar por la segunda parte, para ver si Echevarría y Beacham toman nota de sus fallos, y aprovechan al máximo todo el potencial que tienen entre manos.

 

 

                                               (Foto: tomada de culto.latercera.com)

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